Cap.43

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Samantha POV

El timbre sonó una sola vez.

No insistente.

No urgente.

Eso fue lo que más me inquietó.

Osvaldo levantó la mirada desde el sillón. Ari se tensó de inmediato. Juan seguía encerrado en su cuarto. Nadie esperaba visitas.

— ¿Esperan a alguien? —pregunté.

Nadie respondió.

Osvaldo se levantó despacio y fue hacia la puerta. Yo me quedé a medio camino del pasillo, con el presentimiento clavado en el pecho.

Cuando abrió...

Roier estaba ahí.

Tenía la sudadera puesta a pesar del calor, las manos en los bolsillos, los ojos hundidos, rojos. No parecía alguien que acaba de llegar: parecía alguien que llevaba horas parado frente a la puerta sin animarse a tocar.

— Hola —dijo, con la voz casi inexistente.

Osvaldo no respondió enseguida.

— Pasa —dijo al fin, haciéndose a un lado.

Roier entró despacio, como si el departamento pudiera romperse con sus pasos.

Miró alrededor.

El sillón.

La mesa.

El pasillo que llevaba a las habitaciones.

Sus ojos se detuvieron ahí más tiempo del necesario.

— ¿Juan...? —preguntó.

— Está en su cuarto —respondí—. No está bien.

Roier asintió lentamente.

— Ninguno lo está.

Se quedó parado en medio de la sala, sin saber qué hacer con su cuerpo. Ari fue la primera en acercarse.

— ¿Estás bien? —preguntó, aunque sabía la respuesta.

Roier negó.

— No —dijo—. Pero... no podía estar solo.

Eso fue todo lo que dijo antes de sentarse en el suelo, apoyando la espalda contra el sillón, exactamente en el mismo lugar donde días atrás Juan se había quebrado.

El aire se volvió pesado.

— Soñé con ella —soltó de pronto.

Nadie lo interrumpió.

— No estaba muerta —continuó—. Estaba enojada. —tragó saliva—. Me gritaba que la había dejado caer.

Apreté los labios.

— Me desperté gritando —dijo—. Y me di cuenta de que no había nadie a quien pedirle perdón.

Osvaldo se pasó la mano por el rostro.

— Roier...

— No —lo interrumpió—. Déjame terminar.

Levantó la mirada. Nos miró a todos.

— Ustedes cargan con esto, conmigo —dijo—. Y lo sé. Pero yo... —se tocó el pecho—. Yo siento que si dejo de pensar en ella un segundo, la estoy matando otra vez.

El silencio fue absoluto.

Desde el pasillo, una puerta se abrió despacio.

Juan estaba ahí.

𝙎𝙝𝙚 𝘪𝘴 𝘮𝘺 𝙨𝙤𝙪𝙡𝙢𝙖𝙩𝙚Donde viven las historias. Descúbrelo ahora