Prólogo

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Secretos Ocultos.

Prólogo

—No, no y absolutamente no —aquella regla de que se encuentra completamente prohibido conducir mientras una persona habla por teléfono fue violada rotundamente por mi padre— ¡Claro que no Bradley! ¡No! ¿Acaso no entiendes lo que es un simple no? ¡Ya te lo he dicho más de cinco veces! ¡No dejaré que hagas una fiesta en mi casa!

Miré por la carretera, aún faltaban millas para poder llegar.

—Mira, que te haya dejado a cargo mi casa por una sola noche no significa que hagas fiestas y te descontroles —suspiró cansado—. ¡Es para que te centres en tus estudios y tengas mayor tranquilidad para concentrarte!

Por el tono de voz pude descifrar que mi padre se encontraba verdaderamente cansado de todo esto. Aunque bueno, ¿quién lo estaría cuando debes dejar la casa al mando de mi jodido hermano Bradley?

Fue sencillo notar que la conversación se había dado por terminada, mi padre lo había dejado bastante claro al arrojar el móvil con desesperación hacia el asiento trasero. Lo entendía, claro que lo entendía. Si las personas piensan que es demasiado complicado criar un hijo normal, es porque no se dan una idea de lo que es criar un Bradley. Usualmente mi vida cotidiana se basaba en despertar a la madrugada en medio de una fiesta y ser la típica hermana del chico musculoso y querido por todos.

—Algún día estrangularé a tu hermano.

Reí ante su comentario.

—Yo podría contribuir en eso si tú quieres —lo miré con una pequeña sonrisa—. Es más, puedo apostarte veinte a que si hará la fiesta.

—Pues yo no voy a aceptar ni hacer ninguna apuesta contigo porque siempre pierdo. Y vamos, estamos hablando de tu hermano, obviamente que hará esa maldita fiesta.

—Jodido Bradley.

Papá río suavemente.

—Estoy seguro que lo extrañaras, aunque sea un poco —hice una mueca exagerada ante su comentario, provocando una risa más fuerte de su parte—. Ahora sí Brooke, cambiemos de tema, pongamos un poco mas profundos y dime, ¿Cómo estás? ¿Emocionada por mudarte a Bakersfield?

Me acomodé en mi asiento y bajé un poco la música que estaba sonando en la radio.

Mudar, vivir, respirar.

¿Acaso a alguien le interesaba mi opinión? Daba igual.

Oh vamos, no te pongas dramática Brooke.

Está bien. Lo admito. ¿Extrañaría la gran ciudad donde he pasado años viviendo y creciendo? ¡Claro que lo haría! Esto era muy nuevo y repentino para mí, como si volviera a empezar.

Empezar de cero. Otra vez.

Bakersfield era uno de esos pueblos de los cuales todos los habitantes se conocen con todo el mundo. Al igual que los chismes vuelan de boca en boca. No me malinterpreten, había vivido allí hasta mis siete años. Genial, ¿no? Criarte en un pequeño pueblo donde lo único interesante que ocurre es dormir la siesta media tarde. Luego tu padre consigue un gran trabajo en una de las mejores empresas del país y ¡Boom! De repente estábamos en las grandes calles de Nueva York, así es, dos niños y su padre viviendo en la Gran Manzana.

¿Qué podía salir mal?

Oh, sí.

Un estúpido asenso de trabajo.

—Si, eso creo.

Díganme a quién diablos le gustaría mudarse teniendo diecisiete años y comenzar una vida completamente nueva. Nuevo instituto, nuevos amigos, nueva vida, pues permítanme decir que a mi no.

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