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La euforia era total. Lionel era campeón del mundo junto a la Selección, algo que todavía a Aurora le costaba dimensionar. Habían pasado unos días en Pujato, rodeados de familia, amigos y ese verano sofocante que parecía no terminar nunca.

Las noches se volvían madrugadas sin que se dieran cuenta. Horas y horas sin dormir, firmando autógrafos, sacándose fotos, escuchando anécdotas de gente que apenas conocía, pero que lo miraba con un brillo especial en los ojos. Aurora a veces lo observaba de lejos: veía cómo se acercaban a él después de salir del baile, todavía con los brillos del boliche en la cara, y se sentaban con la reposera en la vereda, esperando que saliera a saludarlos.

Era un gesto que a ella le encantaba. Porque, a pesar de todo, Lionel seguía siendo ese mismo pibe bondadoso que había conocido cuando apenas tenía diecinueve años.

Lo miraba y sentía un orgullo cálido en el pecho. Recordaba cuando volvían juntos del supermercado, con las bolsas colgándoles de los brazos, y él le contaba, entre risas tímidas, cómo soñaba con llegar lejos en el fútbol. Y ahí estaba ahora: campeón del mundo, querido por todos, con un pueblo entero que no dormía solo para verlo pasar.

Pero todo se fue al carajo en marzo, apenas tres meses después del Mundial.


Lionel y Aurora ya venían teniendo momentos donde no podían encontrarse. Ella estaba de mal humor constantemente, sin razón aparente. No pudo con tanta euforia. A Lionel lo solicitaban en todos lados, y ella tenía que hacer malabares con los chicos, el trabajo y la casa. Mientras que el trabajo de su marido lo mantenía lejos de casa.

Y claro que él lo vio. Lo sintió. Después de todo, se conocen hace dieciséis años, y era imposible que no se sintonizaran. Lionel también empezó a estar de mal humor. Se peleaban por cualquier cosa. Él no entendía por qué ella estaba tan amargada, y ella no entendía –y tampoco podía explicar– por qué se sentía así. Quizás eran las inseguridades que, a los treinta y seis, casi treinta y siete años, empezaban a florecer de nuevo. Esas preguntas silenciosas que aparecían cuando se miraba al espejo o cuando se acostaba sola en la cama matrimonial: "¿Esto es todo? ¿Así va a ser ahora?".

Los meses pasaron y todo se fue haciendo más gris, más pesado. Las peleas no solo aumentaban, sino que dejaban cicatrices invisibles que dolían en el silencio después de cada grito. Frente a las cámaras, Lionel y Aurora eran una especie de pareja perfecta. Ella, siempre con su perfil bajo, y él, cuidándola con esa ternura que conocían pocos. Pero dentro de la casa que habían construido con tanto amor, el aire estaba cargado, oscuro, casi irrespirable.

Aurora se encontraba muchas veces sentada en la cocina, mirando el vaso de agua en sus manos, mientras escuchaba a los chicos jugar en el living. A veces, sin querer, captaban fragmentos de sus discusiones, palabras filosas que no tenían sentido para ellos pero que dejaban una sombra en sus miradas, los chicos los veían discutir o muchas veces los escuchaban y ella se preguntaba cómo podían sonreír y ser tan inocentes en un mundo que a ella se le estaba desarmando por dentro. Esa casa, que había sido un refugio, se estaba convirtiendo en una jaula de silencios y reproches. Y en parte era su culpa.

Cada noche, cuando finalmente lograba dormirse, el vacío se hacía más grande. La soledad no era solo física; era esa distancia sutil que crecía entre ellos, un abismo que ni siquiera los años ni el amor parecían poder cerrar.

Aurora se sentía atrapada en una versión de su vida que no había imaginado. Y en esas noches, mientras el mundo dormía, se preguntaba si todavía quedaba algo de la mujer fuerte y llena de amor, antes de que todo se volviera esta silenciosa batalla de esperanzas y decepciones.

Lionel también sentía ese peso invisible que caía sobre sus hombros cada día, pero no siempre sabía cómo nombrarlo ni cómo afrontarlo. Después de tantos años juntos, conocía cada gesto de su mujer, cada silencio que escondía una tormenta, pero a veces parecía que sus propios miedos le impedían cruzar ese puente.

Lionel Scaloni [One Shots]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora