Parte 17

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Cuando sientes que una emoción se ahoga en tu pecho, que lucha por salir pero se queda encerrada ahí. Arañando desde dentro, tensando cada fibra, luchando por explotar... como si con eso pudiera arreglar algo. Como si bastará tener buenas intenciones, el deseo de gritar para lograr cambiar el destino del mundo... estar tan desesperado y enojado como para dar cualquier cosa por tener la habilidad de regresar en el tiempo, de tener la respuesta correcta... ah, todos la conocen. Esa emoción, ese sentimiento... la maldita impotencia.

A veces no es el cuerpo el que se rinde primero en esa batalla insalvable. No son los músculos ardiendo, no es la resistencia rogando por un descanso.
Es esa parte silenciosa que se quiebra cuando te das cuenta de que hiciste todo lo posible, diste tu mayor esfuerzo ... y aún así no fue suficiente.

Jason no sabía en qué punto exacto había dejado de sentir furia y empezó a arrastrar cansancio en los huesos. Quizás fue cuando vio los informes sobre la condición de Damian, quizás cuando escuchó el grito de Tim pidiendo ayuda, o tal vez cuando ella apareció ensangrentada para salvarle la vida y luego se esfumó como un mal recuerdo. Las cosas estaban confusas en su cabeza.

No lo sabía.

Solo sabía que lo estaba perdiendo todo, incluso antes de entender lo que tenía.

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El olor a concreto húmedo y químicos era más fuerte de lo normal. 

—Aquí es —dijo Dick, revisando el plano digital en su lente—. Sótano tres, sistema médico. Está escondido detrás de una pared falsa. 

La base estaba vacía... demasiado vacía. Bruce había hecho el análisis: Madre llevaba semanas trasladando su laboratorio a otro sitio. Esta era una fachada, pero aún podría tener información. 

Desde el techo del lugar, el gran murciélago realizaba un análisis en tiempo real mientras sigilosamente iba desarmando a los guardias que encontraba a su paso. Esperaba que sus hijos siguieran su ejemplo y no llamaran la atención esta vez. 

 —No toquen nada sin escanear —indicó Tim, ya con el comunicador abierto a la Batcueva—Según los planos, el área de archivo genético está al fondo.

Esta vez había insistido mas en ser parte de la misión. Necesitaban a alguien más que supiera que es lo que estaban buscando entre miles de archivos e información. Y no pensaba dejarle todo el trabajo a su nueva tía favorita. Ademas, él queria ayudar a Damian... se repetía a si mismo que es porque era familia, pero habia algo de verdad cuando Alfred lo miraba con ternura y lo llamaba "su hermano menor". 

Y es que habia cierta responsabilidad en ser el hermano mayor... y algo en él sentía el peso de ese título. 

La entrada al laboratorio no fue difícil. Lo difícil fue lo que encontraron. La sala médica era un santuario de pesadillas: incubadoras rotas, registros quirúrgicos, monitores de signos vitales, frascos con etiquetas a medio escribir. Registros. Frascos. Unidades de criopreservación con nombres incompletos y códigos de barras que gritaban secretos a medias. Jason intentó acercarse a uno de los sistemas médicos. Las pantallas mostraban gráficos imposibles de descifrar sin clave, pero estaba tan cerca... tan cerca de entender por qué su bebé estaba en peligro y sus pequeños ojos brillaban a veces en la oscuridad. 

Los archivos importantes estaban bajo llave. Se acercó. Las cerraduras eran electrónicas, pero eso no le impidió usar una palanca. El ruido tronó en las paredes y rebotó con un sonoro eco. Tim se encogió de hombros y luego miro enfadado hacia su dirección.

 —¡¿Cuál es tu maldito problema?! —susurró con fastidio. Jason solo se encogió de hombros.

— Tú busca el nombre de Damian —respondió Jason, sin mirarlo.

El renacer de un aveHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora