11.

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Estabas sentada en la cama de Pablo, organizando el partido de mañana y ultimando detalles en tu laptop. Las luces de la habitación eran tenues, y el suave sonido del teclado llenaba el silencio. Pablo caminaba de un lado a otro, visiblemente nervioso, lanzando miradas preocupadas hacia el televisor apagado. Lo sucedido el jueves aún pesaba en el aire: la noticia de la suspensión de Lionel Scaloni en el partido de Argentina vs Perú, había caído como un balde de agua fría.

Pablo y vos eran muy amigos, y compañeros de trabajo. Cuando se necesitaban, tenían algo más que una simple amistad: el deseo. El sexo entre ustedes, sin compromiso, bajaba las tensiones de los partidos. En ese momento, tu compañero estaba de la nuca, lanzando puteadas a Scaloni, puteadas al resto, malhumorado como siempre el "chiquilín", como le decías vos.

Mientras él trabajaba frenéticamente, vos estabas revisando las fichas de los jugadores, en especial la de Messi, que justo lo habían llevado a hacerse estudios. Como parte del cuerpo médico, tenías la responsabilidad de revisar los análisis y asegurarte de que todo estuviera en orden.

—¿Qué te pasa?— preguntaste, intentando mantener la calma en medio del caos.

—¿No ves qué me pasa?— te miró indignado, sus ojos llenos de frustración.

—Tengo que dirigir un partido mañana y al pelotudo de Leo no se le ocurrió mejor idea que hacerse raja'—

—Bueno nene, calm down, no es el fin del mundo. Si perdemos, perdemos; los cuartos los tenemos asegurados— dijiste, intentando restarle importancia al asunto.

—Sí, ya sé, ya sé, pero es todo muy raro esto— comentó mientras largaba un suspiro profundo, tratando de calmarse.

—¿Querés que te ayude?— le preguntaste, sabiendo bien que tu pregunta tenía un doble sentido.

Pablo te miró por unos segundos, sus ojos suavizándose al comprender el verdadero significado de tu oferta. —Sí.

En ese momento, tiraste los papeles a la mierda, dejando que cayeran al suelo sin importar el desorden. Estabas a punto de abalanzarte sobre él, cuando de repente, la puerta se abrió de golpe.

Ambos se congelaron, girando la cabeza hacia la puerta para ver quién había interrumpido.

Un Scaloni totalmente enojado pegó un portazo y se tiró boca abajo en la cama de al lado.

—Ay, gringo—dijiste, levantándote de la cama de Pablo para pasar donde un Lionel frustrado te esperaba

— Negri, es un partido, ya está, olvídense. Va a salir todo bien.

—No tengo ganas de hablar— exclamó en un susurro, con la cara enterrada en la almohada.

Pablo y vos se miraron, compartiendo una expresión de frustración.

—¿Querés masajes?— le preguntaste suavemente.

Se quedó en silencio por un momento, y luego asintió levemente sin levantar la cabeza. Te acercaste a él y comenzaste a masajear los hombros, sintiendo la tensión acumulada en sus músculos.

—¿Así está mejor?— le preguntaste, mientras tus manos trabajaban para relajar su cuerpo.

—Un poco— murmuró Lionel, dejando escapar un suspiro más profundo esta vez.

La confianza entre los tres se había construido a lo largo de los años; eran muy amigos y sabían todo el uno del otro. Menos la cantidad de veces que vos y Pablo tenían sexo por "estrés". o quizá sí...

Cuando te subiste arriba de Scaloni para continuar con el masaje, le lanzaste una mirada a Pablo, sabiendo lo mucho que lo ponía verte en esa posición. La tensión en la habitación había cambiado de naturaleza, transformándose en algo más cargado y expectante.

Lionel Scaloni [One Shots]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora