"Real" fueron sus palabras de alguna vez, un amor real que el mismo vivió hace mucho tiempo.
El Príncipe Thranduil un ser frío, arrogante, calculador y con un gran conocimiento y experiencia a todo menos a algo que nunca lo vio posible. Su propio...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Entre a mi habitación furioso, arenero contra la puerta, me sentía humillado por el trato de mi padre y peor aun, sabia que tenia el poder de hacerlo, yo era un príncipe el un Rey. Maldición.
—Como se atreve a tratarme de ese modo.— camine dando vueltas como un animal enjaulado, mi pecho ardía de la ira, parecía un volcán que buscaba un motivo para sacar todo lo que llevaba a dentro.
La oportunidad llego cuando escuche la puerta ser tocada con sutileza, la daga que llevaba en el cinturón fue a dar con gran fuerza en ella agrietandola enseguida, Mitriell segundos después ingreso, me miro y luego la daga en la pared haciendo un gesto.
—Lárgate, no deseo ver a nadie.—Mitriell ingreso y extrajo la daga de la puerta de un solo movimiento.
—Lo lamento mi alteza, su padre...
—Fui claro con respecto mi decisión sobre los intrusos del reino, ese enano no merece una sentencia , solo la muerte, ese es mi veredicto.
—Entiendo su molestia mi Señor ,pero su padre es alguien justo si me permite decir y nombra lo establecido una vez por la reina.—lo mire.—Respeta lo que un día estableció, una igualdad para todos.—Me recordó lo que mi madre dijo una vez.—La muerte solo atrae mas muerte amigo.
Desvié la mirada y pensé en mis siguientes palabras.
—La muerte se gana a quien lo busca.—me cerque a el.—De allí vienen el apodo del bosque negro, mi reino, y el castigo que doy a quien va en contra de lo que deseo y quiero.
—Tenemos el temor de los demás y al mismo tiempo el poder de todo lo que deseemos.— Mitriell hizo un gesto.—Incluso la fuerza de dar batalla a reinos invencibles pero realmente ¿lo es todo?.
—¿Qué mas hay después de eso?.— susurre sin comprender lo que deseaba decirme.
—Si dejaras de lado tu deseo de obtener mas sobrepasando a otros, matando para causar respeto entenderías lo que digo.— sonreí de lado, no era necesario decir mas, no daba el motivo.
—¿ Te refieres a una compañera?.— Mitriell iba a decir algo pero enseguida levante la mano.—Te concedo el hecho de la diversión de una noche, las concubinas son...desestresantes ante un día de trabajo y agobió aunque puede ser demandantes ante el sexo.— Mitriell negó con la cabeza y miro hacia un lado.—Siempre piden mas y terminan aburiendome.— camino alejándome de el hacia la puerta dándole una ultima mirada.
— ¿A donde iras?.—escuche que dijo a mis espaldas mientas ya caminaba por el pasadizo.
—No tengo que darle explicaciones a nadie.— lo mire por breves segundos.—Mucho menos a ti.— puede que sea mi capitán de la guardia y un amigo cercano pero no tenia que explicarle cada movimiento que daba.
Salí del castillo montando mi caballo, la noche devoraba en oscuridad el bosque, la luna estaba sobre mi menguante pero aun así alumbraba mi camino, me adentre mas al bosque, quiero despejar mi mente de todo, no desea pensar en nada ni en nadies mucho menos en mi padre, cabalgue por algunos minutos mas sin rumbo alguno, conocía a la perfección mis territorios por lo que nunca me perdería, era imposible .