Capítulo XXV

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~ Quiero hacerte el amor ~

Después de pasarnos casi toda la tarde platicando en la tienda de bolos, corrimos hacia la salida por el pasillo vacío. Pasamos un momento por la recepción para recoger nuestros abrigos. Riendo, nos pusimos a besarnos. De hecho, mis labios parecían incapaces de prescindir de la compañía de Harry. Nos deteníamos una y otra vez para darnos besos, algunos apasionados y otros risueños. Cuando estábamos a punto de salir, Harry me atrajo hacia sí para un último beso. Me empujó contra la pared con todo su peso, y sus manos exploraron mi cuerpo. En el momento en que hicimos una pausa para respirar, observé que el guardia de seguridad gordo estaba delante de nosotros, fulminándonos con la mirada.

-Nos están viendo -susurré.

Reímos mientras nos abríamos paso hacia la salida. Se me había olvidado que debía de estar lloviendo. Y, en efecto, llovía a mares. Cinco segundos después de salir, los dos estábamos empapados. Sostuve el abrigo por encima de mi cabeza, intentando proteger mi ropa de la lluvia.

-¿Por qué siempre nos pasa esto? -le dije a Harry, en voz muy alta para hacerme oír por encima de la lluvia.

-No lo sé-gritó, con gotas cayéndole por el rostro-. Pero comienza a hartarme

El viento soplaba con tanta fuerza que nos costaba caminar hasta la parada del taxi. Por suerte pillamos un taxi enseguida. Harry me tendió la mano para ayudarme a subir al auto. En cuanto la tomé, sentí otra sacudida eléctrica. Me senté lo más cerca de él después de ponerme el cinturón de seguridad.

-Esta lluvia es absurda -comentó el taxista, sin percatarse de que la mano de Harry acariciaba mi pierna-. Nunca había visto nada así. Y hace pocos días tuvimos aquellas nevadas

Sus palabras poco me importaban. De hecho, apenas me fijé en las gotas de lluvia que chocaban contra las ventanillas. Era como si la lujuria me hubiera encerrado en una burbuja. Lo único que me importaba era la mano de Harry sobre mi pierna y lo placentero que resultaba su contacto.

El trayecto me pareció eterno, pues estaba ansioso por quedarme a solas con él. Mi memoria no dejaba de evocar imágenes eróticas de su cuerpo. Por fin, el taxi se detuvo y Harry le tiró dinero al conductor antes de sacarme del coche. Corrimos bajo la lluvia, entramos en el edificio y fuimos directo al ascensor. En cuanto nos encontramos solos, la cosa se puso más caliente. Nada de conversaciones. Harry me empujó contra la puerta del ascensor y nos besamos. La alarma sonaba repetidas veces, indicándonos que habíamos llegado al piso, pero nos quedamos donde estábamos, con las puertas abriéndose y cerrándose, sin importarnos que alguien nos viera. Las manos de Harry subían por mi espalda, despacio y solté un grito ahogado cuando llegó a mi ropa interior.

Entonces se apartó de mí.

-Harry, ¿qué pasa? -pregunté.

-Así no, Louis. Quiero algo más que esto

Me quedé perplejo.

-¿Qué estás diciendo? ¿Es que ya no tienes ganas?

Harry se rio.

-¡Claro que tengo ganas! Es la primera vez que lo haremos -explicó, pasándose las manos por el pelo mojado-. Pero quiero que sea especial, no un sexo rápido fruto de una revolución hormonal -clavó los ojos en los míos-. Quiero hacerte el amor, Louis

-Yo también lo quiero así

-¿Podemos entrar en el piso ? ¿Me dejarás tranquilizarme para que deje de restregarme contra ti como un animal en celo?

Asentí, me tomó de la mano y me guio hasta la puerta de su departamento. Abrió y entró él primero. Lo seguí y lo miré, desconcertado, mientras caminaba de un lado a otro.

-¿Qué haces?

-Solo enciendo unas velas -Sacó un encendedor y comenzó a encender algunas en su mesa de centro. Al mirar a mi alrededor, me di cuenta que había velas por todas partes.

-Así que habías colocado velas, ¿eh? -dije, sonriendo-. ¿Cómo sabías que me acostaría contigo esta noche?

-No lo sé... No pretendía... Solo tenía la corazonada... ¿De qué te ríes?

-Bueno, creo que yo también sentía lo mismo

Nos miramos por un momento, y Harry se sentó junto a mí. Esta vez, me estrechó contra sí con fuerza.

-¿Estás seguro de que quieres hacerlo? -susurró-. Porque estoy dispuesto a esperar si no quieres

Lo abracé y dejé que su aroma a manzana me tranquilizara.

-Totalmente seguro

(***)

El computador empezó a emitir sonidos. Con gran rapidez, ella se puso a teclear bruscamente y a formular ecuaciones matemáticas. Joe se inclinó hacia ella en el asiento e intentó leer el código, pero desde aquel ángulo le resultaba imposible.

-Mierda -Exclamó la doctora. Nunca había soltado una palabra como esas antes.

-¿Qué ocurre?

No estaba seguro de que quisiera oír la respuesta. El corazón le martilleaba en el pecho, la adrenalina le recorrió todo el cuerpo y la respiración se le aceleró. Sin embargo, ignoró estos síntomas.

Ella no le respondió enseguida. Le temblaba el labio inferior.

-¿Qué ocurre? -preguntó él de nuevo, intentando que su voz no transmitiera el temor que sentía.

-Tenemos que llegar cuanto antes-dijo ella-. No estoy segura de que tengamos tiempo suficiente -Hizo girar el computador para que Joe pudiera verlo. Él se fijó en el código y realizó los cálculos rápidamente.

-Dios mío -fue lo único que pudo decir.

La doctora se inclinó hacia delante.

-Tiene que conducir más rápido -le ordenó al conductor en tono autoritario.

-Señora, estoy conduciendo en medio de una tormenta. Voy lo más rápido posible sin ponernos en peligro

-Si no acelera, no llegaremos a tiempo y morirá de todos modos -aseveró con tranquilidad.

Joe notó una opresión en el pecho causada por el terror. La doctora tenía razón. ¿Se acercaba el fin? ¿Después de todo lo sucedido, no conseguirían llegar a tiempo?

El conductor se rio.

-Qué graciosa

-No estoy bromeando. Y, ahora, conduzca a toda velocidad

El hombre pisó el acelerador y el velocímetro marcó los ciento cincuenta kilómetros por hora. La lluvia caía contra el vidrio mientras Joe miraba hacia el exterior. De repente, a través de la oscuridad, divisó una señal, rodeada de dos focos.

"Bienvenidos a Londres"

Joe tragó en seco.

-Hemos llegado

~

¡Holaaaaa!

No puedo, chicas. Que alguien controle a estos hombres llenos de lujuria, pasión desenfrenada, presos del pecado!1!uno!

Sí, era muy necesario dejar el capítulo ahí, pero acepto todo tipo de insultos...

*Se va andando en patines*

Ignacia

Destinados » LarryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora