26 (Parte III)

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La valija permaneció abierta sobre la cama durante casi una hora.

Habías pasado un día entero convenciéndote de que no ibas a viajar, de que lo mejor era quedarse en Argentina, mantener la rutina de Blanca y esperar a que el Mundial terminara para enfrentar una conversación que ya no podía seguir postergándose.

Y, sin embargo, ahí estabas, con una valija abierta y sin haberle avisado a Lionel. Te sentaste al borde de la cama y volviste a mirar el teléfono, la conversación con Corina seguía abierta, y finalmente escribiste.

"Estamos yendo."

La respuesta llegó casi instantáneamente. "¿En serio?"

"Sí. Pero no le digas nada. y menos a Lionel.

Del otro lado tardó apenas unos segundos. "¿Vos me conocés? Obvio que no le voy a decir nada. Lo quiero matar de un infarto."

No pudiste contener una risa.

Era tan Corina que hasta en el medio de semejante caos encontraba la forma de descontracturar todo. "Hablo en serio."

"Yo también. Quedate tranquila.

Respiraste hondo mientras leías el mensaje, porque por primera vez desde la pelea sentiste que estabas haciendo algo sin que el miedo guiara cada uno de tus pasos. No sabías cómo iba a salir ese encuentro, no sabías si alcanzarían unas horas para empezar a reparar lo que se había roto entre ustedes. Pero también sabías que, si no viajabas, ibas a pasar el resto de tu vida preguntándote qué habría pasado si hubieras ido.

A la mañana siguiente esperaste a que Blanca volviera del colegio, quisiste decírselo con calma, sin apuro, disfrutando ese momento que tanto tiempo atrás habían imaginado juntas.

Ella entró a la casa hablando, como hacía siempre, dejando la mochila en cualquier lado mientras te contaba algo que había pasado en el recreo. Vos la escuchabas sonriendo, hasta que la interrumpiste con suavidad.

—Pepi...

Ella levantó la cabeza enseguida. —¿Sí?

Te agachaste hasta quedar a su altura y le acomodaste un rulo detrás de la oreja.

—Tengo una pregunta para hacerte.

La nena frunció la nariz, curiosa.

—¿Te gustaría hacerle una sorpresa a papá?

Los ojos se le abrieron tanto que, por un segundo, se quedó completamente inmóvil. —¿Una sorpresa... de verdad?

Asentiste despacio. —Nos vamos al Mundial.

Blanca tardó apenas un segundo en entender lo que acababas de decir. Después se lanzó sobre vos con tanta fuerza que casi las dos terminaron sentadas en el piso.

—¡¡¿En serio?!!

Su voz salió mezclada con una risa y un llanto de felicidad que te desarmó por completo. La abrazaste fuerte, escondiendo la cara entre su pelo para que no viera que vos también estabas llorando.

—Pero hay una condición —dijiste cuando logró calmarse un poco.

Ella se separó enseguida. —¿Cuál?

—No podemos decirle absolutamente nada a papá.

Blanca se llevó las dos manos a la boca como si acabara de recibir una misión secreta. —¿Va a ser sorpresa?

—La sorpresa más grande de todas.

La nena empezó a dar pequeños saltitos, hablando sola, preguntando si Federico podía viajar, qué camiseta iba a usar, si Ian y Noah iban a estar ahí y si su papá iba a llorar cuando la viera.

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⏰ Última actualización: Jul 30 ⏰

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