Cap. 33

49 5 0
                                        

Samantha POV

— Samy...

Su voz llegó primero que la imagen. Débil, distorsionada, como si viniera desde muy lejos.

Parpadeé varias veces, el pitido en mis oídos seguía ahí, insistente. El suelo estaba frío contra mi mejilla y el dolor en la cabeza me hacía sentir náuseas. Quise moverme, pero mi cuerpo no respondió de inmediato.

— Os…valdo… —susurré, sin saber si de verdad estaba ahí o si mi mente lo había inventado para no sentir tanto miedo.

La figura de Lorenzo yacía a mi lado, inmóvil. La sangre comenzaba a extenderse lentamente desde su cabeza. Un escalofrío me recorrió entera.

De pronto, unas manos temblorosas me sostuvieron el rostro.

— Mírame, Samy… mírame, por favor —su voz se quebraba—. Háblame.

Era real.
Osvaldo estaba ahí.

Mis labios temblaron antes de que las lágrimas escaparan sin control.

— Me… me encontró… —dije apenas—. Yo… tuve miedo…

— Ya pasó —repitió una y otra vez, como si intentara convencerse a sí mismo—. Ya estás a salvo, te lo prometo.

Me envolvió con cuidado entre sus brazos, como si temiera romperme. Sentí su corazón desbocado contra mi espalda, tan rápido como el mío.

— Perdóname… —murmuró—. Nunca debí dejarte ir sola.

Negué con la cabeza, aunque el movimiento me dolió.

— Yo… pensé que era mi culpa…

Su abrazo se hizo más fuerte, protector.

— Nunca fue tu culpa —dijo con firmeza—. Nunca.

Las sirenas comenzaron a escucharse a lo lejos. No sabía en qué momento las había llamado, pero agradecí ese sonido como nunca antes.

Cerré los ojos, agotada. El miedo seguía ahí, temblando dentro de mí, pero ya no estaba sola.

Osvaldo POV

Cuando la vi en el suelo, tan frágil, sentí que el mundo se me caía encima.

Lorenzo no se movía. El golpe había sido certero. No pensé, solo actué. Todo mi cuerpo temblaba mientras sostenía a Samantha, tratando de mantenerla despierta.

— Mírame, Samy, por favor —le pedí, con la voz rota—. No cierres los ojos.

Cuando habló, sentí que podía volver a respirar.

La culpa me apretó el pecho con fuerza. Yo sabía de lo peligroso que podía ser Lorenzo. Yo sabía que él no se rendía fácil. Y aun así, la dejé ir.

Idiota. Mil veces idiota.

Las luces rojas y azules comenzaron a colarse por las ventanas. Minutos después, el departamento se llenó de voces, pasos, órdenes.

No solté su mano ni un segundo mientras los paramédicos la revisaban.

— Va a estar bien —me dijo uno de ellos—. Tiene un golpe fuerte, pero reaccionó a tiempo.

Asentí, aunque por dentro estaba hecho pedazos.

Antes de que se la llevaran, ella me miró.

— No me dejes… —susurró.

Me incliné para que solo ella pudiera oírme.

— Nunca más —le prometí—. Te lo juro.

Y esta vez, pensaba cumplirlo.

𝙎𝙝𝙚 𝘪𝘴 𝘮𝘺 𝙨𝙤𝙪𝙡𝙢𝙖𝙩𝙚Donde viven las historias. Descúbrelo ahora