Confianza

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Thranduil se había ido y yo había tomado la decision de quedarme, no tenía idea de lo que pasaría conmigo, no sabía si Thranduil aún quería seguir con el compromiso y ayudar a mi pueblo pero por una parte estaba aliviada ya que Bolthen ya no estaba en el palacio ahora estaría lejos de aquí y podría ayudar a su pueblo por lo que me pasara luego conmigo ya no importaba.

Me deje caer en la cama e intente dormir algo, quería solicitar todo esto y explicar mejor las cosas lo poco que conocía a Thranduil es que no iba a dejar las cosas así de fáciles y eso era lo que mas temía de él, poco a poco el sueño comenzó a ganarme y caí rendida.

Abrí los ojos al escuchar la puerta ser tocada, frote mis ojos tratando de despejar mejor mi vista, las horas de sueño no habían sido las suficientes.

—Adelante.—dije y enseguida un grupito de mujeres ingresaron, reconocí a una de ellas de la primera vez que llegue al palacio.

—Buenos días alteza.—la más antigua me reverencio y las demás no tardaron en seguirla.—Nosotras somos sus mucamas personales la ayudarnos en todo lo que necesite, enseguida le preparamos el baño y un vestido adecuado para usted.

—Ahm...¿ El rey lo ordeno?.—pregunté hacia la sirvienta, nunca había tenido este tipo de atención y menos lo necesitaba.

—Fue el príncipe alteza, es constunbre del reino que la futura reina tenga su propia ayuda de recamara.—solte un suspiro cansado, no podía ir en contra de las reglas de Thranduil por lo menos no ahora que tenía todo en mi contra. Sonreí a la fuerza y me dispuse hacer lo que deseaban.

—¿Fueron ustedes que eligieron los vestidos?.—tenía una bata blanca casi traslúcida que se pegaba a mi cuerpo por lo mojada que estaba, como ellas dijeron me ayudaron en el baño como si fuera una niña pequeña ahora esperaba ser cambiada, arreglada, peinada y etc Cosas más.

—No alteza, todo lo que ve aquí fue decidido por el príncipe Thranduil.—repase con mis dedos algunos de mis cabellos mojados mientras ella peinada el resto.

—¿Como te llamas?.—pregunté mirándola por el espejo, ella bajo la mirada.

—Me llamo Mimiel alteza.—le sonreí y tome su mano, ella se estremeció por mi toque.

—Me gustaría mucho que nos llevaramos bien Mimiel.—ella sintió he iba a decir algo pero la puerta de mi dormitorio se abrío en par de par sobresaltandonos, me levanté de inmediato al verlo.

—Todas fuera.—me quedé de piedra al ver a Thranduil de pie en mi habitación.

—Si alteza.—contesto la más antigua, las demás solo la siguieron dejándome allí frente a él. Thranduil cerro la puerta sin dejar de verme en ningún minuto.

—Tenemos cosas que hablar.—trague saliva nerviosa.—Bonita bata.—abrí los ojos y baje la mirada, había olvidado lo que tenía puesto, está cosa era casi transparente, levanté la mirada y me encontré con el.

—Quiero vestirme.—agradecí que mi voz no sonará débil pero el no me obedeció.— Thranduil... Si no te vas.

—¿Gritaras?.—sonrió tomando con delicadeza mi mentón.—Hazlo si deseas, nadie se atrevería a molestarme aún más sabiendo que soy tu prometido.—miró mis labios.—Lo único que pensarían por tus gritos es que adelantamos la luna de mil.

—¿Que quieres?.—me safe de su agarre pero me arrepentí de hacerlo, Thranduil me tomo de la cintura apegandome más a él.

—No te atrevas a darme pelea Loriel, cualquier movimiento y te irá muy mal.—me centre en su mirada tratando de captar lo que me decía pero casi no podía por los escándalos latidos de mi corazón.

El inicio de un amor Real©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora