Las vacaciones se sentían como tocar el mismo cielo en ese momento.
Su familia estaba terminando de planear su viaje a Florida y George también estaba invitado. Habían hecho una enorme lista de planes para hacer allá y ambos estaban emocionados por su primer viaje juntos.
—¿Y cómo es Florida? —había preguntado George, mientras acariciaba la espalda desnuda de su amado.
—Es hermoso —murmuró, sintiendo el tacto de George electrificar su cuerpo—. El cielo es mucho más hermoso allí, más azul... No se siente tan opresivo el ambiente. Es como si... no sé... todos, todo se sintiera en casa.
—Supongo que todos nos sentimos así respecto a la ciudad que nos vio crecer —George se recuesta encima suyo, frotando su rostro contra la cabellera del rubio—. No viviría en Londres por el resto de mi vida, pero sé que Londres vivirá en mí hasta que muera.
—Ya irás algún día.
—Iremos.
Dream sonreía e intentaba levantarse aun con el peso de George en su espalda. Este último se sujetaba, aferrándose a su cuerpo como un koala.
—¡Dream! —se quejaba entre risas.
—¿Qué? —replicó con el mismo tono juguetón.
Dream se acercó a su escritorio dejando que George se siente ahí. Luego, se volteó para tenerlo frente a frente.
—Hoy estás muy enérgico —mencionó George, mientras estiraba sus brazos para rodear el cuello de Dream—. ¿Debería preocuparme?
—Al contrario, debería alegrarte. Estar contigo me da la energía más que necesaria para hacer cualquier cosa —se acercaba más, juntando sus frentes—. Me hace feliz tenerte aquí.
George no tardó en cortar la distancia entre sus labios. Últimamente sentían el deseo de tenerse cerca. Buscaban el contacto físico a cada momento como si lo necesitaran para respirar.
Sus manos se envolvían en el cuerpo del otro. Sus lenguas jugaban y danzaban juntas. Sus labios acariciaban sus pieles. Y la pasión desbordaba la habitación hasta que la puerta se abrió, mostrando a una sorprendida Drista tras ella.
—Por las santas putas madres, Dream —murmuró sin dejar de mirarlos—. Si van a hacer sus cochinadas vayan a un motel, ¿no?
—Solo no estábamos besando, Dris. ¿Y es que acaso no te han enseñado a tocar la puerta?
—Pues no pensaba que se iban a estar tocando la piruleta.
—Nadie se está tocando nada. Ya vete y déjanos en paz.
—Le voy a decir a mi mamá.
—Pues dile, mugrosa.
—¡Hoy si me bañé! —dijo, azotando la puerta.
—¡De milagro!
George solo rio.
—Ha crecido bastante...
—No la aguanto. —Dream se pasó una mano por el cabello antes de colocarse su camiseta de vuelta—. Bueno, ¿en qué íbamos?
—Creo que me voy a casa.
—¿Por qué? Si es por mi hermana, te prometo que no va a volver a entrar.
—No he alistado mi maleta y se supone que nos vamos mañana temprano, ¿no? Si lo sigo postergando se me va a olvidar. Nos vemos mañana.
George lo besó en la mejilla y se dirigió hasta la salida, seguido de Dream que caminaba cansado.
—¿Puedo ir contigo?
—¿No hemos pasado mucho tiempo juntos hoy? —era un reproche juguetón—. Igual nos vemos mañana y nos veremos toda una semana sin parar. Deja de quejarte tanto, te van a salir arrugas.
—Agh, no por favor.
—Nos vemos, Dream.
—Adiós, George.
Dream cerró la puerta con pereza, a la misma velocidad en la que George desaparecía de su campo de visión.
—Perdón —le dijo Drista, quien ahora estaba en el sillón de la sala viendo la televisión.
—Para la próxima no digas nada.
—Para la próxima avisa si van a hacer sus cositas.
—No íbamos a hacer nada.
—Ay, ajá.
...
Al día siguiente, George llegó a casa de Dream temprano quienes ya estaban casi listos para ir al aeropuerto.
—¿Cómo están todos? —saludó George.
—Me están volviendo locos. Se supone que ya deberían estar listos y recién se han puesto a hacer la maleta hace un rato —Dream se pasa una mano por el cabello—. Los quiero matar.
—Tranquilo, cariño. Aún faltan unas horas para el vuelo.
George rodea su cuello con sus brazos y se pone de puntitas para juntar sus labios en un corto beso.
—¡Clay, no otra vez! —gritó Drista.
—Cállate, envidiosa.
George sonrió sobre sus labios y volvió a besarlo.
—No sabes cuántas ganas tengo de llegar a Florida —le susurra al oído.
Drista se les quedó viendo con asco como siempre que se besaban o comportaban demasiado cariñosos. Incluso empezaban a actuar así apropósito solo para molestarla.
No era que Drista no aprobase su relación, solo odiaba que la gente actúe tan afectuosa cerca de ella.
—Clay, ¿puedes dejar las maletas en el auto? —le pidió su madre.
—¿Ya están todos?
—Casi. Faltan tus hermanos como siempre.
Dream asintió con la cabeza, un poco ansioso al ver que cada vez tenían menos tiempo. George al notar esto tomó su mano y acarició el dorso de esta con el pulgar.
Desde que lo conocía, había notado lo terriblemente ansioso que era Dream. Y aunque con el tiempo había disminuido su ansiedad un poco, aún intentaba estar ahí para ayudarlo en la medida de lo posible.
A veces deseaba poder meterse en su mente para que dejara de sobrepensar las cosas, para calmar su mente y hacerlo feliz por siempre. Sin embargo, no sabía que para Dream, tenerlo a su lado le era suficiente.
Al cabo de unos minutos todos ya estaban en el auto. Dream conducía y George iba de copiloto, mientras que el resto de su familia iba en la parte trasera.
—¿Por qué George va a adelante? —preguntó Drista quien iba sentada sobre las piernas de su madre.
—Porque es mi novio y yo estoy conduciendo.
—¿Y si yo conduzco?
—No tienes licencia.
—¿Y si la saco?
—No te voy a dejar conducir.
—¡Pero es el auto de mamá, no tuyo!
—¿Se pueden callar, por favor? —intervino el hermano de Dream, ya harto de escucharlos.
George solo sonreía, mientras observaba la ciudad por la ventana.
—¿Y tú de qué te ríes? —le preguntó Dream.
—Me gusta tu familia.
—Te la regalo.
—Técnicamente ahora también es mi familia.
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Too Sweet [DreamNotFound]
FanfictionDream creía que nunca volvería a enamorarse de un hombre, pero quién diría que unos ojos tan oscuros como el café harían tan dulces sus días. George no tenía planes de enamorarse, es más, solo quería centrarse en sus estudios. No es hasta que un par...
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