Samantha POV
Lo encontré en el balcón.
Osvaldo estaba sentado en el suelo, con la espalda contra la pared, mirando la ciudad sin verla. Tenía una cerveza en la mano que no había tocado. El viento movía apenas las cortinas detrás de él.
No dije su nombre al principio.
Me apoyé en el marco de la puerta, cruzando los brazos.
— ¿Te sientes mejor ahora?
Levantó la vista lentamente.
— Samy...
— No —lo interrumpí—. Respóndeme. ¿Te sientes mejor después de decirle eso?
Guardó silencio.
Eso fue respuesta suficiente.
Caminé hasta él y me quedé de pie, mirándolo desde arriba. No con enojo explosivo. Con algo peor.
Decepción.
— No era tu lugar, Osvaldo.
Cerró los ojos un segundo.
— Yo solo...
— No —volví a cortarlo—. No "solo". No intentes justificarlo.
Respiré hondo. Sentía el pecho apretado, pero mi voz salió firme.
— Tú no estabas asustado —dije—. Estabas molesto. Y usaste el miedo de Juan para descargarlo.
Abrió los ojos de golpe.
— No es así.
— Sí lo es —respondí—. Yo sé cómo suena alguien asustado. Yo estuve ahí. En el suelo. Temblando. Pensando que me iba a morir.
Mi voz bajó.
— Y si alguien me hubiera dicho que fue mi culpa... —tragué saliva—. No sé si estaría aquí ahora.
Osvaldo dejó la cerveza en el suelo.
— Nunca diría eso de ti.
— Pero lo dijiste de él.
Silencio.
— Juan no eligió tener un ataque de pánico —continué—. No eligió el lugar. No eligió a la gente mirando. No eligió quebrarse.
Me agaché frente a él para quedar a su altura.
— ¿Sabes qué sí eligió? Salir. Intentarlo. Vivir un poco.
Osvaldo pasó una mano por su cara.
— Puso a Ari en una situación horrible.
— Ari lo ama —respondí—. Y amar también es sostener cuando el otro se cae en público, aunque duela.
Se le quebró la voz.
— Yo solo pensé que...
— Pensaste en ti —dije suave—. En tu miedo de perder el control. En lo que te removió verte así. No en Juan.
Eso fue lo que lo rompió.
Osvaldo bajó la cabeza.
— Tengo miedo —admitió—. Miedo de que todo se nos vaya de las manos. De que esto termine mal.
Me senté frente a él, cruzando las piernas.
— El miedo no te da derecho a herir —le dije—. Y menos a alguien que ya está en el suelo.
Le tomé la mano.
— Juan confía en ti. Te admira más de lo que crees.
— Ya no —susurró.
— Aún —corregí—. Pero cada palabra como esa lo aleja.
Se quedó callado.
— ¿Sabes qué fue lo peor? —pregunté.
Negó.
— Que cuando te escuché... —mi voz tembló apenas—. Sentí que estabas hablando como Lorenzo.
Levantó la cabeza de golpe.
— No.
— Sí —dije—. No en intención. Pero sí en el fondo. En hacer sentir a alguien que su dolor es una carga.
Osvaldo se llevó ambas manos a la cara.
— No quería eso...
— Lo sé —respondí—. Por eso estoy aquí y no me fui.
Me levanté.
— Pero tienes que arreglarlo.
— ¿Y si no me quiere escuchar?
— Entonces te sientas afuera de su puerta —dije—. Y te quedas callado. Y esperas.
Lo miré firme.
— Porque esta vez, Valdo... no se trata de ti.
Asintió lentamente.
— Gracias por decirme esto —murmuró.
— No me agradezcas —respondí—. Aprende.
Me di la vuelta para irme, pero me detuve.
— Y una cosa más.
Se tensó.
— Si vuelves a hablarle así a alguien que amo —dije sin mirarlo—, no voy a quedarme callada.
Salí del balcón.
Detrás de mí, Osvaldo no dijo nada.
Y por primera vez, su silencio fue lo correcto.
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𝙎𝙝𝙚 𝘪𝘴 𝘮𝘺 𝙨𝙤𝙪𝙡𝙢𝙖𝙩𝙚
De Todo❱ ❱ ❱ ᴇʟʟᴀ ᴇꜱ ᴍɪ ᴀʟᴍᴀ ɢᴇᴍᴇʟᴀ ❱ ❱ ❱ ❪ 𝕬𝖓 𝖔𝖗𝖎𝖌𝖎𝖓𝖆𝖑 𝖘𝖙𝖔𝖗𝖞 𝖇𝖞 𝕾𝖊𝖑𝖊𝖓𝖊 𝕯𝖆𝖛𝖎𝖊𝖘 ❫ "¿𝘗𝘰𝘥𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘴𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘢𝘴í 𝘥𝘦 𝘤𝘦𝘳𝘤𝘢 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘴 𝘴𝘪𝘨𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴...
