31.- Liars II

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Kevin no se movió

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Kevin no se movió.

La puerta ya se había cerrado. El pasillo estaba vacío. El taxi debía estar bajando por la calle, alejándose con todo lo que nunca tuvo el valor de defender como debía. Pero él seguía ahí. Quieto. Respirando como si doliera.

Y dolía. Dios, cómo dolía.

Miró alrededor. El cuarto olía a ella. A manzanilla, a ropa recién doblada, a paz. A esa calma que siempre encontraba en Renata, incluso en medio del caos que era su vida. Se sentó en la cama. Donde anoche la escuchó reír. Donde, por un instante, pensó que tal vez podían volver a ser lo que fueron. Pero todo fue demasiado tarde.

Demasiado cobarde.

Pasó las manos por su rostro, frustrado. Como si pudiera arrancarse la culpa, como si pudiera retroceder el tiempo con solo arrepentirse más fuerte.

Recordó el beso. Ese maldito beso que lo partió en mil pedazos.

No fue despedida. Fue despedazo. Porque no había dicho "te amo", pero lo gritó con la boca. Con las manos. Con la forma en la que la abrazó sabiendo que ya no podía quedarse con ella.

—La empujé a irse —murmuró, solo.

Y sí. Lo hizo.

Primero la alejó por presión. Luego, por miedo. Y cuando intentó recuperarla ya era demasiado tarde.

El celular vibró en la mesita. Mensajes. Noticias. Tweets. Chismes. Nada de eso le importaba ya.

Lo único que quería era salir corriendo a buscarla. Decirle que renunciaría también. Que se iría con ella. Que dejaría todo. Que sí, que esta vez sí estaba listo.

Pero no lo hizo. Porque aún había algo en él que no sabía cómo dejar de ser el niño obediente que vivía dentro del jugador estrella. Ese que lo tenía todo excepto lo que más amaba.

Se recostó en su cama. Cerró los ojos. Y por primera vez en mucho tiempo, lloró. Porque cuando el amor se va por tu culpa, no duele menos.

Duele más.

•••

6 meses después

Renata ya no temblaba al despertar. El cambio había sido difícil, pero real. Los días en el Club América la mantenían ocupada. Había encontrado su lugar entre los doctores, entre las rutinas, en los entrenamientos intensos. No hablaba mucho de Pachuca, ni de lo que dejó atrás.

Menos aún de Kevin.

Pero cada tanto, cuando salía de una sesión de fisioterapia agotadora, una parte de su mente volvía a ese cuarto, a esa lluvia, a ese beso. A la despedida que le dolía más que cualquier caída en la cancha.

Estaba en la sala médica organizando expedientes cuando su celular vibró con fuerza.

Sam: "¿YA VISTE ESTO?"

Renata arqueó una ceja, sin darle importancia. Pero el siguiente mensaje le quitó el aire.

"OFICIAL: Kevin Álvarez es nuevo refuerzo del Club América para el Apertura. 🔥"

Abrió el link. Y ahí estaba.

La sonrisa de él, esa misma que ella conocía tan bien, ahora con el escudo detrás. El jersey nuevo. Las fotos oficiales. Las entrevistas de presentación.

Sintió como si el piso se moviera bajo sus pies.

Kevin.

Ahí.

En el mismo lugar.

En su nuevo lugar.

—No puede ser —susurró.

•••

—Renata —llamó Emiliano, su jefe—. ¿Todo bien?

Ella reaccionó con una sonrisa forzada, tratando de parecer tranquila.

—Sí. Solo que... acabo de ver una noticia algo inesperada.

—Ah, ¿lo de Álvarez? Lo anunciaron hace minutos. Buen fichaje, ¿no? Lo necesitamos.

Renata solo asintió. Sintió una risa amarga subirle por la garganta.

¿Lo necesitaban?
Ella lo había amado.

•••

Horas más tarde, ya sola en su departamento, no pudo evitar entrar a Instagram. Kevin ya tenía una historia publicada.

Una selfie en el vestidor del América. Con un mensaje simple, pero cargado.

"Todo lo que pasa, pasa por algo. #NuevaEtapa #CDMX"

Ella miró la foto por unos segundos más. Luego bloqueó la pantalla. Cerró los ojos. Y respiró.

—Bienvenido, Kevin —dijo en voz baja—. A mi mundo.

Pero esta vez, yo no soy la misma.

Liars - Kevin Alvarez Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora