Cap. 37

18 2 0
                                        

🌕⛱️🌊

Samantha POV

La casa olía a sal, bloqueador y comida rápida.

Eran casi las once de la noche cuando llegamos todos, cansados, quemados por el sol y con arena hasta en lugares que preferí no pensar. Algunos se tiraron directo en los sillones, otros fueron por bebidas, y Juan ya estaba buscando música para "cerrar el día como se debe".

Yo solo quería una ducha.

— Ve tú primero —me dijo Osvaldo, dejándose caer en el sillón—. Yo recojo un poco esto.

— ¿Seguro?

— Sí, amor.

Ese "amor" todavía me hacía cosquillas en el pecho.

Me duché con agua tibia, dejando que el ruido del día se fuera por el drenaje. Cerré los ojos y respiré profundo. No había gritos, no había miedo, no había recuerdos persiguiéndome. Solo cansancio... del bueno.

Cuando salí, con pijama corta y el cabello húmedo, la casa estaba más tranquila. Felix y Alicia hablaban en voz baja en la cocina, Rocío y Aldo estaban sentados juntos en el balcón, y Roier y Arabella habían desaparecido quién sabe a dónde.

Osvaldo estaba solo en la habitación.

Sentado en la cama. Esperándome.

— Hey —dije suavemente.

Levantó la vista y sonrió.

— Te ves linda.

— Estoy en pijama.

— Exacto.

Me acerqué y me senté a su lado. Por un momento no dijimos nada. Solo existíamos.

— Gracias por hoy —dije al fin.

— A ti.

— No —negué—. Gracias por cuidarme sin asfixiarme.

Osvaldo bajó la mirada, pensativo.

— Todavía tengo miedo de hacerlo mal.

Lo miré sorprendida.

— ¿Tú?

— Sí —asintió—. Miedo de que un día te despiertes y recuerdes todo... y yo no sepa cómo ayudarte.

Me acerqué más, hasta que nuestras rodillas se tocaron.

— No necesito que me salves —le dije—. Solo que no te vayas cuando me rompa un poquito.

Sus ojos se humedecieron, aunque intentó disimularlo.

— No me voy a ir —dijo firme—. Aunque te rompas mil veces.

Apoyé mi frente en la suya.

— Entonces me quedo.

Osvaldo POV

Tenerla así, tan cerca, me calmaba más que cualquier promesa.

Le acomodé un mechón de cabello detrás de la oreja.

— ¿Estás cansada? —pregunté.

— Mucho.

— ¿Triste?

— Un poco... pero de esas tristezas suaves.

— De las que no duelen tanto.

— Exacto.

La jalé con cuidado hasta que quedó recostada a mi lado. No con prisa. No con intención de nada más que estar.

— ¿Sabes qué pensé hoy? —dijo de pronto.

— Dime.

— Que hace meses yo no habría podido disfrutar esto —confesó—. La playa, los amigos, tú... siempre estaría pensando en cuándo se iba a arruinar.

Tragué saliva.

— ¿Y hoy?

— Hoy no —sonrió—. Hoy solo estuve.

La abracé, pasando mi brazo por su cintura.

— Me gusta esa versión tuya.

— A mí me gusta esta versión de nosotros.

El silencio volvió, cómodo.

Desde la sala se escuchó la risa de Rocío.

— ¡Aldo, deja de molestar! —gritó ella.

— ¡Tú empezaste! —respondió él.

Samantha rió bajito.

— Me alegra que estén mejor.

— A mí también —dije—. Todos necesitamos un poco de paz.

— Incluso tú.

— Especialmente yo.

Giró el rostro para mirarme.

— ¿Te puse celoso hoy?

Sonreí, resignado.

— Un poco.

— ¿Por?

— Porque te miraban.

Ella levantó una ceja.

— ¿Y?

— Y no me gustó.

Se apoyó sobre su codo.

— Valdo... mírame.

Lo hice.

— Yo no necesito que me cuides de todos —dijo—. Solo necesito saber que confías en mí.

Asentí.

— Confío.

— Entonces estamos bien.

La besé. Lento. Sin urgencia. Como si el mundo pudiera esperar.

Samantha POV

Esa noche no pasó nada extraordinario.

No hubo drama. No hubo discusiones. No hubo miedo.

Solo Osvaldo respirando a mi lado. El sonido lejano del mar en mi memoria. Y la certeza de que, por primera vez en mucho tiempo, el futuro no me daba terror.

Antes de dormir, murmuré:

— Quédate.

— Siempre —respondió.

Y me dormí creyéndole.

𝙎𝙝𝙚 𝘪𝘴 𝘮𝘺 𝙨𝙤𝙪𝙡𝙢𝙖𝙩𝙚Donde viven las historias. Descúbrelo ahora