¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Kevin.
Me habían avisado que tendría conferencia de prensa después del partido contra Tigres.
—Preguntas sobre el equipo, nada personal —me dijo el encargado de medios del club. Pero yo ya sabía que eso no se podía controlar. Y esta vez... tampoco lo quería.
Renata había renunciado. Ya no estaba atada al club. Ya no tenía que esconderse. Y yo... tampoco.
Aún así, cuando me senté frente a los micrófonos, con decenas de cámaras apuntándome y periodistas alzando la mano, sentí ese cosquilleo en el estómago. No de miedo. De anticipación.
Y como lo esperaba, no tardaron en llegar.
—Kevin, ¿qué opinas del desempeño del América hoy?
—Bien, sólido. El equipo respondió, sobre todo en la segunda mitad. Estamos en buena forma.
Una más formal. Otra táctica. Y luego... ahí estaba.
—Kevin, hace unos días Renata Mayer presentó su renuncia al cuerpo médico del club. ¿Hay relación entre eso y los rumores sobre ustedes? ¿Están juntos?
Vi cómo varios reporteros se tensaron, esperando que esquivara la pregunta. Que sonriera. Que respondiera con evasivas.
Pero no.
No esta vez.
Me acomodé frente al micrófono, tomé aire... y hablé.
—Sí. Estoy con Renata.
Los murmullos explotaron en segundos. Pero no me detuve.
—Y no es un rumor. Es la verdad. Desde hace meses, hemos tenido una relación. No fue fácil. No fue pública. No fue perfecta. Pero fue nuestra. Y ahora que ya no hay nada que nos impida vivirla de frente, no tengo intención de seguir callándola.
Clics. Teclados. Flashazos.
—¿La razón de su renuncia fue por tu culpa?
—No —dije firme—. La razón fue por la presión injusta que ella soportó. Porque ser mujer en este medio es difícil. Porque ser profesional y amar a alguien en este entorno, la hacía blanco de todo. Porque yo estuve callado demasiado tiempo y ella pagó por eso.
Me incliné un poco hacia adelante.
—Renata es una de las personas más fuertes, inteligentes y comprometidas que he conocido. Y si este club no supo valorarla, es su pérdida. Yo sí sé lo que tengo a su lado.
El silencio ahora era total. Nadie interrumpía. Nadie se reía.
—¿Entonces están oficialmente juntos?
Sonreí, pero esta vez no fue una sonrisa de compromiso. Fue real.
—Sí. Y no pienso volver a esconderlo.
Me levanté, agradecí a los medios y salí del salón.
Sentí que mi corazón latía como después de un gol en el último minuto. Pero no era nerviosismo.
Era libertad.
•••
Renata.
Nunca imaginé que un día como este llegaría. No porque no lo soñara... sino porque, durante mucho tiempo, sentí que no me lo merecía.
Y sin embargo, aquí estoy. De pie en la entrada de mi propio consultorio de fisioterapia. Mi nombre en letras limpias sobre la pared blanca. Un moño cortado. Un sueño hecho real.
El lugar huele a nuevo. A esfuerzo. A noches sin dormir. A planes hechos con miedo, pero también con fé.
Mi papá me aprieta la mano mientras la gente entra. Mi mamá me mira con un orgullo que le brilla en los ojos.Y Sam, mi mejor amiga, no para de sonreír, tomándose fotos con todo el mundo como si fuera mi representante personal.
Y Kevin...
Kevin está al fondo. Con una camisa blanca, las mangas remangadas, y esa sonrisa que solo guarda para mí. Se mantiene cerca, pero no encima. Presente, pero respetando mi espacio.
Le basta con una mirada. Y yo le devuelvo otra. Todo está bien.
Aunque la prensa también está ahí.
No podía evitarlo. Después de la conferencia donde Kevin lo dijo todo, muchos querían "ver con sus propios ojos" a la mujer que había renunciado al club, desafiado reglas, y ahora estaba inaugurando su propia clínica.
Las cámaras me abruman un poco. Pero Kevin me lanza una mirada silenciosa. Una especie de "si quieres, me acerco" Y yo solo niego con una sonrisa leve.
Puedo hacerlo sola.
Una reportera se adelanta, micrófono en mano.
—Renata, primero que nada felicidades por tu nuevo proyecto. ¿Cómo te sientes al ver este lugar finalmente abierto?
—Orgullosa —respondo sin titubear—. No fue fácil, pero todo lo que valió la pena en mi vida ha sido así.
—Muchos dicen que este consultorio nace a raíz de tu relación con Kevin Álvarez. ¿Qué opinas sobre eso?
No me inmuto. Ya aprendí a respirar ante preguntas así.
—Este consultorio nace por mí. Por mis años de estudio, mi esfuerzo, mis ganas de seguir creciendo. Que Kevin haya estado a mi lado es un regalo, no una razón.
La reportera sonríe, pero no se rinde.
—¿Y cómo es tener una relación con alguien tan expuesto al ojo público? ¿No temes que eso afecte tu imagen profesional?
Sam resopla detrás de mí, pero la calmo con una mirada.
—Creo que lo que afecta la imagen profesional de una mujer es tener que justificar constantemente su vida privada. Kevin y yo estamos juntos, sí, y me siento profundamente orgullosa del hombre que tengo a mi lado. Pero mi trabajo, mi ética, y este lugar, son míos. Y lo sostengo con la frente en alto.
Escucho a la gente aplaudir suavemente detrás. Mi madre me lanza una sonrisa de esas que dicen "lo hiciste". Kevin, desde el fondo, se cruza de brazos con media sonrisa. Esa que usa cuando está a punto de perder el control y venir a besarme.