Cap. 44

11 2 0
                                        

Ari POV

Juan dejó de mirarme antes de dejar de tocarme.

Al principio pensé que era cansancio.

Luego estrés.

Después miedo.

Hasta que entendí que era culpa.

— ¿Te pasa algo? —le pregunté una noche, cuando se dio la vuelta en la cama dándome la espalda.

No respondió.

Su silencio ya no era normal. Era denso. Pesado.

— Juan...

— Estoy bien —dijo rápido, demasiado rápido—. Duerme.

Pero yo no dormí.

Porque cuando amas a alguien, aprendes a reconocer cuándo ya no está contigo aunque siga ahí.


Juan POV

No sabía cómo mirarla sin sentirme sucio.

Ari no sabía todo.

Y eso la hacía pura en comparación conmigo.

Cada vez que me sonreía, sentía que le estaba robando algo.

Cada vez que me decía "te amo", algo dentro de mí gritaba no me lo merezco.

Empecé a evitarla. A llegar tarde. A quedarme más tiempo fuera.

No porque no la amara.

Sino porque la amaba demasiado como para seguir mintiéndole.

— ¿Hice algo mal? —me preguntó un día, con los ojos llenos de miedo—. Dímelo, por favor.

Negué.

— No eres tú.

La frase más inútil del mundo.


Ari POV

La culpa no se ve, pero se siente.

Juan estaba irritable. Saltaba por cualquier cosa. A veces se quedaba mirando un punto fijo, como si reviviera algo que yo no podía tocar.

— Hablemos —le pedí una noche—. Ya no somos nosotros.

Él se pasó las manos por el rostro.

— No puedo.

— ¿Por qué?

Silencio.

— Juan, soy tu esposa.

Eso fue lo que lo rompió.

Sus ojos se llenaron de lágrimas que no cayeron.

— Justamente —susurró.


Juan POV

Esa palabra me atravesó.

Esposa.

¿Cómo le explicas a la persona que amas que hay cosas que si dices en voz alta destruyen todo?

— Ari... —empecé, pero me quedé sin aire—. Hay cosas que no puedo contarte.

Ella me miró fijo.

— ¿Por qué no quieres... o porque no puedes?

No respondí.

Y esa fue mi respuesta.

— Entonces dime algo —dijo con la voz quebrada—. ¿Todavía estás aquí conmigo?

Abrí la boca.

La cerré.

Porque la verdad era peor que un "no".

Yo estaba ahí físicamente.

Pero por dentro vivía en otra escena, en otro momento, en otra culpa.

— No —susurré.

Y la vi morir un poco.


Ari POV

No grité.

No lloré al instante.

Eso vino después.

— Entonces... —tragué saliva—. Entonces no puedo quedarme.

Él levantó la cabeza, asustado.

— Ari...

— No voy a competir con algo que no me quieres decir —dije, con una calma que no sentía—. No puedo salvarte de algo si no me dejas entrar.

Se levantó de golpe.

— ¡No es eso!

— ¿Entonces qué es?

Silencio.

Otra vez.

Y ahí lo entendí todo.

No había infidelidad. No había falta de amor.

Había algo peor.

Un peso que no era mío, pero que me estaba hundiendo igual.

— Te amo —le dije, llorando al fin—. Pero no puedo vivir con alguien que ya se está castigando por los dos.

Él se quebró.

De verdad.

Se cubrió el rostro y empezó a llorar como nunca lo había visto.

— Perdóname... —repetía—. Perdóname...

Me acerqué. Lo abracé.

No como esposa.

Como despedida.


Juan POV

Firmar fue lo más fácil.

Lo difícil fue verla irse sin odio.

Sin gritos.

Sin rencor.

— Ojalá encuentres paz —me dijo antes de cerrar la puerta—. Aunque no sea conmigo.

Cuando se fue, el departamento quedó en silencio.

Me senté en el suelo.

Y por primera vez desde Arabella...

Lloré solo por mí.

No por el miedo. No por el secreto.

Sino por haber perdido a la única persona que habría podido salvarme

si yo hubiera sido más valiente.

𝙎𝙝𝙚 𝘪𝘴 𝘮𝘺 𝙨𝙤𝙪𝙡𝙢𝙖𝙩𝙚Donde viven las historias. Descúbrelo ahora