Cap. 38

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Samantha POV

El silencio fue lo primero que me rompió.

No los gritos, no la sangre, no el cuerpo de Arabella en el suelo frío del baño. Fue ese momento exacto en el que nadie hablaba, en el que todos parecían contener la respiración como si el mundo pudiera explotar si alguien decía algo mal.

Roier seguía de rodillas.

Tenía la mirada perdida, roja, deshecha. Sus manos temblaban tanto que apenas podía sostenerse.

— No fue así... —repitió—. Yo no la empujé.

Juan estaba de pie frente a él, los puños cerrados, la mandíbula tan tensa que pensé que se le iba a romper.

— Entonces explícame —dijo con una voz que no le conocía—. Explícame cómo mi mejor amiga termina muerta y tú eres el único aquí dentro.

Nadie intervino.

Ni Ari.

Ni Osvaldo.

Ni yo.

Porque todos queríamos escuchar la respuesta.

— Estábamos discutiendo —continuó Roier—. Ella quería irse. Yo no quería que manejara así. Había tomado... yo también.

— Siempre discutiendo —escupió Juan—. Siempre.

— Juan —intentó decir Ari.

— No, Ari, no me calles —se giró hacia ella—. No ahora.

Juan volvió a mirar a Roier.

— Sigue.

Roier tragó saliva.

— El piso estaba mojado... —su voz se quebró—. Resbaló. Yo intenté agarrarla, lo juro. Pero... —miró el suelo—. Cayó mal.

Un nudo me cerró la garganta.

Miré el cuerpo de Arabella. Su cuello estaba en un ángulo que no debía existir.

— ¿La tocaste después? —preguntó Osvaldo por primera vez, serio, frío.

— No —negó rápido—. Me quedé en shock. No sabía qué hacer.

Juan soltó una risa seca, rota.

— Siempre sabes qué hacer cuando es para pelear —dijo—. Pero ahora no.

Roier levantó la mirada, furioso.

— ¡¿CREES QUE YO QUERÍA ESTO?! —gritó—. ¡ERA MI NOVIA, JUAN!

Ese fue el detonante.

Juan se lanzó hacia él.

Juan POV

No vi nada.

Solo sentí.

Sentí la rabia subir como fuego por mis venas, sentí la imagen de Arabella riendo horas antes, sentí que el mundo se estaba burlando de nosotros.

Lo agarré del cuello de la camiseta y lo empujé contra la pared.

— ¡NO ME DIGAS QUE LA QUERÍAS! —grité—. ¡SI LA QUERÍAS, NO ESTARÍA MUERTA!

— ¡JUAN! —escuché voces, manos tratando de detenerme.

Pero no podía parar.

— ¡SIEMPRE LA HACÍAS LLORAR! —seguí—. ¡SIEMPRE LA LLEVABAS AL LÍMITE!

— ¡NO SABES UNA MIERDA! —me respondió, empujándome de vuelta—. ¡NO SABES CÓMO ERA CUANDO ESTÁBAMOS SOLOS!

Nos caímos ambos al suelo.

𝙎𝙝𝙚 𝘪𝘴 𝘮𝘺 𝙨𝙤𝙪𝙡𝙢𝙖𝙩𝙚Donde viven las historias. Descúbrelo ahora