CAPITULO 15: LA SALVAJE***

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Narra _____ (tn)

No entendía que era lo que me sucedía, ¿Por qué sentía tanta inquietud de esa mujer?, el no era nada mío todo era una farsa ¡todo!, su cercanía a la de Skandar me hacía sentir un nudo terrible en mi estomago pero no podía hacer nada, el y yo solo éramos dos desconocidos unidos por una maldita jugarreta de él.

-Pasa por favor- La Voz de Skandar era tan tierna hacia la mujer que caminaba sujetada el brazo de él- _____ (tn) que bien         que estés aquí ¿Por qué no tomas un café con Janneke y yo?- Me dijo mientras yo me mantenía sentada en un sofá cruzada de piernas y brazos.

-No me gusta el café- Le mentí, cosa que ya era habitual en mí desde que lo había conocido.

-Bien entonces un chocolate, te, jugo o agua- Me decía con una sonrisa de oreja a oreja- vamos el objetivo es que tu estés a mi lado- Al decir esto la rubia zafó bruscamente su brazo del de Skandar.

-Si no quiere no la obligues Skandi- Indico la Rubia.

-Pues un jugo está bien- Levante mi ceja indicándole a Janneke que no me intimidaba.

Skandar se sentó a mi lado, mientras que Janneke se conformo con estar frente a él en un sofá individual, no podía negar que la chica era atractiva, su cabello rubio y piel blanca eran relucientes, sus grandes ojos azules eran tan llamativos mientras que su estilizada figura la hacían ver como una modelo de comercial, su forma de actuar, de hablar y de vestir eran tan sofisticadas pero eso no le restaban su fastidiosa y chocante actitud hasta ese día la peor que había visto.

-¿Y a que te dedicas?- Me pregunto antes de dar un pequeño sorbo a la taza de café- Skandar no me ha dicho nada de ti solo que eres su esposita.

-Hace una semana trabajaba con mi madre- Respondí sin perderla de vista.

-¿Con tu madre?- Volteo a verme Skandar sorprendido.

-Skandi, ¿no lo sabías?- Cuestiono Janneke a Skandar que me miraba atento.

-No, no lo sabía- Le respondí- Y si con mi madre ella tiene una pequeña tienda de ropa la cual ella misma elabora.

-Así ¿de qué marca es? Tal vez la conozca- La sonrisa sangrona de la rubiecita me indicaba su burla.

-No lo sé, la ropa que elabora mi madre no es tan cara como la que tú usas- Le respondí provocando en ella una burla descarada- A veces me pregunto ¿Por qué gastan tanto en ropa la gente como tú? Si a fin de cuentas sus vestidos no logran disfrazar lo sangrón y patético de su personalidad- La rubia se quedo callada por unos minutos mirándome con todo el odio que podía transmitir yo solo mantuve mi vista fija en ella sin mostrarle la menor muestra de inferioridad.

-Eso es lo que siempre dicen los... - Hizo una pausa tratando de recordar la palabra apropiada chasqueando sus dedos mientras miraba al techo- pobres, si eso pobres, siempre tratan de excusar su forma tan ordinaria de ser con boberías.

Janneke había despertado mi furia interna, desde el primer momento que la mire me había tratado con la punta del pie pero no podía seguir consintiéndolo, eso no, me levante bruscamente del sofá hacia dirección de la flamante rubia, sus ojos estaban a punto de salir de sus orbitas mientras que pronunciaba una tras otra vez el nombre de Skandar para que este acudiera a su auxilio, el trataba de calmarme pero no me detendría, ahora no.

-¿Qué te sucede a ti?- Pregunte apuntándola con mi índice- Desde que llegaste me has tratado de la peor forma pero sabes que, eso no mas- Me detuve ante la imagen temerosa de la rubia que estaba hundida en el sofá- De mi nadie se burla, solo aquel tonto- Voltee a ver a Skandar- Pero tú, tu no, así que ¿o me tratas bien o me tratas bien?- Me acerque a ella indicándole que el miedo no radicaba en mi.

-______ (tn) por favor- Skandar me sujeto por la espalda atando mis brazos yo solo me mantuve estática, no pretendía golpearla, no hasta ese momento, lo caliente del café sobre mi pecho solo había sido el combustible para encender aun mas mi coraje, de manera hábil saque mis brazos del candado de Skandar y de forma rápida los cabellos rubios estaban entre mis manos.

-¡Aléjala de mi! ¡Skandar!- Gritaba la Rubia tratando de quitar mis manos de sus cabellos.- ¡Es una cavernícola! ¡Aléjala!

-¡______ (tn) por favor déjala! ¡Tranquilízate!

La solté después de sentir varios cabellos entre mis dedos, al menos eso le servía de advertencia, la próxima vez que me salpicara de café la dejaría calva.

-______ (tn) eres una salvaje- Skandar me dejo mientras que se acercaba a la rubia que lloraba a mares.

-Claro, yo soy la salvaje y tu eres un monstro- Gire sobre mis talones caminando hacia la puerta principal mi único objetivo salir de ese infierno detrás de mí escuchaba la voz de Janneke asegurándome que se las cobraría una por una, azote la puerta mientras caminaba rumbo a la salida sentía que me quemaba por dentro no me importaba nada solo escapar de ese lugar pronto, Salí de esa fría mansión caminando por la calle, sintiendo ganas de estallar, de gritar, de llorar, nunca había sido tan humillada como esos días.

-Ni creas que podrás irte tan fácil- Escuche detrás de mí así que decidí apresurar el paso- Detente ahora mismo ____ (tn).

-Jamás no eres mi dueño- Le respondí- Lárgate con tu rubia ella debió ser tu esposa no yo.

-¡Deja de ser tan rebelde y comportarte como una lunática!

Me detuve en seco ¿Me había dicho loca?

-¿Lunática?- seguí caminando sin voltear atrás en ningún instante- El único loco aquí eres tú, nadie obliga a casarse a una persona en sus cinco sentidos- El agarre de mi brazo me detuvo, Skandar me acorralo entre la barda de su mansión y sus brazos.

-Deja de ser tan infantil- Se acerco tanto a mí que desvié mi rostro.

-Y tu deja de ser tan despiadado, déjame ir- Trate de alejarlo pero fue imposible.

-¡Ya!- Grito tan fuerte que me dejo callada- ¿Por qué te comportaste así? ¿Esa no eres tú?

- ¿Y cómo sabes cómo soy yo? ¿No me conoces Skandar?

-No te conozco bien, pero en tus ojos veo que eres diferente, que jamás harías nada malo- Su tono de voz había cambiado a uno más tenue.

-No estés seguro de eso- Trate de alejarlo pero el solo reafirmo su postura.

-Lo estoy, eres diferente a todo, eres... - El sabor de sus labios era único, por unos segundos permanecí estática sin responderle, sin moverme pero algo dentro de mi seguía su juego, seguía la danza de sus labios, sin importar que estuviéramos a la vista de todos en plena calle, ese hombre despertaba en mi algo tan distinto a lo que deseaba sentir por él, sentir lo contrario al odio y repudio que merecía.

-Lo siento- Pronuncio al separarse de mis labios, su rostro giro bruscamente ante mi primera reacción después de unos segundos mis dedos estaban dibujados en su mejilla.

-Eres un estúpido- Trate de caminar de nuevo pero me tomo a la fuerza y me coloco en su hombro atrayendo mas la atención de todos- Déjame, eres un tonto- Golpeaba su espalda con mis manos empuñadas.

En unos minutos mas estaba en mi habitación furiosa, tratando de calmarme, maldiciendo una tras otra vez el día en que mi vida se cruzo con la Skandar Keynes.

Herencia De Amor ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora