~ Visita ~
Era de medianoche y estaba llorando arriba de la cama. Lloré como nunca lo había hecho antes. Metí mi cabeza por debajo de la almohada y así me quedé sintiéndome ahogado por mis sollozos. Intenté cerrar mis ojos con fuerza para detener las lágrimas, pero cada vez que lo hacía, veía la cara de frustración de Harry y volvía a sufrir otro ataque de histeria.
Todo estaba pasando por un chico. Si lo contaba, nadie se lo creería. Hace una semana, no me interesaba en absoluto ningún hombre y sin embargo ahora estaba destrozado por un estúpido guitarrista al que ni siquiera había besado.
Mis sollozos se remitieron poco a poco y salí de la almohada para abrazar mis rodillas. Realicé mis ejercicios de respiración hasta que me calmé lo suficiente para mirarme al espejo que tenía en frente. Mi imagen me horrorizó. Tenía la cara hinchada, mis ojos estaban muy rojos y eran apenas visibles debido a la hinchazón.
-Pareces un monstruo, Louis -murmuré.
Me quedé allí pensando en lo ocurrido en los últimos días e intentando obtener una respuesta a todo. La gente tiene razón al decir que se pierde la cabeza cuando nos enamoramos. Pero para mí era tan difícil de entender porque no creía en los enamoramientos y en todo ese rollo de las parejas perfectas.
Estaba desecho.
Había dejado de lado toda mi aversión al amor sólo porque había conocido a un tipo con melena. Tal vez era más que eso y Harry tenía razón, ¿Qué estaba pasando entre nosotros?. Antes de meterme a la cama intenté convencerme que pronto esos sentimientos hacia él desaparecerían.
(...)
Trás la llorera del día anterior, me había pasado la mayor parte del martes escondido en el instituto para no toparme con nadie. Cuando el timbre sonó, salí a toda prisa hacia el estacionamiento. Allí me esperaba mi papá, que me había pedido una cita urgente con el doctor Emmett. Lo divisé en el auto, con la mirada intranquila desde detrás del volante. Cuando llegué, me acomodé en el asiento del acompañante y le dediqué una sonrisa sincera.
-Hola, hijo. ¿Has tenido un buen día en el instituto?
-Oh, sí. Supongo
-Estás mintiendo -Las capacidades psíquicas de los padres no dejaban de sorprenderme-. Bueno, ¿Has aprendido algo nuevo?
-Sí. Un montón de cosas -contesté-. En la clase de psicología hemos visto un vídeo de cómo funciona la mente de los violadores y qué los lleva a cometer sus actos
Él arqueó una ceja. -Entiendo
Subí el volumen de la radio para evitar más preguntas y ambos nos quedamos mirando el parabrisas finjiendo que disfrutábamos de la canción ochentera con un título ridículo, algo así como "tu amor me hace más fuerte".
Cuando llegamos a la consulta del psiquiatra o más bien dicho, al manicomio, abrí la puerta del auto. Mi papá tiró de mi brazo antes de salir y del bolsillo sacó el cheque para el doctor Emmett. Me invadió la culpabilidad cuando divisé la cantidad escrita con su letra cursiva. No sólo lo estaba preocupando, sino también lo estaba obligando a gastar dinero por mis problemas.
-Gracias -dije avergonzado.
-Paso por ti dentro de una hora
-Está bien
Bajé del coche con torpeza y me abrí camino hasta la consulta. La recepcionista me recibió, una vez más, con alegría y yo hacía vista gorda a los controles de seguridad antes de pasar a la sala de espera. Las paredes intimidatorias estaban pintadas de un amarillo chillón, y había flores frescas por todas partes para disimular el olor a hospital.
Me quedé sentado mientras echaba un vistazo al ambiente allí dentro. Algunos pacientes se saludaban entre sí y se dedicaban pequeñas sonrisas. Finjí estar concentrado en una revista para detener mi vista en las vendas de las muñecas o los arañazos en la cara de algunos, y me preguntaba para mis adentros: "¿Qué problema mental tendrán?"
Después de diez minutos oí que anunciaban mi nombre en el altoparlante y golpeé timidamente la puerta de la consulta del doctor Emmett. Sabía que él me esperaba.
-Adelante -lo oí decir, y abrí la puerta.
Estaba sentado en su silla de cuero negro, de esas que valen una fortuna para los coleccionistas. La oficina tenía una decoración moderna. Algunos pocos cuadros colgaban en las paredes blancas, y en una de las esquinas de su escritorio había un ordenador. La mesa cuadrada de vidrio estaba en frente de mí, separando su silla con la "mía", y una caja de pañuelos se hacía muy visible en el centro.
-Buenas tardes, Louis -permanecí callado en mi puesto pensando en la inevitable pregunta que venía a continuación-. ¿Cómo te sientes hoy?
-Bien -hablé de prisa.
-Pero, ¿Cómo estás, sinceramente?
Di un suspiro. Todo me parecía forzado. Quería salir de ahí y escapar de su interrogatorio, pero cuando se me vino a la cabeza el cuantioso cheque que llevaba en el bolsillo, hice un esfuerzo por ayudar.
-He sufrido dos ataques de pánico en la última semana
Supongo que el doctor no se esperaba eso. Comenzó a escribir a toda velocidad sobre la hoja de su libreta. Lo normal era que me sucediera una vez al mes.
-Vaya -dijo-. ¿Y eso no es habitual, verdad?
-No
Terminó de escribir y me observó por encima de su libreta.
-¿A qué crees que se deba esto?
¿En serio? ¿Así es cómo trabaja un psicólogo? ¿Formular preguntas en un tono agradable y sereno para cobrar 75 libras la hora? Me encogí de hombros como restándole importancia a lo que había pasado con mis ataques.
-No sé
Él volvió a escribir sobre el papel.
-Tu padre, cuando llamó esta mañana, me ha dicho que sufriste el primero de tu ataques durante un concierto, ¿Eso es cierto?
-Así es -dije-. Me hizo vomitar y todo
-¿Vomitaste? -preguntó, mientras escribía a toda prisa-. Eso no había pasado antes, ¿verdad?
-No
-Cuando sufres unos de tus ataques... ¿Recurres a las técnicas que te he enseñado?
Asentí.
-¿Y has practicado tus ejercicios de respiración?
-Todas las mañanas
El doctor Emmett parecía perplejo. Un poco incómodo por mis respuestas. Me quedé callado, jugando con mis pies, dejando que él reflexionara en silencio.
-¿Ha ocurrido algo nuevo esta última semana? ¿Algo distinto que haya podido causar los ataques?
Mi mente me llevó a Harry, y me invadieron las ganas de llorar nuevamente. Pero no podía ser él el causante de todo. Era una estúpidez. De todos maneras, aunque lo fuera, no podía hablar de Harry en frente del doctor Emmett. Sería algo demasiado vergonzoso.
-Louis, puedes confiar en mí. Estamos en un entorno seguro y no voy a juzgarte.
El doctor había captado mi cambio de expresión, y eso me ponía en problemas. Necesitaba evadir la situación lo antes posible. Aunque él tuviera la razón, aunque él fuera un hombre de confianza, no podía simplemente decirle: "Estoy perdiendo la cabeza por un chico". Era ridículo. Así que respiré hondo y solté una mentira.
-Creo que -pensé en Harry y dejé fluir mis lágrimas-. Es por mi padre. Estoy muy preocupado por él. Mantenemos una relación de abuso emocional...
Entonces me tendió la caja de pañuelos desechables y continuamos con la sesión.
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Destinados » Larry
Fiksi PenggemarPara Louis el amor adolescente como el de Romeo y Julieta solo existe en la literatura, pero esto cambia cuando conoce al chico que le hará creer que el amor sí existe en la vida real, y no es tan malo como parece. Lo que ellos no saben es que ambos...
