Cap. 41

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Osvaldo POV

El departamento estaba en silencio, pero no era un silencio tranquilo.

Era de esos que pesan.

Juan estaba sentado en el sillón, encorvado, con las manos juntas, mirando un punto fijo en el suelo. Ari estaba en la cocina, haciendo algo que no necesitaba hacer, solo para no estar ahí.

Yo me apoyé en la pared, con los brazos cruzados.

Habían pasado horas desde el ataque.

Horas sin hablar de verdad.

— No debió pasar —dije al fin.

Mi voz sonó más dura de lo que planeé.

Juan levantó la vista lentamente.

— ¿Qué cosa?

— Lo de hoy. Lo del centro comercial. —di un paso al frente—. No debiste salir así.

Vi cómo su mandíbula se tensaba.

— ¿Así cómo?

— Así de mal —respondí—. Sabías que no estabas bien.

Ari salió de la cocina de inmediato.

— Osvaldo... —dijo, advirtiendo.

Pero ya era tarde.

— No soy un niño —soltó Juan, poniéndose de pie—. No necesito que me digan cuándo puedo salir y cuándo no.

— Pues hoy sí lo parecías —respondí sin pensar.

El golpe fue inmediato.

No físico.

Peor.

Juan se quedó quieto. Muy quieto.

— ¿Eso crees? —preguntó en voz baja—. ¿Qué soy un niño haciendo berrinche?

— Creo que pusiste a todos en una situación de mierda —dije—. A Ari, a Samy, a todos. La gente grabando, mirando... ¿sabes lo que pudo pasar?

— ¡YA PASÓ! —gritó—. ¡NO PUDE RESPIRAR!

El aire se tensó.

Ari se interpuso.

— ¡Basta los dos!

Pero Juan ya me estaba mirando con los ojos brillosos, llenos de algo que no era solo enojo.

— Tú no estabas ahí —me dijo—. No sabes lo que sentí.

— Sí lo sé —respondí—. Y por eso digo que fue irresponsable.

Eso fue el error.

Juan soltó una risa rota.

— Claro... irresponsable. —asintió—. Perdón por no controlar mi cerebro, wey. Perdón por no decirle "oye, trauma, hoy no, mañana sí".

— No fue eso lo que quise decir.

— Pero fue lo que dijiste.

Ari respiraba agitada.

— Juan, vámonos al cuarto...

— No —negó—. Quiero escucharlo.

Me miró directo.

— Dime, Osvaldo. ¿También piensas que fue culpa mía?

Tragué saliva.

Pensé en Samy en el suelo.

En la sangre.

En el miedo.

— Pienso que si no te cuidas, vas a terminar peor —dije—. Y no pienso quedarme a ver cómo te destruyes.

Juan se rió otra vez, más fuerte.

— Ah... ya. —asintió—. Entonces esto es por ti, ¿no? Porque tú no quieres cargar conmigo.

Eso me hizo explotar.

— ¡NO TE HAGAS LA VÍCTIMA! —grité—. Todos estamos cargando con algo.

Juan avanzó un paso.

— Tú no tienes idea de lo que cargo yo.

— ¿Y tú sí sabes lo que cargo yo? —respondí—. ¿Crees que ver a Samy así no me jodió? ¿Que verte hoy tirado no me devolvió todo?

Silencio.

— No todo gira alrededor de ti, Juan.

Eso fue.

Juan me empujó.

No fuerte.

No violento.

Pero lleno de rabia.

— ¡Vete a la mierda! —gritó—. ¡Si tanto te molesto, lárgate!

Ari se metió entre los dos.

— ¡Ya basta! —gritó—. ¡Los dos están diciendo cosas que no sienten!

Juan estaba temblando.

— No... sí las siento —dijo—. Porque estoy cansado. Cansado de ser el problema. Cansado de que me miren como si fuera a romperme en cualquier momento.

Me quedé callado.

— Hoy... —continuó, con la voz quebrándose—. Hoy pensé que me moría. De verdad. Y lo único que escucho ahora es que fue mi culpa.

Ari lo abrazó cuando sus piernas cedieron.

— No fue tu culpa —le dijo—. Nadie está diciendo eso.

Juan lloró contra su pecho.

Yo sentí el nudo en la garganta.

— Juan... —dije más bajo—. No quise decirlo así.

— Pero lo dijiste —respondió sin mirarme—. Y duele igual.

Se soltó de Ari y caminó hacia la habitación.

— No quiero hablar más —dijo—. Hoy no.

La puerta se cerró.

Silencio.

Ari me miró con rabia y cansancio.

— A veces no necesitas arreglar nada —me dijo—. Solo callarte y quedarte.

No supe qué responder.

Me senté en el sillón, pasándome las manos por la cara.

Había ganado la discusión.

Y había perdido todo lo demás.

𝙎𝙝𝙚 𝘪𝘴 𝘮𝘺 𝙨𝙤𝙪𝙡𝙢𝙖𝙩𝙚Donde viven las historias. Descúbrelo ahora