44.- Liars II

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Renata

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Renata.

El departamento de Kevin tenía ese silencio cómodo que tanto me gustaba. Estábamos tirados en el sofá, él viendo resúmenes del partido del fin de semana, y yo con la cabeza en su regazo, deshojando pensamientos que no me dejaban en paz desde hacía días.

Tenía un nudo en el estómago. Literal y emocional.

—Kev —murmuré, sin moverme.

—¿Mmm? —respondió sin dejar de acariciarme el cabello.

—¿Cuántos días han pasado desde que regresamos de la playa?

—¿Por? —me miró, curioso.

—Creo que tengo un retraso.

El silencio fue inmediato.
Como si hasta el televisor se hubiera apagado.

Me incorporé lentamente. Él me seguía mirando.
Sin decir nada. Sin alarmarse. Pero tampoco ignorándolo.

—Cuánto retraso? —preguntó, su voz suave, controlada... pero atenta.

—Casi una semana. Y no me siento como siempre. No quise decirte antes porque pensé que solo estaba estresada, pero... ya no sé.

Kevin se pasó las manos por la cara. No con desesperación, sino como alguien que quiere pensar bien antes de hablar.

Lo vi procesarlo todo en segundos. Sus sueños.
Mi consultorio. Nuestra relación que apenas estaba comenzando a sentirse estable.

—¿Y si sí...? —preguntó él, mirándome directo a los ojos.

—No lo sé. Me da miedo. Siento que apenas estamos aprendiendo a ser nosotros, y esto puede cambiarlo todo.

Se acercó más y me sostuvo las manos. Firmes. Seguras.

—Nosotros no empezamos fáciles, Renata. Nada de esto ha sido simple. Pero nunca, nunca he salido corriendo de lo que siento por ti. Y si esto es lo que viene... lo vamos a enfrentar. Juntos. Paso a paso.

No pude contener las lágrimas. No de miedo.De alivio.De no tener que cargar esto sola.

—¿Y si no estoy? ¿Y si todo fue un susto?

Kevin sonrió leve, aliviado de que pudiera ser una posibilidad.

—Entonces respiramos. Y seguimos. Pero no quiero que vuelvas a sentir que tienes que guardarte algo así para protegerme. Yo quiero estar en todo.

Me abrazó con fuerza. De esas que te reconstruyen por dentro.

—Mañana compramos una prueba —dijo—. Pero hoy, solo quiero abrazarte. Porque estés o no embarazada... te amo. Y eso ya es definitivo.

Y así nos quedamos. En su sofá. En su abrazo.
En ese espacio en el que el miedo y la paz pueden coexistir... si estás con la persona correcta.

••

Kevin.

Volver a casa con una prueba de embarazo en la bolsa no es algo que imaginé hacer un miércoles por la noche. Pero ahí estábamos: Renata sentada en la cama, con las rodillas apretadas contra el pecho.
Y yo, dándome vueltas en el pasillo como si estuviera calentando para un partido de final.

No decía nada.
No hacía chistes.
Solo miraba la puerta del baño.

—Ya casi, ¿no? —pregunté.

—Sí... ya son casi tres minutos.

El aparatito estaba sobre el buró.
Ella no quería verlo.
Yo tampoco.
Pero uno de los dos tenía que hacerlo.

Tomé aire. Lo tomé como si fuera a cobrar un penalti en tiempo extra. Me acerqué. Miré la pantalla.

Una sola palabra.

"Negativo."

Solté una carcajada. No por burla. Sino por el alivio tan grande que me golpeó el pecho como una ola.

Renata me miró asustada.

—¿Qué dice?

—Negativo —le dije, mostrándole la prueba—. Todo bien. Solo fue un susto.

Ella se dejó caer sobre la almohada y se tapó la cara.

—Dios. Creí que me iba a desmayar. Literal.

Me acosté a su lado y le quité las manos del rostro.

—Te juro que pensé mil cosas. Te imaginé embarazada. Pensé en pañales, en cómo decirle a tus papás, en si tendríamos que mudarnos, en...

—Gracias por no asustarte. Por quedarte.

—Nunca voy a irme, Renata. Aunque un día la prueba diga otra cosa.

Ella me besó la mejilla y suspiró.

—¿Entonces esto no fue un desastre?

—No. Fue solo una noche más... contigo.
Y eso ya es suficiente para mí.

Liars - Kevin Alvarez Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora