VIII

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Me estaba rompiendo frente a tus narices y no te dabas cuenta. Deseé que me miraras, que verdaderamente lo hicieras, y que la realidad fuera solo una pesadilla.

Pero la pesadilla era una realidad.

Besaste mi mejilla y me helé.

Tus labios fueron la muerte.

Mi corazón, un suspiro maltrecho.

Y esa taza de café... el inicio del olvido. 


Un café para olvidarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora