48.- Liars II

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Renata

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Renata.

Estaba en casa cuando sonó mi celular con insistencia. Primero fue un mensaje. Después una llamada de Sam. Luego otra del fisioterapeuta del club.

"Kevin se lesionó."

Sentí que se me apagó el cuerpo entero. Me levanté sin saber a dónde caminar. No pregunté detalles. No podía. Solo tomé las llaves, una chamarra, y salí directo al hospital.

Cuando llegué, el pasillo ya estaba lleno de movimiento.Integrantes del equipo, médicos, incluso el entrenador.Todos con cara seria. Todos en silencio.

Lo vi a lo lejos. Camilla. Cuello rígido. Una pierna inmovilizada. Los ojos cerrados, el rostro blanco.

Y me rompí.

—¿Está consciente? —pregunté al doctor con voz temblorosa.

—Sí, pero está sedado por el dolor. Se dislocó la rodilla y hay un posible desgarro en ligamentos. Tendremos que esperar los resultados de imagen para saber la gravedad.

Me costó respirar. No como terapeuta.
Como mujer. Como Renata.

Porque una lesión así... Podía dejarlo fuera meses.
Podía cambiar su carrera.

Horas después lo dejaron ver solo a familia cercana.
Y a mí.

Entré al cuarto con el corazón en las manos.
Kevin estaba despierto, la mirada nublada, la pierna completamente inmovilizada.

—Renata... —dijo al verme, con la voz rasposa, adolorida.

—Aquí estoy —me acerqué de inmediato, tomándole la mano con fuerza—. No te muevas, no intentes hablar. Estoy aquí.

Me apretó los dedos.
Y ahí, por primera vez, vi miedo en sus ojos.

—¿Voy a volver a jugar?

No supe qué decirle. No como profesional. Como su novia.

—Vas a sanar. Y voy a estar contigo en cada parte del proceso. Pero ahora solo importa que estes bien.

Se quedó callado. Y después dijo algo que me partió el alma:

—No sé quién soy... si no estoy en la cancha.

—Eres Kevin. El que me mira como si yo fuera su casa. El que lucha, incluso cuando tiembla.

Lo besé en la frente. Sentí su mano temblar. No por dolor físico. Sino por el miedo a perderlo todo.

Y supe... que este era el inicio de una batalla distinta.
Una donde los goles no se contaban, pero cada paso hacia la recuperación valdría oro.

Horas más tarde, los resultados llegaron.

Desgarro en el ligamento cruzado anterior. Cirugía.
Reposo total. Mínimo seis meses de recuperación.

El equipo se quedó en shock. El entrenador estaba devastado. La prensa afuera ya empezaba a filtrar la noticia.

Pero Kevin solo me miró... y dijo en voz baja:

—¿Te vas a quedar?

Me senté a su lado. Le apreté la mano. Lo miré con todo el amor que tenía en mí.

—No pienso irme a ningún lado. Tú me enseñaste a quedarme. Ahora me toca enseñarte a resistir.

Y en ese hospital frío, lleno de máquinas y silencio,
sentí que no estábamos perdiendo.

Solo nos estaban probando.

Y nosotros nunca fuimos un amor fácil...
fuimos un amor que pelea hasta el final.

•••

Kevin.

Han pasado tres semanas desde la cirugía. La pierna me duele incluso cuando no me muevo. Los ejercicios son lentos, pesados, humillantes.

Y lo peor es que me siento... menos. Menos futbolista. Menos fuerte. Menos hombre.

Y ella...Renata es perfecta. Paciente, dulce, enfocada en cada movimiento que hago. Cada vez que me duele, está ahí. Cada vez que me rindo, me levanta.

Pero entonces pasó.

Una notificación en el celular. Luego otra. Y otra.

"¿Es cierto que Renata volvió con su ex?"
"¿Xavier vuelve a la vida de Renata?"
"Fotos antiguas resurgen de Renata y el basquetbolista."
"¿Se enfría el amor entre Kevin Álvarez y su fisio?"

No dije nada al principio.
Pero el veneno ya se me había metido.

—¿Quién es Xavier? —le pregunté al terminar la sesión de ese día. No la miré directo.

—¿Perdón?

—El tipo con el que salías. El basquetbolista ¿verdad?.

Renata frunció el ceño, cruzó los brazos.

—Fue hace años, Kevin. No sé por qué están sacando eso justo ahora.

—Tal vez porque lo vieron contigo hace poco. En ese evento de fundación donde tú dabas la conferencia y él... también estaba invitado, ¿no?

Ella me miró como si no pudiera creer lo que estaba escuchando.

—¿Estás celoso?

—Estoy lesionado. Frustrado. Sin jugar. Y de repente aparece tu ex en todas las malditas redes.

—Kevin...

—No me compares con él, ¿sí?

—¡¿Qué estás diciendo?! ¡Jamás lo he hecho! —soltó, alzando un poco la voz.

—¿Y si todo esto es demasiado para ti? ¿Y si no quieres estar con alguien que va a estar seis meses en cama y no puede darte lo que él sí?

El silencio que siguió me dolió más que cualquier desgarro.

Renata se acercó, se agachó frente a mí, tocando mi rodilla herida con suavidad.

—Kevin, ¿me estás castigando por algo que no he hecho?

No supe qué contestar.

—Tú eres mi presente. Él fue una historia vieja, y mal cerrada. Yo estoy aquí. Contigo. Cada día. Cada ejercicio. Cada vez que lloras por la frustración de no poder correr... ¿quién está?

La miré.
Y sentí la culpa aplastándome el pecho.

—Perdón. No quise herirte. Es que... tengo miedo de que te canses.

Renata se levantó, respiró profundo y dijo:

—No me voy a ir por un rumor, Kevin. Pero si tú empiezas a dudar de mí, va a doler más que cualquier mentira en internet.

Se fue al fondo del consultorio. Y me dejó solo.
Con el temblor en el alma. Y la certeza de que si no cuido lo que tenemos... puedo perderlo.

Liars - Kevin Alvarez Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora