Noticias Agridulces

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No encontraba sentido alguno el querer la liberación de ese enano, sobretodo proviniendo de un elfo, nuestras razas siempre se habían odiaba, los enanos son seres codiciosos, llenos de ambición y trucos baratos, eran seres repulsivos y no podía encontrar alguna relación con la mujer y él.

No podía concebir la idea de un gusto mutuo entre ellos, cerré los ojos lleno de asco, si alguna vez se llegase escuchar alguna abominación como esa en la tierra media la muerte para ambos estaría muy bien justificada.

Mire la espada en  medio de la mesa y como esta relucía ante el fuego de la chimenea, puede que esa mujer nunca mas vuelva pero aun así deseaba saber el motivo  de querer traspasar mis tierras, arriesgándose  solo por un enano.

—Thranduil.— maldije en voz baja al escuchar a mi padre ingresando al salón.— ¿que es lo que  sucedió? 

— me haré cargo de ello, no necesito que te involucres.—me levante del sofá y me dirigí  a la mesa para tomar la espada.

— ¿esa espada de donde la sacaste?.—la eleve en el aire para apreciarla mejor, no cabía duda que era hermosa, podía conservarla si su dueño no volvía por ella.

— como te dije es algo de lo que me haré cargo.—lo mire y me dispuse a salir del salón

— Thranduil espera , necesito hablar contigo  de algo  muy importante.—me tenía con ese maldito tema desde antes pero ahora no tenia las benditas ganas de oírlo.

— ahora ya es demasiado tarde para tus temas  de importancia.— lo mire.— sea lo que sea tendrá que esperar a mañana , claro si estoy de humor.— salí del salón mientras oía los gritos de mi nombre en su voz.

 Me dirigí a a mi  dormitorio para poder conciliar las pocas horas de sueño que tenía, ahora no solo tendría los problema del reino  si no también a ese  intrusa. Estaba pasando en alto algo y fue allí que me di cuenta de lo que tenía a mi favor.

Tome la espada y me dirigí a las celdas subterráneas, el gran bosque negro era famoso por saber que nada ni nadie salia de esas celdas, aquí solo encontraban la muerte ya sea por nuestra mano o por la suya misma.

Me pare delante de la celda que se había designado al enano, este estaba sentado en el suelo encadenado a la pared como el animal que era, vi una sonrisa en su rostro y volteo a verme.

  — ¡valla!, su alteza real bajo de su pedestal para reunirse con los plebeyos.— me mira.— ya me dejo en claro su veredicto.— alce la barbilla mirándolo con desdén,  el estaba muy por debajo de mi.  — ¿se le ofrece algo príncipe?.

  — quiero que me contestes algo y reconsiderare tu ejecución.— entorno los ojos hacia mi.— contestame algo enano.

— Bolthen.— dijo.— mi nombre es Bolthen.—lo ignore.

— hoy tuve un día estresante no solo uno ingreso a mis terrenos.— este se levanto del suelo.— una mujer atravesó mi bosque y en su huida dejo esta espada  en el camino.— dije mostrándola, mire con atención la reacción del enano mientras miraba aquella espada. La reconocía.

— ¿mujer...una mujer la trajo consigo?.—pregunto.

  — una elfa.— me miro abriendo mas los ojos.— me pidió algo que me deshubico por completo.— el enano retrocedió hasta la pared.— dime enano , tu sabes quien es el dueño de ella ¿verdad ? es una elfa sin duda, pero deseo saber ¿quien es?. —dio un paso hacia su celda mientras el daba varias hacia atrás volviendo a su lugar de antes.

— no, no se de quien es.— se cruzo de brazos .— como usted bien dice es una elfa, una de su raza, usted debería saberlo, como se imagina  que yo...

El inicio de un amor Real©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora