Capítulo 11: El retorno

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Harry Potter se encontraba mirando el techo de su habitación en Privet Drive cuando ruidos que provenían de la cocina le llamaron la atención. Se levantó a toda prisa y agarró la varita que descansaba en la mesa de luz al lado de su cama. Se acercó a la puerta listo para enfrentar el peligro, pero se sorprendió cuando la cerradura pegó un fuerte chasquido y la puerta se abrió de par en par. Vaciló un momento y salió de la habitación, se colocó al final de la escalera y al mirar hacia el vestíbulo se encontró con seis o siete personas que le devolvían la mirada. Bajó un poco las escaleras y la luz iluminó las caras de los intrusos. Estaban Ojoloco Moody - el verdadero- Remus Lupin, una bruja llamada Nymphadora Tonks, un mago llamado Kingsley Shacklebolt, otro llamado Dedalus Diggle y una bruja de nombre Hestia Jones. Harry los miró a todos sorprendido. Le explicaron que estaban allí para llevarlo a un lugar seguro, guardaron todas sus cosas y partieron en escoba. 

Llegaron al número 12 de Grimmauld Place, donde se encontraba el cuartel general de la Orden del Fénix. Harry ingresó a la casa, que se encontraba escondida de los muggles, y de inmediato preguntó por Ron y Hermione. Una vez reunidos los tres amigos, se dedicaron a contarle a Harry todo lo que había pasado desde que habían dejado el colegio ya que por orden de Dumbledore ninguno de los dos tenía permitido comunicarse con él. El enojo de Harry por haberlo mantenido desinformado todo el verano crecía y crecía hasta que finalmente explotó. Les gritó a Ron y a Hermione por no haber intentado comunicarse con él y todo lo que se había guardado desde la desaparición de Emma salía a la luz. Sus amigos lo miraron sin saber como reaccionar hasta que finalmente se calmó. Fred, George y Ginny aparecieron para hacerle compañía al trío, por lo que se quedaron los 6 juntos hasta que se les permitió salir de la habitación en la que estaban.  Cuando los llamaron, bajaron en silencio hacía el vestíbulo donde se encontraron con el retrato de una mujer que más tarde sería identificada como la madre de Sirius Black, el padrino de Harry. La señora Weasley llamó a todos los demás a comer. Harry observó que en la mesa se encontraban Lupin, Tonks, todos los Weasley menos Percy y Charlie, Hermione y un mago al que todos llamaban Mundungus. Harry señaló que sobraba un lugar y todos se miraron sin decir una palabra. De pronto, apareció un elfo en la entrada de la cocina acompañado por...


*Harry POV*

-Emma- susurré, mirándola como si nunca antes la hubiera visto. Llevaba el pelo un poco más largo y no tenía su brillo característico. Sus ojos eran grises, sus brazos estaban llenos de cicatrices y su Marca Tenebrosa color rojo brillaba con una luz propia.

-Hola hermano.

Me levanté apresuradamente y corrí para abrazarla, pero el elfo me detuvo.

-Nadie puede tocar a la señorita Malfoy.

-Potter. Soy una Potter.- lo corrigió Emma, a lo que el elfo bajó la cabeza y susurró que lo recordaría. Miré a mi hermana esperando una explicación, pero ella sólo me sonrió y se dirigió a su lugar en la mesa. Sirius se levantó para acercarle la silla y la cena comenzó con tranquilidad. 

-No entiendo... ¿Cómo escapaste de Voldemort?

-No... Digas... Su... Nombre.- me pidió Ron, pero no me importó. Me importaba mi hermana.

-Harry, no es una historia agradable y no todos aquí desean escuchar lo que pasó. Si te soy sincera, ninguno confía realmente en mí. Pero prometo que después de cenar hablaremos tranquilos tu, yo y cualquiera que desee oír. Ahora, te lo ruego, comamos.

-¿Chowder sabe que estas aquí?

Emma bajó la mirada y supe la repuesta. No dije otra palabra y me senté al lado de Sirius. El ambiente de la mesa se volvió tenso y nadie dijo una sola palabra mientras nos servíamos la comida. Al finalizar la cena, Emma se levantó de su lugar y se retiró sin decir una palabra.


*Emma POV*

Me senté un momento en las escaleras del vestíbulo. Me faltaba el aire. Kreacher, el elfo, se apresuró a preguntarme si necesitaba algo, pero negué con la cabeza. No había pasado tanto tiempo, pero ver a Harry otra vez había sido más de lo que podía soportar. Respiré profundamente para tranquilizarme cuando una discusión entre Sirius y Molly me dejó sorprendida. Sabía que el padrino de Harry quería incluirlo en la Orden cuanto antes y conocía también que la señora Weasley no estaba de acuerdo, pero nunca me hubiera imaginado que se pondrían a pelear en el primer día de Harry en la casa. Me levanté enfurecida, no iba a permitir más peleas dentro de la casa.

-BASTA.

Todos en el comedor se giraron a mirarme y Kreacher se puso adelante mío.

-Señorita Potter, vamos arriba. Es hora del antídoto señorita.

Pero no lo escuché, mis ojos estaban fijos en Sirius y en Molly.

-Ninguno de los dos tiene el derecho de decidir sobre la vida de Harry. Merece saber que está pasando con Voldemort y es un derecho que se ganó por su cuenta. Si no le van a contar ustedes la versión oficial de los hechos que ha recabado la Orden, me encargaré yo misma de contarle mi versión no oficial y no va a ser nada bonita. Ustedes deciden.

-Le contaremos lo que podamos, pero por favor cálmate Emma. Tu pelo esta rojo de nuevo.

Cerré los ojos y respiré. Tonks tenía razón, necesitaba calmarme. Le dije a Harry que lo esperaría en su habitación y subí las escaleras sin esperar una respuesta. Kreacher me alcanzó un vaso con una poción dorada dentro y lo tomé sin decir nada. Le agradecí al elfo y este se retiró, dejándome sola con mis pensamientos. Noté como la habitación cambiaba de color y se volvía toda negra, pero desde que Voldemort había comenzado a entrenarme me pasaba muy seguido. Mis poderes se salían de control cuando yo me salía de control. Grité para alertar a los demás, pero nadie acudió en mi ayuda. Las paredes empezaron a crujir y el cuadro de la familia Black que rezaba "Toujours Pur" cayó al piso. Cuando la casa comenzó a temblar, Kreacher apareció de la nada y consiguió calmarme. Harry se acercó detrás de él e intento abrazarme una vez más, pero lo detuve.

-Harry...No puedes tocarme porque me salgo de control. Sin Chowder para medir mis poderes, soy un peligro para todas las personas en esta casa. Por eso no confían en mí y no acuden a mis gritos de ayuda.

No le importó mi explicación. Me abrazó de todas formas. Y rompí en llanto, porque no hay nada más doloroso que saber que vas a abandonar a tu única familia. Otra vez.

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Espero que les guste, gracias por leer :)



Secrets and Lies {Completa}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora