Montamos en el todoterreno, esta vez dejan que vea hacia dónde vamos. La venda no está, pero el silencio sí. Hay tensión, no solo porque yo esté aquí, también entre ellos, es como si no se llevaran bien.
Llegamos a una especie de refugio, dentro hay tres quads. Parece que vamos a cambien de vehículo. Alguien debe llevarme, solo espero que no sea el de las gafas de sol, es el que peores vibraciones me da. El de las gafas dice que si trato de huir me disparará y dejará que me desangre en esta inmensidad. Me atan de pies y manos, pero no me ciegan. El de gafas monta solo, los de los ojos marrones montan juntos, por tanto yo iré con el de ojos azules o eso espero.
Me monta en el quad y él se siente detrás de mí, de tal forma que puede conducir. Vamos bastante rápido, el viento juega con mi pelo y no deja ver al chico de ojos azules.
No sé cómo, pero hemos llegado a un complejo, al ser de una tonalidad marrón se confunde con la arena. Bajamos en silencio, es decir, me baja como un saco de patatas, y dos figuras (probablemente hombres, nuevamente) nos abren las puertas.
Por dentro todo es gris. Me llevan a una sala, no sé a dónde me dirigen pero mis piernas sí.
Una vez allí, una sala nuevamente gris, me sientan y atan mis manos al silla. No se fían de mí. Entra otro más, con comida, solo es un bocata pero me da igual. Trato de cogerlo, se me había olvidado que estaba atada. Todos se ríen. Su voz es roca y no le pega con esos ojos, a mí no me hace gracia y a mi estómago tampoco pues ruge.
Entra alguien más en la sala, viste un traje muy elegante, parece el jefe ya que todos paran. Me mira y parece satisfecho. Acerca una silla, se sienta y parece que va a darme de comer pero yo le vuelvo la cara. Me dice que tengo que comer, mi respuesta, haz que me desaten y podré comer. Alguien se ríe y lo tapa con un ataque de tos. El hombre elegante se marcha antes de él salen el resto de los hombres y al de ojos azules le manda desatarme.
Cuando todos se han ido, saca una navaja y me desata. Se quita el pasamontañas, y se le borra la sonrisa al ver que no me abalanzo sobre la comida. Sus fracciones se endurecen, mas sus ojos suplican, al final tiene que obligarme a comer. Parece un padre preocupado dando de comer a su hija pequeña, eso me hace reír y se me va la comida por otro lado. Qué bien un ataque de tos, casi me ahogo, me da de nuevo de su cantimplora para acabar con mi ataque.
Alguien llama a la puerta y sale, dejándome desatada. No intento huir, no creo que pudiera hacerlo. Entra de nuevo y me levanta de la silla pero no me ata. Entra una chica y un hombre la escolta. Él dice que no recuerdo -¿pero el qué?- a ella la da igual, se abalanza sobre mí y casi nos caemos. Entonces la recuerdo, es mi hermana pequeña.
Apena me dejan estar unos segundos con ella. En cuento notan que la reconozco, porque lloro, se la llevan. Él me pide que me levante, pues cuando se llevan a mi hermana me siento nuevamente en la silla, y me lleva a otra celda, esta no tiene cuatro paredes, solo tres y muchos barrotes donde debería estar la cuarta pared. Nuevamente las paredes son grises, ¡que sorpresa! Abre, entramos y me ayuda a sentarme. Se pone de espaldas a los barrotes y me dice que me comporte, lo dice con amabilidad, y que me vigilan cámaras, no graban el sonido -añade. Si quiero preguntarle algo este es mi momento -pienso. Le pregunto su nombre, él ríe y dice que lo acabaré recordando.
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Mar de arena [En pausa]
Ficção AdolescenteAcabo de despertar, estoy desorientada, cansada, pero necesito ponerme en pie. Solo veo arena, arena y más arena. Es cálida, tostada y parece un desierto. Me pongo en pie, tan solo sigo viendo arena. Portada hecha por @wattpcovers ____________ Regis...