20. (Parte 2)

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Lio Scaloni

Hola Barb, ¿nos vemos hoy?

Jajaja, Hola Lio. Sí nos vemos hoy.

¿a dónde vamos?

Lio Scaloni

Sorpresa.

Lo único que te digo es que no te preocupes, no es formal.

Gracias por el dato, me sirve mucho

Lio Scaloni

Nos vemos a la noche, te paso a buscar pasame tu dirección.

Había pasado un mes desde aquella noche en la que Bárbara, con el corazón latiéndole a mil, le había pasado su número al mismísimo entrenador de la Selección Argentina. Desde entonces, hablaron casi todos los días, todo el día. No habían podido verse aún —él había viajado a Mallorca—, pero eso no impidió que se conocieran. Entre mensajes interminables y audios que rozaban los tres minutos, empezaron a descubrirse. Él le contaba anécdotas, y ella, con su frescura, lo hacía reír con cada ocurrencia. Era extraño cómo alguien que parecía tan lejano había empezado a sentirse tan cercano.

Bárbara tenía claro que conocer a alguien por WhatsApp no era lo mismo que compartir momentos cara a cara. Había una especie de fachada inevitable en ese mundo de chats y audios. Pero aún así, ella no se guardaba nada. No era tímida, al contrario: se reía a carcajadas, lo cargaba, e incluso lo puteaba sin filtro cuando él le contaba que no podía quedarse quieto ni un segundo.

Si había algo que la tenía completamente fascinada era la risa de Lionel. Tenía esa risa sincera, contagiosa, que la desarmaba. A veces, se descubría diciendo las boludeces más grandes solo para escucharla. Como si su objetivo no fuera impresionar al técnico de la Selección, sino simplemente hacerlo reír.

En fin, tranquila no estaba. Caminaba por las paredes —o más bien, por los techos— mientras los nervios y la ansiedad la carcomían de a poco. Desde aquel partido en el que Lionel le había pedido su número, no se habían vuelto a ver. Un mes entero había pasado, lleno de chats, audios y risas... pero nada de encuentros. Y ahora, por fin, él volvía a Buenos Aires solo para verla. Bueno, eso le había dicho: que la salida era antes de seguir rumbo a Pujato.

El cuarentón —o el "viejo", como a él le gustaba autodenominarse— había sido quien tomó la iniciativa. Bárbara siempre lo retaba cuando decía que estaba viejo, y él lo decía aún más seguido solo para provocarla. La invitación había sido clara, pero con el toque Scaloni de siempre: misterioso, relajado, como quien no quiere la cosa. Una salida de amigos, según cómo ella se lo había contado a su grupo de amigas. Algo tranqui, sin ninguna intención oculta. Claro que, del uno al diez, Bárbara se preguntaba cuánto podía desear Lionel Scaloni a una mujer como ella.

Las amigas no paraban de darle consejos. Que se pusiera esto, que se pintara así, que usara aquel perfume, que mostrara un poco más, un poco menos... Todo con el mismo objetivo: seducirlo. Pero lo cierto era que, en todo ese mes de charla intensa, Lionel no le había tirado ni una sola indirecta. Ni un chamuyo, ni un coqueteo evidente, nada.

Había algo en él que se mantenía siempre en el mismo tono: educado, amable, cálido, pero sin cruzar ninguna línea. Claro, había una diferencia de ocho años entre ellos, y aunque los dos ya eran adultos, eso a veces pesaba. Le había dicho, más de una vez, que odiaba "hablar por WhatsApp", que le parecía frío, forzado. Y sin embargo, cada vez que ella se alejaba un poco para no incomodarlo, él insistía con tres mensajes seguidos. Como si no quisiera que la conversación terminara nunca.

Lionel Scaloni [One Shots]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora