38.- Liars II

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Renata

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Renata.

Pensé que después de la reunión con la directiva, lo peor había pasado.

Me equivoqué.

Porque si algo tiene este mundo, es que nada permanece en silencio por mucho tiempo.

Primero fue un tuit.

Una cuenta de rumores con miles de seguidores publicó una foto borrosa, pero inconfundible: Kevin y yo saliendo del consultorio. Nada comprometedor, nada explícito, pero lo suficiente como para hacer explotar Internet.

"¿Relación secreta entre el nuevo refuerzo del América y una integrante del cuerpo médico?"

"¿Favoritismo o algo más? La fisioterapeuta que 'cura' más que lesiones..."

Al principio intenté ignorarlo.
Como si no leerlo hiciera que no existiera.

Pero no tardó en llegarme el primer mensaje.
Después otro. Y luego... los periodistas afuera del club.

Micrófonos. Flashes. Gritos.

—¿Renata, estás saliendo con Kevin Álvarez?
—¿Sabías que podías perder tu trabajo?
—¿Él te protege o tú lo encubres?

Caminé rápido entre ellos, fingiendo que no escuchaba, pero el corazón me latía con tanta fuerza que casi me dolía en los oídos.

Lo peor fue ver el rostro de mis compañeros.
Unos con curiosidad. Otros con lástima.
Y algunos, con juicio en los ojos.

Había trabajado tanto para que me respetaran.
Tanto para que me vieran como profesional y no como "la chica del jugador".Y todo eso se tambaleaba ahora por una foto.

Por un rumor.

Por amar a quien no debía.

En el consultorio, intenté seguir como si nada. Atendí a los jugadores, llené formularios, limpié camillas. Pero la incomodidad flotaba en el aire.

Y cuando Kevin entró a la sala, supe que él también lo había visto todo.

—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.

Lo miré. Sus ojos estaban llenos de rabia contenida.

—Estoy bien —mentí.

—Quiero hacer algo —dijo—. Decir algo. No voy a dejar que te destruyan por mi culpa.

Negué con la cabeza.

—No puedes. Si hablas, ellos ganan. Lo van a usar todo en tu contra. En mi contra. En nuestra contra.

Nos miramos en silencio.
Con ganas de gritar.
De besarnos.
De desaparecer.

Pero lo único que hice fue apartar la mirada, respirar hondo... y seguir trabajando.

Porque ahora no solo luchábamos por nosotros.
Luchábamos por no dejar que el mundo nos rompiera otra vez.

•••

Kevin.

Nunca fui bueno fingiendo.

Puedo esquivar defensas, puedo aguantar patadas, puedo mantener la cabeza fría en el minuto 90...
Pero no sé jugar a negar lo que siento.

Y ahora, mientras veo mi nombre en cada maldito titular acompañado del de Renata, todo arde.

"Relación entre jugador y fisioterapeuta: ¿romance o irresponsabilidad?"

"¿Kevin Álvarez rompe reglas por amor?"

No me importa que me cuestionen a mí.
Estoy acostumbrado. Siempre hay alguien con algo que decir.

Pero cuando la prensa empieza a rodearla a ella, cuando veo los flashes frente a su cara, sus ojos evitando mirar, su voz tragándose el orgullo para no romperse...me muero por dentro.

Porque yo debería estar ahí.
Porque yo la puse en esto.
Porque si me hubiera callado en aquella entrevista, si no la hubiera buscado... tal vez no la estarían crucificando.

Pero no puedo volver atrás.
Y tampoco pienso seguir escondiéndome.

Así que salí del entrenamiento sin quitarme la sudadera del club, sabiendo que los reporteros estarían ahí. Y justo como esperaba, no tardaron ni dos minutos en acercarse con sus cámaras.

—¡Kevin! ¿Puedes hablar sobre tu situación con Renata?
—¿La foto fue real? ¿Tienes algo que decir sobre los rumores?
—¿Ella será sancionada por tu culpa?

Me detuve.
Los miré.
Respiré hondo.

Y, por primera vez, decidí hablar sin rodeos.

—Sí tengo algo que decir —dije, con firmeza.

El silencio fue inmediato.

—Renata es una de las personas más profesionales que he conocido en mi carrera. Y si alguien piensa que ha hecho algo fuera de lugar, están equivocados. Si alguien quiere culpar a alguien... que me culpen a mí. Porque fui yo quien la buscó, yo quien la amó primero. Y no me arrepiento de eso.

Los flashes estallaron. Las voces también.
Pero no me moví.

—Ella no rompió nada. Solo fue valiente. Más valiente que yo, que me escondí detrás de un escudo mientras ella aguantaba sola.

Un reportero levantó la mano.

—¿Entonces estás confirmando que están juntos?

Sonreí, apenas.

—Estoy confirmando que lo que siento por ella es más fuerte que cualquier rumor. Y que no pienso seguir callando por miedo a perder un contrato si eso significa perderla a ella también.

Y me fui.

Sin mirar atrás.
Sin pedir permiso.
Sin importarme las consecuencias.

Porque por fin, lo dije.
Y aunque el mundo se venga abajo...
al menos lo sabrá con la verdad en la boca.

Liars - Kevin Alvarez Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora