El Poder Para Salvar

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En otra parte del reino, lejos del caos principal, las calles estaban cubiertas de marcas de hechizos y cráteres recientes. Varios caballeros mágicos poseídos por los elfos yacían inconscientes entre los escombros, algunos aún con sus grimorios abiertos, otros atrapados por delicadas cadenas de luz que brillaban suavemente como si fueran pétalos flotando. En medio de aquel escenario se encontraban dos figuras femeninas caminando con calma, como si pasearan por un jardín en primavera en lugar de un campo de batalla.

Beatrix avanzaba primero, moviendo su bastón con elegancia mientras observaba a su alrededor con una sonrisa relajada. Su voz salió suave, casi juguetona, mientras inclinaba ligeramente la cabeza hacia un caballero caído.

Beatrix: Ay, cariño… deberías descansar más seguido —murmuró con un tono cálido—. Luchar con tanto estrés te deja rígido… y ya sabes que a mí me gusta cuando la gente está… relajada.

Alma caminaba detrás de ella, sosteniendo un pequeño ramo de flores que había recogido durante la batalla como si fuera lo más natural del mundo. Su sonrisa tranquila nunca abandonaba su rostro mientras analizaba las huellas de mana en el aire.

Alma: Hermana, concéntrate —dijo con dulzura—. Todavía hay señales de magia élfica más adelante… aunque debo admitir que el aroma del viento aquí es agradable.

Beatrix soltó una pequeña risa y giró su bastón con gracia. Un círculo mágico apareció brevemente bajo sus pies y varias cadenas de energía se disolvieron al confirmar que sus enemigos estaban completamente neutralizados.

Beatrix: Tranquila, Alma. Ya nos encargamos de todos los que estaban en esta zona —respondió con confianza—. Aunque debo decir… estos chicos eran bastante insistentes. Casi parecía que querían abrazarme con demasiada fuerza.

Alma observó los restos congelados de un hechizo cercano y cerró los ojos un segundo, su expresión dulce tornándose analítica.

Alma: La coordinación de los elfos aquí fue eficiente… pero su flujo de mana estaba desbalanceado —comentó con calma—. Actuaban más por impulso que por estrategia. Eso nos dio ventaja.

Beatrix asintió, cruzándose de brazos mientras su capa se movía suavemente con el viento.

Beatrix: Y también porque somos brillantes… y porque tengo un talento especial para dominar situaciones difíciles —añadió con una sonrisa cómplice—. Ya sabes… me gusta tener el control.

Alma dejó escapar una risa suave mientras se agachaba para colocar una pequeña flor sobre el pecho de uno de los caballeros derrotados.

Alma: Descansen bien —susurró con ternura—. Cuando despierten, todo esto habrá terminado.

Ambas continuaron caminando entre los escombros, observando cada rincón con miradas inteligentes y calculadoras, analizando patrones de combate y rastros mágicos como si resolvieran un rompecabezas invisible. Aunque el campo de batalla estaba lleno de señales de destrucción, su presencia transmitía una extraña calma, como si incluso en medio del conflicto ellas trajeran consigo una sensación de protección y madurez.

Beatrix estiró los brazos con un suspiro ligero.

Beatrix: Hmm… creo que ya terminamos por aquí. ¿Qué dices, hermanita? ¿Vamos a ayudar a los demás antes de que alguien más se meta en problemas… o prefieres seguir recogiendo flores?

Alma levantó la mirada hacia el cielo con su eterna sonrisa tranquila.

Alma: Un poco de ambas cosas suena perfecto. Después de todo… incluso en la guerra, siempre hay espacio para algo bonito.

Las dos brujas avanzaban entre los restos de la batalla cuando una voz conocida rompió el silencio del lugar —¡Beatrix-sensei! ¡Alma-sensei!— ambas se detuvieron al instante y giraron el rostro encontrándose con Wiz y Eri que corrían hacia ellas cargando a tres figuras inconscientes atadas con sellos mágicos Luna, Iris y Mercy cuyos rostros mostraban aún las marcas del hechizo prohibido de reencarnación Beatrix entrecerró los ojos con una mezcla de ternura y análisis mientras su expresión juguetona se suavizaba al comprender la situación Alma en cambio se acercó primero arrodillándose con elegancia junto a las chicas caídas revisando sus pulsos y su flujo de mana con manos suaves y precisas como si tocara pétalos frágiles.

El joven de las llamas nocturnas Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora