Solo mía

3.4K 159 7
                                        

No sé en qué momento se pasaron las horas, la noche o incluso la mañana, fui despertada por el leve toque en la puerta, al comienzo no sabía muy bien donde me encontraba pero casi de inmediato todo lo ocurrido ayer se comenzó a armar en mi mente.

Ya no estaba en mi reino, había vuelto al Bosque negro y al lado de Thranduil, me senté en la inmensa cama examinando el lugar, las pesadas cortinas habían sido corridas para que el sol logrará ingresar, eso me permitió ver con más claridad el lugar donde estaba, y sin duda le faltaba vida y color.

La puerta fue tocada nuevamente. Acomode mi cabellera lo mejor que pude, ya que Thranduil no se hallaba conmigo pudiese ser él que tocaba la puerta.

—Adelante. —enseguida ingreso Mimiel con una sonrisa de lado a lado.—Mimiel, hoy iba a ir verte.—no pude evitar sonreírle al verla, de verdad que me alegraba con verla.

—No tiene idea de cuánto me alegra de verla, pensé...Creí que nunca más la volvería a ver. No pude contenerme luego de saber lo que hizo el príncipe Thranduil.—de inmediato mi sonrisa se esfumó, me había olvidado por completo el gran espectáculo que dimos.

—Deja eso allí y ven aquí.—dije al verla con la charola del desayuno en las manos, Mimiel hizo lo que le pedi y tomo asiento en la cama.— El pueblo sabe de...lo que sucedió con esa mujer.—ella bajo el rostro dejando que algunos cabellos castaños cayeran por su rostro, no podía negarlo, Mimiel era muy hermosa, castaña, ojos color miel, piel cremosa y obviamente menor que yo por lo que aún mantenía esa inocencia y timidez en sus acciones y palabras.

—Lamento mucho lo que pasó y sí, el palacio lo sabe pero aún no se qué tanto ha llegado a los oídos del pueblo, lo que hizo...lo que ellos hicieron es algo imperdonable.—claramente ví como apretaba los puños contra las sábanas, era evidente su molestia, solte un suspiro al escucharla.—Lo lamento alteza pero...

—Está bien, y tienes razón, pero, creo que fue más fuerte lo que siento por Thranduil que lo que hizo.—sonreí entre molesta y divertida.—Te aseguro que si esto le estuviera pasando a alguna amiga estuviera justo ahora tan molesta como tú, pero...avecez hay acciones que se toma de las cuales la razón no comprende pero si el corazón, y a Thranduil...Lo amo, solo quiero olvidar todo y comenzar de nuevo.

—La comprendo alteza.—dibujo una sonrisa que reconocí.—Se lo que siente y sé el dolor de ser lastimada por quien amas.—frunci en ceño al escucharla.—Lo lamento alteza, no debí decir...

—Está bien.—tomé su mano con la mía.—Ahora somos amigas, debemos escucharnos y...

—¿Amigas?.—su cara era de asombró por completo.—Alteza no creo...

—Tu eres mi dama de compañía Mimiel, eres como mi amiga, y puedes confiar en mí así como yo confío en tí.

Mimiel iba a decir algo pero la puerta fue abierta de un momento a otro.

—Lo lamento, crei que estabas sola.—Mimiel enseguida se levantó e hizo una reverencia.

— Thranduil.—sonreí al verlo, él ingreso y camino sin perder la vista en mi.—Mimiel, luego hablamos.—mi nueva amiga hizo una reverencia hacia mi, luego salió de la habitación.

—Creí que dormías.—hablo pero esta vez no se movió de su lugar.

—Y yo que dormías conmigo.—replique a lo cual el sonrió.—¿Dónde estabas?.—sus gestos se endurecieron.

—Areglando mis errores.—frunci en ceño y baje las piernas hacia el suelo, me arrepentî de hacerlo, sentí un tirón muy fuerte en la herida lo que me hizo doblarme en dos.—Demonios.

—Es mejor que no te levantes.—me sorprendí al ver a Thranduil ya a mi lado, evitó tocarme en todo momento eso no lo deje desapercibido.

—Siempre habrá una cicatriz como recuerdo de lo que te hice. Lo lamento.

El inicio de un amor Real©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora