14.

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¿Nervioso?

Lio

Nah, ansioso nomás. Pablito se acaba de ir porque está igual.

Bueno, pensa que ya viviste una final del mundo y la ganaste.

jajaja

Lio

Si. Los extrañe, te extrañe.

Gracias por haber venido.

Nosotros a vos, mañana lo van a coronar.

Te amo

Lio

Te amo amor, ojalá mañana se nos de.

Por ángel también.

Sí, ojalá amor. Ojala.


Habían llegado con tus hijos el jueves a la madrugada, encontrándose con Lionel, quien emocionado los fue a buscar al hotel donde se estaban hospedando.

El domingo llegó, con unos 40° de calor e incidentes en las puertas del estadio. Era todo una locura, una vergüenza, y sentías que la tristeza se estaba apoderando de vos, dejando de lado el partido.

Los mensajes con tu marido iban y venían. Primero le deseaste suerte y le mandaste fotos de tus hijos ya en el estadio, los tres. Luego, todo se fue al carajo, preocupación por tu cuñado y sobrino que todavía no habían logrado entrar. Pasaron unos minutos y los visualizas dando así tranquilidad a tu cuerpo. El partido iba a comenzar más tarde y tenías un mal presentimiento.

El árbitro dio el pitazo y el partido comenzó. De acá para allá, los jugadores corrían incansablemente, cada pase, cada jugada, lo más gracioso era que a pesar de haber estado por más de quince años con tu marido, de fútbol entendías poco y nada, solo sabías que estaban bajo una montaña rusa de emociones. Sentías el calor y la tensión en el ambiente, el rugir de la multitud mezclado con tus propios pensamientos.

Observabas a Lionel en la banca, dirigiendo a los jugadores con fervor. Te llenaba de orgullo verlo ahí. Hubo un momento donde poder ver como tu esposo casi se le va al humo al árbitro de línea, donde lo tienen que agarrar entre los jugadores, y como siempre, Pablo al rescate tratando de tranquilizarlo.

Decir que te calentaba es poco, el morbo de verlo tan enojado, solo querías que te cogiera ahí, quizá esos pensamientos eran producto de que hace más de 40 días no se veían, ya no alcanzaban las videollamadas.

La primera mitad del partido pasó en un suspiro, con oportunidades fallidas y una defensa feroz. En el medio tiempo, tranquilizaste un poco a tus hijos y el segundo tiempo empezó con la misma intensidad. yéndose así al adicional de media hora.

Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, una jugada brillante de paredes, lo celso y el toro se desarrolló ante tus ojos. Un pase perfecto, un control magistral, y el grito ensordecedor de gol rompió el aire. Argentina faltando 8 minutos, había marcado un gol.

Saltaste de tu asiento, abrazando a tus hijos mientras la euforia se apoderaba del estadio. Pero sabías que aún quedaban unos minutos, con el corazón en la garganta, y como hincha de River que eras, sabías lo peligroso que era Quintero de la mano de Borja. Seguiste cada jugada, cada movimiento. Tus manos temblaban, necesitabas ver a tu país otra vez levantar la copa.

Lionel Scaloni [One Shots]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora