Capítulo XXIII

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~ La barrera ~

Harry estaba en lo cierto. El hotel estaba cerca, y llegamos después de unos minutos. Me detuve frente a la fachada. No era un hotel cualquiera. Era sin lugar a dudas uno de cinco estrellas, con enormes escalones de mármol que ascendían hasta la entrada. La recepción del hotel me dejó alucinado. Después de la orquesta en el teatro, aquello era doblemente lujoso y yo era demasiado consciente de que esa sería la primera y última vez que estaría en un lugar así. Intentando mostrar indiferencia, contemplé la alfombra roja, las estatuas de mármol y los techos elevados, mientras Harry nos registraba en la enorme recepción. Él seguía comportándose de forma extraña. No daba las gracias a nadie y parecía desconcentrado. Traté de tomar su mano cuando nos encaminamos hacia el ascensor, pero él se limitó a apretarla una vez antes de soltarla. El ascensor también era dorado, y me quedé embobado mientras subíamos varios pisos a toda velocidad. Con un sonidito, las puertas se abrieron a un piso en la que solo había una puerta.

Abrí la boca.

-¿Nos han dado un piso entero?

Harry se encogió de hombros.

-Es una suite

Sí. No cabía duda de que algo le pasaba

-Ya

Harry deslizó una tarjeta gris por la cerradura magnética, y las puertas se abrieron de golpe para revelar la habitación de hotel más lujosa que había visto. Más que una habitación, era un departamento de lujo. Tenía un salón con un televisor grande como pantalla de cine, una chimenea controlada con mando y un baño con un jacuzzi en el que se podía nadar. Solté un chillido y entré a toda prisa en el salón para dejarme caer en el sofá.

-En este sofá cabría una docena de personas -grité-. ¿Cómo lo entraron por esa puerta? ¡Oh, mira, chocolates!

Rompí la caja negra para abrirla y busqué entre los distintos sabores. Elegí uno con almendras y me lo llevé a la boca. Todavía con entusiasmo, me acerqué rápidamente a las ventanas y corrí las cortinas. No me había percatado que estábamos muy altos. Se alcanzaba a ver muchos kilómetros de ciudad. Liverpool lucía mucho más bonita que antes, tapizada de blanco. Creo que mi entusiasmo quería acabar con el estado de ánimo de Harry. No estaba seguro de en qué momento había cambiado, pero había pasado de alegre a raro entre la estación de trenes y el hotel. Yo estaba tiritando, así que supuse que lo mejor que podía hacer era dejarlo solo hasta que se le pasara el enojo.

-Voy a darme un baño

Tampoco obtuve respuesta, así que me encerré en el baño. Mientras el agua salía a chorros de los grifos gruesos y dorados, experimenté con todos los aceites de baño gratuitos que había y vertí el líquido para baños de burbujas. Cuando el jacuzzi estaba lo bastante lleno, me quité todo y me metí en el agua caliente y espumosa. Fue un regalo del cielo. No me había dado cuenta del frío que tenía hasta que estuve sumergido en aquel baño de temperatura deliciosa. La presión de los chorros eliminó todo el estrés que me había causado la nieve, el no volver a casa y la extraña conducta de Harry.

Después de una hora salí al dormitorio. El televisor de la habitación estaba encendido, y Harry lo miraba, sentado en la cama. Seguía de malos ánimos, y apenas me miró, pero entonces vi algo aún peor. Harry había construido una barrera en medio de la cama de matrimonio. Había utilizado todos los cojines del sofá y las almohadas que sobraban para crear una separación enorme cubierto con una sábana. Él estaba acostado de lado, con la vista fija en el televisor. Me inundó un mar de emociones. Pánico, disgusto, pena, confusión, pero por encima de todo estaba la ira. Y, en vez de tranquilizarme, apagué la tele, tomé un zapato y se lo tiré a Harry.

Destinados » LarryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora