Parte 18

314 23 3
                                        


Sentir dolor es fácil. Odiar es cansado. Pero esa sensación, como si un abismo invisible empezara a empujarte desde dentro. Como si intentara expandirse dentro de un espacio  tan pequeño... que podria hacer implosion. Como si te hubieran arrancado algo del pecho, dejando solo un eco donde antes habia ruido, rabia, fé. Una especie de nada.

En filosofía, la nada se define como la ausencia o inexistencia de cualquier objeto, mientras que en física, el vacío cuántico, a pesar de parecer vacío, no es realmente la nada, ya que contiene fluctuaciones y energía. Se discute si la nada pura es posible, o si incluso al pensar en la nada ya la estamos convirtiendo en algo. Incluso el vacío contiene fluctuaciones y energía, lo que demuestra que no es la ausencia total de todo.

Y pesa más que nada, y al mismo tiempo es mas ligero que todo.

El cuerpo se mueve porque tiene que hacerlo. La boca habla porque alguien preguntó algo. Respondes por inercia, porque no puedes evitarlo. En un silencio incomodo que nadie se atreve a romper, todos entienden que ya no hay nada que decir... porque lo que te duele ni siquiera tiene forma.

Le dicen vacío, pero en realidad se siente como estar demasiado lleno. De algo que no puedes nombrar, pero que no puedes dejar atrás, que no puedes ignorar. La sensación es similar a tener la cabeza debajo del agua e intentar escuchar algo; esta flotando pero al mismo tiempo la presión te hace sentir la presión. No puedes escapar de eso, esta por todos lados, una sensación de inmesidad aplastante que te hace demasiado consciente de tu dolorosa existencia.

A pesar de intentarlo, al final de un mal día solo queda eso: Un vacío de mierda.

Ese que te deja la impotencia.
Que no puedes llenar con palabras, abrazos, dolor... Ni con haber sobrevivido.

Porque a veces sobrevivir no alcanza.

...

El vendaje en su abdomen seguía apretando demasiado, pero no se lo quitó. Caminar era una maldita tortura. Sentía los músculos tensos, los huesos vibrando como si hubieran peleado contra un tren. Y hubiera perdido. Tal vez sí. Tal vez eso era lo que había pasado.

Pero no era el dolor lo que le dolía.

El dolor físico era... fácil. Familiar. Algo que se puede ubicar, nombrar, contener. Un brazo roto duele, pero sabes por qué. Un corte arde, pero sabes dónde empieza y dónde termina. Jason sabía dominar el dolor, moldearlo. Lo había hecho por años, era un viejo conocido. Lo usaba como escudo, como excusa, como motor.

Pero eso otro.

Eso que tenía en el pecho.

Eso que sentía como una presión hueca, como si algo dentro de él estuviera inflándose sin aire y al mismo tiempo colapsando... eso no sabía ni cómo agarrarlo. No tenía nombre. No tenía forma. Solo era... vacío. Una nada demasiado densa como para ignorarla.

Vacío.

Y qué puta palabra más mentirosa. Porque no se sentía vacío. Se sentía lleno. Lleno de una nada tan pesada que no dejaba espacio para nada más. Ni esperanza. Ni consuelo. Ni siquiera rabia. Solo... eso.

Pensó en la carpeta. En los archivos que no pudo salvar. En lo que se perdió en ese incendio, en la información sobre Damian que ahora solo era cenizas. Pensó en el ninja que lo humilló. En cómo sintió que lo estaba perdonando. ¿Por qué? ¿Quién era? ¿Por qué no lo mató?

Y luego, esa otra imagen, aún más confusa. La silueta entre el humo. Verde, dorado, manchada de sangre. ¿Talia? ¿Era ella? ¿Por qué demonios lo habría salvado? ¿Por qué ahora?

El renacer de un aveHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora