35. Un nuevo despertar

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-¡Óyeme, eso sí me dolió, de veritas, de veritas! -reclamó William apretando su puño al mismo tiempo que realizaba una tierna expresión de molestia

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-¡Óyeme, eso sí me dolió, de veritas, de veritas! -reclamó William apretando su puño al mismo tiempo que realizaba una tierna expresión de molestia. Aunque luego no se aguantó y se echó a reír sin importarle que estuviese cayendo desde una terrorífica altura, situación causada por Igor, quién lo dejó caer desde muy alto. Aun cayendo y riendo, este decidió tomarse las cosas en serio y respirar hondo para calmarse. Analizó lo sucedido mirando hacia todos lados y fue en ese mismo instante que se percató de cómo sus piernas fueron rebanadas.

-¡Mami, esa es mi piernita, maamii! -chilló como un pequeño niño al que se le acababa de caer su helado. El tiempo para poder hacer algo antes de impactar contra el suelo estaba por terminarse.

Hasta que finalmente su espalda chocó contra el suelo, destruyéndose todavía más y empeorando su estado de salud. Varios de sus huesos acabaron por romperse debido a la brutal fuerza de impacto desde una altura tan extrema, además no pudo contener la sangre derramándose a través de su boca y nariz. Sus heridas fueron tantas que no tuvo más opción que buscar un lugar para descansar, pues después de una lucha tan frenética en los cielos era lo menos que merecía.

Buscó y buscó como un loco apoyándose de sus cansados ojos, los cuáles recobraron esa icónica luz al apreciar una roca de un tamaño considerable, perfecta para recostarse. Entre sus posibilidades no había posibilidades, lo único que podía hacer era mantenerse allí a esperar que sus compañeros lo encontraran o, en su defecto, morir allí mismo. Podría haberse quedado esperando su muerte justo donde cayó, pero prefirió buscar un lugar donde pudiera tener una última linda vista del paisaje.

Sostuvo su espalda contra la roca, soltando un pequeñísimo gemido de dolor, sin embargo, nada de eso parecía importarle, solamente apreciaba las rimbombantes nubes que ocultaban al brillante sol.

-Pero qué nubes tan lindas, ji, ji, ji -habló en voz baja, casi susurrando. Sonrió ante semejante paisaje tan exquisito, más cuando se percató de que una de las nubes mantenía la forma del amargado rostro de John, aunque en realidad William ya se encontraba alucinando, pues la nube realmente tenía forma de nube. -Eres muy tierno, Johnsito.

Fue un gusto total para aquel muchacho apreciar la belleza de la madre naturaleza por un buen rato, pero el infierno llegaría a donde estaba él sin que este pudiera notarlo. Cómo los minutos no paraban de pasar, estos trajeron consigo un desastroso temblor que destruyó gran parte del bosque, derribando no solo cientos, sino miles de árboles, incluso partiendo una parte del suelo, todo gracias al gigantesco golpe que le dio la nueva raíz madre a la original, donde se encontraban todos. En consecuencia, William cayó de su roca, sufriendo con cada brusco movimiento. -Pero ¿¡qué está pasando!? ¡Ay! -sorprendido, alzó la voz. Notó como aquel temblor tan estrepitoso cesó por unos segundos, hasta que este pudo notar desde su instancia en el terroso suelo cómo la raíz original estaba a punto de caer.

La colosal raíz impactó contra el suelo, causando un desastre total en el bosque, que ya de por sí estaba muy tocado por el temblor anterior. El impacto no solo causó otro temblor más, pues al caer este levantó polvo por todas partes y provocó una pequeña onda expansiva lo suficientemente fuerte para mandar a volar a William.

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⏰ Última actualización: Apr 10 ⏰

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