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Si esa calle fuera mía, fuera mía,
yo mandaría, mandaría enladrillar,
con piedritas, con piedritas de diamante,
para mí, para mi amor pasar...

Kim Taehyung observaba a la princesa, que se tambaleaba en una mecedora mientras sostenía una muñeca entre sus brazos. Perdida en el jardín, tarareaba aquella canción con aire ausente. El alfa giró la cabeza hacia la Reina de las Súcubos, quien simplemente se encogió de hombros. La princesa parecía haberse desvanecido en su propia mente, como si la cordura la hubiera abandonado. Las sirvientas del palacio susurraban que la escuchaban cantar desde el amanecer hasta el ocaso.

—¿Qué le ocurrió para quedar en este estado? —preguntó Kim Taehyung con desconcierto, acomodando las manos tras la espalda.

—Nadie mantiene la cordura después de conocer el infierno en carne propia. No perdió su alma, pero su mente sí se quebró —respondió la Reina, con tono sombrío.

—Es así... —comentó él, con leve desinterés, mientras reanudaba su andar por el pasillo junto a la mujer—. ¿Cómo ha estado el movimiento?

—Bueno, los pueblerinos murmuran sobre el heredero del emperador. Dicen que, siendo un tirano, encarceló a su propio hermano y tomó por la fuerza a su prometida.

—Vaya historia —replicó Kim, deteniéndose un instante para mirar al jardín, donde un grupo de doncellas charlaba mientras extendían mantas de cama.

—Especialmente por cómo aniquiló a la facción que apoyaba al príncipe Eunwoo, además de deshacerse de sacerdotes de los Iluminados. La gente está furiosa.

—Joy —llamó Taehyung. Al instante, la vampira descendió del techo y se inclinó en profunda reverencia—. Necesito que investigues los rumores entre las sirvientas. Ellas son las mejores informantes dentro de estos muros: ven, escuchan, callan, pero entre ellas, hablan.

—Como ordene, alteza. ¿Debo torturarlas?

—No, encuentra otro método.

—Entendido —respondió Joy con una sonrisa. Enderezó su figura con elegancia y comenzó a caminar por el pasillo, atrayendo miradas tímidas y sonrojadas de algunas mujeres. La vampira arqueó una ceja al notar esas reacciones; una idea acababa de germinar en su mente.

Kim Taehyung siguió avanzando. Los sirvientes inclinaban la cabeza en reverencia mientras él pasaba de largo, absorto en sus pensamientos. Ese día, la legión de cazadores se reuniría junto con la iglesia de los Iluminados. Taehyung ya intuía los temas que discutirían, pero tenía un plan: infiltraría a la súcubo, una criatura capaz de enredarse en las mentes de los hombres, incluso en las del más devoto. En ese momento, lo que más necesitaba era información.


Un joven limpiaba su arma cuando alguien tocó a la puerta. Alzó la mirada, fría y afilada como la de un dragón. Se levantó de su silla, tomó su viejo sombrero de piel de vaca y lo acomodó sobre su cabeza. Al abrir la puerta, se encontró frente al sumo sacerdote, una eminencia de la iglesia.

—Su gracia —dijo el hombre, dejando el arma a un lado y haciendo una reverencia—. Me gustaría saber qué lo trae por aquí.

—Por su tranquilidad, parece que no se ha enterado de las noticias, antiguo cazador, Kim Namjoon.

—¿Ha sucedido algo en mi ausencia? ¿Qué tan malo puede ser?

—Su majestad, el emperador... ha muerto.

Kim Namjoon desvió la mirada, frunciendo el ceño.

—Bueno, ya estaba viejo. Es lo normal.

—Y su hijo, el príncipe heredero, ha tomado el poder del castillo por la fuerza. Asesinó a la consorte Noble Imperial, aniquiló a toda la facción que apoyaba al príncipe... y secuestró a una princesa del imperio vecino. Ahora, ese imperio nos ha declarado la guerra.

Vmin|| Saudé.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora