Capítulo 2: Crecer en Hogwarts

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*Emma POV*

Siempre supe que era diferente. Nadie más en todo el castillo hace lo que yo hago, y eso que solo tengo 5 años. Me dí cuenta de eso cuando Severus vio mis animales de luz y casi se desmaya. Él los llama Patronus y dice que son una magia muy avanzada. Igual que mis cambios de apariencia que tanto impresionan a Minerva. Algunas veces hasta sorprendo a Hagrid cuando los centauros se quedan charlando conmigo sin hacerme daño y me enseñan sus secretos. Los profesores están preocupados por mí, los oigo susurrar mi nombre en los pasillos, se preguntan unos a otros cómo van a hacer para enseñarme magia si ya la conozco casi toda. A veces me siento triste por ser tan diferente.

-Señorita Emma, Roy ha venido a escoltarla a la cabaña del señor Hagrid, señorita.- me avisó Roy, uno de los elfos de la cocina. Le sonreí con dulzura y me aparté de la ventana en la que estaba apoyada.

-Claro Roy, te sigo.

Caminamos por pasillos secretos y pasadizos que sólo los elfos conocen hasta que llegamos a la cabaña de Hagrid, el guardabosques de Hogwarts. Él le agradeció al elfo y luego me miró.

-Hola Emma, ¿Cómo estás hoy?- me pregunta, con su habitual sonrisa.

-Muy bien Hagrid, ¿y tu?

-Excelente. ¿Te parece si vamos a dar una vuelta por el bosque? Pensé que tal vez te gustaría alejarte de las cocinas por un momento.

Asentí agradecida. Las cocinas del castillo eran mi hogar. De día me quedaba allí con los elfos y a veces los profesores me buscaban para darme clases en un cuarto alejado, pero siempre en las cocinas. De noche salía con la ayuda de Fergus, un elfo muy alegre que me acompañaba por el castillo y me enseñaba sus secretos. Y gracias a Merlín existía Hagrid para sacarme del castillo de vez en cuando. Caminamos un momento en silencio. Cuando me cansé y me dolían las piernas, el guardabosques me alzó en sus hombros y recorrimos la mitad del bosque. Me llamaron la atención unos caballos negros que no recordaba haber visto antes y se los señalé a mi acompañante. Noté como se puso tenso antes de responder.

-Son Thestrals. Son caballos mágicos muy raros y fieles, Emma. Si alguna vez necesitas ir a algún lado, puedes usarlos.

Agradecí la propuesta, pero sabía que no los usaría. No podía salir del castillo, por mucho que lo deseara. Dumbledore no me permitía abandonar los terrenos de Hogwarts, ni siquiera podía ir a Hogsmeade.

-¿Hagrid?

-¿Qué pasa nena?

-Me gustaría salir del castillo alguna vez.

El semi-gigante me miró con una mezcla de sorpresa, remordimiento y lástima. Ambos sabíamos que eso nunca iba a pasar, pero se puede soñar.

*4 años después*

A veces creo que ser diferente es lo mejor que me pudo haber pasado. No es que las cosas aquí hayan cambiado mucho ni nada por el estilo, pero siento que no podrían ser mejores. Ya no necesito a Fergus para escapar de las cocinas y creo que está muy aliviado por eso, ahora me escabullo sola por pasadizos escondidos de los demás y casi todas las noches corro al campo de Quidditch. Ahí monto en una escoba y por unos minutos, soy libre. Vuelo a través de los postes y recorro los terrenos, sintiendo el viento en mi cara. Cuando está por amanecer, bajo de la escoba y corro de vuelta al castillo. Y por esos pequeños momentos, sé que ser diferente de los demás en bueno.

*1 año después*

-Feliz cumpleaños Emma- me dijo Minerva, entregándome un hermoso paquete dorado. Le agradecí el gesto y lo abrí con cautela. Me había regalado el libro de cuentos de Beedle el Bardo. Sonreí antes de dejarlo a un costado junto con una escoba (de parte de Madam Hooch), una planta que florecía todo el año pero no daba siempre las mismas flores (de parte de la profesora Sprout), un paquete gigante de chocolates de Hogsmeade (de parte de Severus y Dumbledore) y faltaba el regalo de Hagrid.

-Espero que lo disfrutes Emma- me dijo al entregarme un paquete todo negro. Lo desenvolví con cuidado y lo que encontré dejó boquiabiertos a todos en la sala. Hagrid me había regalado un huevo de dragón.

-Hagrid...- empezó a reprocharle mi papá.

-Me encanta Hagrid, gracias.- lo interrumpí, de verdad complacida con el regalo.Después de eso, nadie dijo más nada sobre el peculiar regalo. La celebración terminó temprano y todos nos fuimos a la cama. A la madrugada me levanté por un vaso de agua y después de saciar mi sed me dirigí a la torre de Astronomía. Quería ver las estrellas, pero antes de entrar un golpe me persuadió. Me acerqué a la puerta y pude ver a Dumbledore, Severus y Minerva discutiendo.

-Tiene derecho a saber.

-Lo tiene Minerva, pero es solo una niña. No necesita saberlo ahora, mientras más tiempo se lo ocultemos mejor.

-Albus, merece conocer la verdad.- dijo la mujer y miró a Snape.

-Señor, ¿no cree que será raro para Emma ver a todos los alumnos de primer año ser escogidos por el sombrero seleccionador mientras ella está escondida en las cocinas? Lo descubrirá tarde o temprano.

-Prefiero que no lo descubra jamás.

Me separé de la puerta, abrumada por lo que acababa de escuchar. Debía descubrir algo pero...¿qué? Escuché pasos que se acercaban y me aparté de la puerta justo cuando se abrió. Las 3 personas salieron y ni siquiera notaron mi presencia ahí. Volví a las cocinas y me acurruqué en mi cama. ¿Quería estudiar en Hogwarts como alumna de una casa, con premios y castigos? Si. ¿Quería conocer gente nueva? Si. ¿Me importaba la casa en la que podría llegar a quedar? No. Entonces...¿porqué no me dejaba Dumbledore? ¿Qué había hecho que tomara esa decisión? Me acomodé para dormir sin notar que el huevo de dragón que me había regalado Hagrid se mecía al costado de la cama de una forma peligrosa.

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Acá un nuevo capítulo, no me convence mucho pero es necesario que esté para que puedan entender el siguiente. Gracias por leer :)


Secrets and Lies {Completa}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora