45.- Liars II

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Kevin

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Kevin.

No habían pasado ni tres días del susto cuando me bajé del coche rumbo al entrenamiento y me topé con el caos.

Cámaras. Micrófonos. Y una reportera con cara de "sé algo que tú no sabes".

—¡Kevin! ¿Un minuto?
—Claro, ¿todo bien?

—¿Puedes confirmarnos si es cierto que estás esperando un bebé con Renata Reyes?

Me congelé.
¿Perdón?

—¿Qué?

—Captaron imágenes tuyas entrando a una farmacia a comprar una prueba de embarazo. Los fans están revolucionados. ¿Es cierto? ¿Viene mini Kevin en camino?

La risa se me escapó sin poder evitarlo.

—¿De verdad están haciendo un escándalo por eso?

—Bueno, ya sabes cómo es internet... —dijo ella, riéndose también.

—Mira —respondí, tratando de mantenerme serio aunque me costaba—, sí, compramos una prueba. Sí, fue un susto. Pero no, no hay bebé. Aún. Si algún día llega, se van a enterar por nosotros, no por una foto desenfocada de una bolsa blanca.

Todos se rieron.
Yo aproveché y me fui.

Esa noche, cuando llegué a casa de Renata, ella ya estaba viendo su celular con cara de "tengo que enseñarte esto".

—¿Viste los titulares? —preguntó, conteniendo la risa.

—"Kevin Álvarez será papá... ¿accidentalmente?" —leí en voz alta—. ¡Qué bárbaros!

Renata soltó la carcajada.

—¿Y este TikTok con una edición de nosotros y la canción de cuna de fondo?

—¡Ese lo vi! Tenía comentarios tipo: "No estoy lista para que mi crush tenga un hijo con otra".

Nos reímos tanto.

Ella apoyó la cabeza en mi pecho y dijo entre suspiros:

—Qué locura sería, ¿no?

—Sí... pero si algún día pasa, quiero que sea planeado. Esperado. Y que lo anunciemos con una foto ridícula.

—¿Tipo qué?

—Tipo tú con la prueba en la mano y yo desmayado al fondo.

Ella rió, fuerte.

Y en medio de ese escándalo viral, me di cuenta de algo:

No importa lo que digan.
Porque mientras Renata y yo sigamos riéndonos juntos en el sofá de casa...

todo está en su lugar.

•••

Renata.

Era uno de esos domingos tranquilos.
Kevin me había dicho que pasaría a recogerme para "dar una vuelta". No me explicó más.

Lo único raro fue que insistió demasiado en que bajara sin tacones.

—"Solo confía."

Y cuando me dice eso con esa sonrisa torcida, sé que se trae algo.

Bajé. Él estaba en su coche, afuera del consultorio.
Y desde el primer segundo, su emoción se notaba.

—Súbete, ya —me dijo, como si no pudiera esperar más.

—¿Qué planeas? —pregunté, abrochándome el cinturón.

—Paciencia.

Manejamos unos veinte minutos hasta llegar a una pequeña casa a las afueras. Había un jardín enorme y un portón abierto. Salió una mujer a recibirnos, con una sonrisa amable.

—¿Kevin?

—Sí. Ven, Renata. No te asustes.

Caminamos hacia el jardín...

Y entonces lo vi.

Un perrito.

Pequeñito. Color caramelo. Orejas grandes. Y la cola moviéndose tan rápido que parecía que iba a despegar.

—¿Qué...? —murmuré, llevándome una mano a la boca.

El perrito corrió directo hacia mí como si ya me conociera. Saltó, me lamió las manos, y se pegó a mis piernas.

Kevin se agachó a su lado.

—Conoce a Dobi. Tiene tres meses. Es un desastre, muerde calcetas, odia bañarse... y es tuyo.

No pude evitarlo. Me agaché con él y abracé al cachorro mientras las lágrimas me subían a los ojos.

—¿Por qué... esto?

Kevin se encogió de hombros, como si fuera lo más obvio del mundo.

—Porque sé que a veces tienes días pesados. Y porque ya es hora de que tengamos una familia... aunque sea de tres por ahora. Y porque quiero que tengas a alguien que te reciba en casa cuando yo esté de viaje. Y, también... —agregó sonriendo— porque quiero escuchar cómo regañas a alguien que no sea yo.

Solté la risa entre lágrimas. Lo abracé a él también.

—Es el mejor regalo que me han dado en la vida.

—Entonces no le digas que anoche me hizo pipí encima —bromeó la mujer, señalando al perrito.

Nos fuimos con Dobi en brazos. En el coche, Kevin me miró de reojo mientras yo no dejaba de acariciar a la bolita peluda dormida en mis piernas.

—¿Y si este es el primer paso? —dijo en voz baja—. Ya sabes... de algo más grande.

Lo miré. No dije nada. Solo le sonreí.

Porque sí... Quizá el corazón ya no late solo por nosotros dos.

Liars - Kevin Alvarez Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora