Capitulo 32 **Nunca es tarde**

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Hola, como les conté estoy tratando de ser mas activa. Gracias por su apoyo. Disfruten este capitulo.

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La sala de espera estaba llena de personas, tanto este punto como las lágrimas en mis ojos me impidan distinguir alguien conocido. El dolor quemaba mi pecho pero no me había dado el espacio suficiente para liberarlo ya que durante todo el camino me había dedicado a consolar a Soumaya, quien no había dejado de llorar desde que me había dado la mala noticia. No tuve idea de cómo la había casi sacado a rastras del edificio y trepado al taxi, como había tenido la coherencia y coordinación para indicar el nombre del hospital que a duras penas me había dado la chica y sobre todo como aún seguía de pie sin derrumbarme al suelo envuelta en llanto. Hasta ese día supe que tan fuerte era y que por Skandar podía lidiar con el más grande de los dolores. Caminaba entre los doctores, enfermeras, familiares de pacientes hasta encontrarme con Zelfa, llorando, temblando y rezando, la cara entre sus manos, derrumbada en un sofá en forma de L al lado de un hombre, no era Randal. Me detuve al verla, la única verdad es que sentí coraje al verla, todo esto era los estragos de los actos cometidos hace meses, era la ley del bumerán, como cuando tiras una ficha de domino derribando todas circularmente hasta llegar al punto origen de nuevo. Ella había apoyado la idea de crear este juego, el casarme con el sin amor. No despreciaba la idea, en ese día menos que nunca, de haberme unido a la vida de Skandar pero si la de que pudiera perderlo.

Me quede ahí quieta, sin hablar, sin llorar, solo mirando la escena. Soumaya corrió a brazos de su madre quien de inmediato me miro, solo se dignó a mover los labios pero no salieron palabras, rompió en llanto como Magdalena. De mi lado izquierdo encontré a Randal, estaba recargado en la pared con las manos en los bolsillos del pantalón sastre que llevaba puesto, tenía el pelo enmarañado y los ojos brillantes, no tenía ningún gesto en su rostro pero sabía que era la máscara perfecta para ocultar el amargo dolor del momento. Al verme se deshizo de esa posición y avanzó a mí, mi única verdad quería abofetearlo, quizá era la manera en que mi cuerpo quería sacar su dolor pero me contuve. No ganaba nada, eso no haría que Skandar no estuviera en alguna sala con dos disparos en el cuerpo.

—Está en cirugía, no está bien—. Apenas le entendí—. Lo encontré frente a la empresa... — Respiro con dificultad y continúo—. Le dieron dos tiros, uno en su pierna izquierda, el otro en el vientre, ha perdido mucha sangre.... Yo.... Done... esperemos y se recupere.

Me dio tres golpecitos en el hombro y asintió. Estaba desquebrajado, era como un vidrio estrellado que con cualquier viento se quebraría en mil pedazos, pero no quería ser ese viento. No podía.

Hasta ese momento no había puesto atención a la camisa de Randal, estaba ensangrentada, y en su mejilla, aún tenía manchas dispersas de sangre... la sangre de Skandar, aquello fue fatal. Al ver esa imagen mi voz rompió el silencio y llore por fin. Randal me miro y de inmediato se avalanchó a mi enredándome en sus brazos. No supe como pero ambos terminamos quitándonos la máscara de rudeza y valentía. Lloraba a mares, temía perderlo, no verlo nunca más.

Tres horas me bastaron ahí para saber que el infierno más grande es tener a un ser amado en peligro. No había noticias, por más que seguí a enfermeras y doctores, nadie sabía nada, nadie llevaba el caso, nadie estaba informado del tema. El doctor salió acomodándose la bata, supe que era el cuándo Randal se puso de pie.

— ¿Cómo está mi hijo? — Pregunto Randal.

— Hemos hecho lo que está en nuestras manos, Skandar perdió mucha sangre, tuvimos algunas complicaciones en la operación pero ha salido bien.

Herencia De Amor ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora