—Este frío de mierda y la puta madre que los parió —exclamaste mientras tus dientes tiritaban.
Estabas sola en tu casa de Buenos Aires, y era tan abierta que no había estufa que pudiera traer el calor al hogar. Terminaste de trabajar y, siendo las 17 horas, decidiste ir al dormitorio para acostarte bajo las 20 frazadas que habías puesto durante la mañana.
Eras bastante friolenta, y el clima afuera era lluvia y dos grados de sensación térmica. Te pusiste un jogging, un buzo, y te acostaste a mirar la novela intentando estar calentita bajo tu casa de frazadas.
Casi te estabas quedando dormida cuando escuchaste la puerta abrirse. Sentiste el sonido familiar de las llaves, los pasos pesados y después su voz.
—¿Dónde estás? —preguntó.
—Acá... —murmuraste apenas, con la voz medio tapada por las frazadas.
Lionel apareció en la puerta de la habitación. Venía con el pelo mojado por la llovizna y las mejillas rojas por el frío, pero sonreía con esa calidez que nada ni nadie podía apagar.
Te vio acostada y se empezó a reír, porque sí, eras un poco dramática. No te gustaba el frío, y a él le encantaba... le gustaba porque sabía lo mucho que vos amabas acostarte y abrazarlo en estas épocas.
—No serás un poco dramática vos, nenita —exclamó mientras se reía y se sacaba el abrigo y las zapatillas.
—Cerrá la puerta que entra frío, pelotudo —dijiste desde abajo de las frazadas, con un tono de queja, y claro que Lionel amaba tener a alguien igual de dramatico que él.
—Ay, mirala a la princesita del calor... —bromeó, cerrando con cuidado la puerta y caminando hacia vos.
Con las manos atrás de la espalda, se agachó para darte un beso y, queriéndose hacer el chistoso, puso sus dos manos en tus cachetes, que prácticamente cubrían toda tu cara.
—Cómo te gusta, hijo de puta, eh —chillaste mientras sacabas tu cara de entre sus manos y te empezabas a reír.
—Me encanta —respondió él, dándote un besito rápido en los labios.
Se incorporó y empezó a caminar hacia el baño mientras se sacaba la remera, dejándote ver su espalda y esos hombros marcados que tanto te gustaban.
—¿A dónde vas y dónde estuviste? —preguntaste con voz de nena caprichosa.
—A bañarme, vengo de andar en bici, te dije.—exclamó, sin mirarte, mientras abría la puerta del baño.
—Flaco, venite a acostar conmigo ya —chillaste, estirando la mano como si pudieras alcanzarlo desde la cama.
—No, amor, estoy todo transpirado... —respondió con esa voz tranquila que te sacaba de las casillas
—Sos un enfermo, Lionel. Literalmente un enfermito ¿Cómo vas a salir a andar en bici con este frío de mierda? Te vas a enfermar —dijiste, indignada, mientras él se reía desde el baño.
—Bueno, mejor. Así me cuidás vos —bromeó, asomándose con esa sonrisa que te derretía incluso más que su calor.
—Dale, vení—volviste a insistir, haciendo puchero, el famoso toc que te había pegado también
—Cinco minutos, y soy todo tuyo —respondió, guiñándote un ojo antes de cerrar la puerta.
Suspiraste, acomodándote entre las frazadas. Sí, estaba loco, pero qué lindo era tener un loco así, que después venía y te abrazaba hasta calentarte el alma.
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Lionel Scaloni [One Shots]
FanfictionLa demencia es total y me puse a escribir historias sobre el técnico de la selección. Espero que lo disfruten
![Lionel Scaloni [One Shots]](https://img.wattpad.com/cover/367228471-64-k284763.jpg)