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Regresar a su casa. Regresar a su cama. Tocar sus sábanas y sentir su aroma impregnado en cada fibra de la tela. Es el paraíso en la Tierra y George no es menos que un ángel salido del cielo, enviado a demostrarle la bondad del universo.

No quiero dormir y despertar en un día en el que no esté contigo. No quiero que la noche acabe. Déjame tenerte un día más.

George lo besa con deseo, con pasión. Acaricia su cabello y juega con sus rizos. Toma sus mejillas e intenta cerrar cada vez más la distancia entre sus cuerpos. Lo ama con desespero. Tantos días, tantas semanas, tantos mesrs sin ver su rostro, sin tomar su mano, sin leer ni una palabra suya. Es devoto de su amor.

Le aterra la intimidad, pero con George todo es más sencillo.

Dream entrelaza sus dedos con los de él, como si el contacto pudiera detener el tiempo. Sus ojos se encuentran, y no hay palabras: solo el latido de sus corazones, acompasado, sincero, tembloroso. La piel de George es cálida, su respiración suave roza su cuello y le arranca un suspiro. No hay prisa. No hay ruido. Solo la certeza de que ambos pertenecen allí, en ese instante suspendido, entre la ternura y el deseo.

George lo envuelve con sus brazos, lo cubre de besos, de caricias lentas que no piden más que permanecer. Cada roce es un poema, cada mirada una confesión muda. Dream se deja guiar, se deja amar. Y aunque el miedo aún tiembla en sus costillas, también lo hace el amor, ese que nace del cuidado, de la paciencia, del anhelo compartido de no soltarse jamás.

-Estoy aquí, cariño -le dice George, bajito, como una promesa.
Y Dream cierra los ojos, apoyando su frente en la de él.

Tal vez el mundo se desmorone afuera, tal vez el tiempo no les pertenezca. Pero esta noche es suya. Y en ella, no hay más que la dulce urgencia de amarse con calma.

Por favor, no me obligues a marcharme.

Sus mejillas se sienten tan calientes y sus ojos tan despiertos. George yace a su lado dormido en un paz inmensurable. Su respiración choca contra su pecho desnudo. Piel a piel. No lo cree. No lo imagina.

No estaba listo. No pensaba que llegaría tan pronto. Sin embargo, lo hizo y se sentía... como si algo dentro de él hubiese encontrado finalmente su forma. Como si todo lo que alguna vez temió, todo lo que evitó sentir, se hubiera disuelto bajo la ternura de esa noche.

No hay vacío. No hay arrepentimiento. Solo un leve temblor en las yemas de sus dedos al acariciar la espalda de George, como si temiera romperlo. Como si aún no entendiera cómo es posible que algo tan frágil, tan hermoso, le pertenezca aunque sea por unas horas.

Observa cómo las pestañas de George tiemblan en sueños, cómo sus labios entreabiertos siguen ardiendo. Y siente, por primera vez en mucho tiempo, que está exactamente donde debe estar.

Se inclina con cuidado, apenas un suspiro de distancia, y deposita un beso en su frente.

Sonríe y llora. Nunca imaginó que la intimidad llegara a ser tan hermosa. Nunca creyó que se podría amar más a alguien.

No importa si no te tengo mañana. Estoy feliz con haberte tenido hoy.

...

Sin embargo, despierta y George no está a su lado. La cama se siente fría, vacía, como si la noche anterior hubiera sido un hermoso sueño que acabó al despertar.

Solo tiene un mensaje suyo y el desayuno frío en la mesa de noche al lado de la cama.

George <3

Buenos días, cariño.

Lamento no haberte dicho esto cara a cara, pero te mirabas tan tranquilo despierto que no quise despertarte.

Tuve que marcharme temprano a hacer mis prácticas. Regresaré en la tarde o en la noche probablemente si es que quieres salir a cenar o simplemente charlar.

Te amo, Dreamie <3

Su corazón se siente tan cálido como si leyera la carta de su amado antes de marcharse a la guerra, teniendo fe de su vivo regreso.

Lo extraña tanto. No sabe quién es para George. No entiende su concepto de darse un tiempo. ¿Pero cómo recriminar algo a alguien que su único pecado es amarle con tanta fervor? Reconoce el miedo de George por no dedicarle el tiempo que quisiera. Darle el derecho de conocer a alguien más si él lo desea. Aunque está tan seguro que no podría ver a nadie más con los mismos ojos con los que lo mira a él. Por eso George está tan tranquilo.

Sale de la casa y vuelve a la suya. Tiene tantos mensajes de sus amigos que no piensa ni leerlos, al menos no todos. Solo escribe "ayer pasaron muchas cosas" para dejarlos con la curiosidad. E inmediatamente aparece una llamada en su celular. Sonríe tontamente conociendo perfectamente su reacción al escuchar sus palabras.

-¿¡Qué hiciste qué!? -es Sapnap el primero en gritar- ¿¡No que no estabas listo!?

-Impactade -dice Quackity.

-¡Necesito detalles! -grita Karl.

-Fue... lindo. Un poco inesperado, pero fue hermoso. George es tan delicado, tan cuidadoso. Siempre creí en el sexo como algo vulgar, mas cuando lo hicimos, fue un acto de ternura.

-Ajá. ¿Pero quién se la metió a quién? -lo interrumpe Quackity.

-No daré esos detalles.

-Al fin debutaron a mi bebé -llora Sapnap dramáticamente.

-Idiota -murmura Dream, rodando los ojos.

-Me alegra que haya sido una bonita experiencia tu primera vez, Dream. ¿Ves que no era tan difícil?

-Es que es George. Él hace que todo se vea sencillo y hermoso. Quiero que se repita...

-Cuidadito con salir con su domingo 7.

Dream ríe y se cubre el rostro con su manos, dejando caer su teléfono sobre la cama.

-No creo que tenga hijos. No me interesa la idea de tenerlos, mucho menos ahora.


Too Sweet [DreamNotFound]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora