Capítulo 12.

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Estamos en enero ahora. En enero de otro año. Otro año, que va a ser igual de mierda que el anterior. Hace exactamente veinte días atrás estábamos celebrando Año Nuevo en familia, en donde no faltó nadie. Y cuando digo que "no faltó nadie", me refiero a que no faltó absolutamente nadie. Estuvo toda mi familia... exactamente toda mi familia.

Éramos: mis abuelos de parte de mi madre, Robbert y Donatella, y mis abuelos de parte de mi padre, Frank e Ingrid; mis tíos, Sarah, Oliver, Morgan y Julio (actual novio de mi tía Morgan); mi prima, Lynn, la única que tengo hasta ahora, ya que mi tía Sarah va a tener un bebé dentro de seis meses, en Junio (así es, va a tener un segundo hijo o una segunda hija a la edad de cuarenta años), lo que significa que Lynn tendrá un hermanito o hermanita; mis padres, y yo. También estaba mi abuela, Mónica, que resulta ser tía de mi madre por parte de su madre (la abuela Donatella). No estuvieron mis tíos por parte de mi padre, ya que... mi papá no tiene hermanos.

Mis abuelas, Donatella y Mónica, son hermanas mellizas, y tienen raíces italianas. Son exactamente iguales en apariencias, pero en personalidad son bastante diferentes: mi abuela Donatella es católica, mi abuela Mónica es atea; mi abuela Donatella ama cocinar, a la otra le gusta pintar cuadros y venderlos en el Centro de Cultura que hay en el centro de la ciudad; a la primera le gusta los colores vivos, a la otra le gusta los colores oscuros. Hasta diría que mi propia madre se parece más a su tía, ya que con su madre no comparten ninguna similitud (excepto el ADN). Y, si vamos al caso, mamá varias veces me ha dicho que considera a su tía más como su madre que a su madre, debido a que cuando éstas dos peleaban (y fuerte), mamá solía irse a pasar el día entero en la casa de su tía para olvidarse un poco del asunto.

En fin, estábamos todos reunidos en la casa de mis abuelos de parte de mi madre, ya que la casa de ellos es bastante grande como para que quepamos las trece personas que éramos; aunque cenamos en el patio trasero, ya que ahí hay muchísimo más espacio que en el interior, y así podíamos respirar aire fresco (por más que haga frío). Cenamos pollo, con diferentes tipos de ensaladas de muchos colores, y de postre, pedimos helado. Mamá y yo nos permitimos comer un poco de dulce, porque, a pesar de que no podamos comer dulce todo el tiempo, si no ingerimos, aunque sea, un poquito de azúcar, nuestro nivel de glucosa en la sangre bajará y bajará, y eso puede ser fatal. Cuando probé el helado de frutillas, quise pedir más, pero mamá no me lo permitió. Comimos helado una sola vez, mientras que los demás se devoraron los tres kilos de helado en menos de diez minutos.

Qué lindo es que seamos las únicas diabéticas en la familia, ¿no?

Como sea, luego de que terminamos el helado (bah, mejor dicho, de que los demás se terminaran todo el helado), a eso de las once de la noche, Lynn y yo entramos a la casa de mis abuelos y subimos las escaleras hasta el cuarto de mi madre, en donde estaba tal y como estaba la última vez que he venido acá, que fue hace, más o menos, unos tres meses atrás. Conociendo a mamá, siempre creí que su habitación iba a estar pintada toda de negro (las paredes, el techo, la puerta...), iba a tener pósters góticos y de bandas de rock pegados en las paredes, cortinas negras, sábanas negras, y demás cosas. Pero no, todo lo contrario (bueno, no todo, pero la mitad de las cosas sí): las paredes están pintadas de un lindo color crema con algunas rayitas finitas de color negro, el techo blanco, un armario de madera, en donde tiene varias letras J mayúsculas de color blanco, negro y gris pegadas por toda la madera de su armario, un escritorio, sábanas moradas, cortinas de tul negras, y una enorme y negra letra J mayúscula pegada del otro lado de la puerta. No es tan del estilo de mamá como creí que lo iba a ser, pero es bastante lindo.

Lynn y yo nos habíamos quedado allí hasta que mi queridísima tía Morgan nos gritó desde abajo para que bajemos, más o menos a las doce menos cuarto de la noche. Y digo queridísima, porque digamos que... no me agrada la tía Morgan como me agradan mis otros tíos. En otras palabras, odio a la tía Morgan, ya que cada vez que mis padres me dejaban al cuidado de ella cuando yo era niña (antes de quedarme muda), lo único que hacíamos era pelear, pelear, y pelear. ¡Ah!, y arrojarnos cosas, casi destrozando el departamento en donde solíamos vivir mis padres y yo antes de tener nuestra cada propia. En cambio, su novio, Julio (irónicamente, July en español), me agrada mucho, y es todo lo contrario a la tía Morgan. Todavía es que me pregunto cómo es que la aguanta...

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