10
—¿En serio no le importa que me quede aquí a dormir? —preguntó Daniel con aquella voz aflautada que tanto odiaba—. Le prometo que será solo esta noche. Mañana, en cuanto acaben de pintar mi nuevo apartamento, no les molestaré más.
—Por supuesto que no —comentó Marcos con indulgencia—, pero nada de armar jaleo a la noche. Algunos tenemos que madrugar.
Eva puso los ojos en blanco ante la sonrisa juguetona que se le había puesto a su tía en la cara. Meter a Daniel en aquella casa era como juntar el hambre con las ganas de comer.
—Ni se te ocurra acercarte a Carmen —le amenazó tan pronto se alejaron lo suficiente—. Te estoy ayudando, así que no me fastidies.
—¿En serio crees que tengo ganas ahora de jugar?
Si por ella fuese, diría que quería jugar siempre. A pesar de todo, la manera en que aquellos ojos grises la miraban pidiendo comprensión la enterneció.
—Dudo mucho que el señor Menéndez nos encuentre aquí —comentó intentando cambiar el tema de conversación—. Así que podemos descansar tranquilos esta noche.
Y era justo lo que necesitaba. Poder estar tranquila una noche entera para poder poner sus ideas en orden. Todo había sucedido tan rápido que ni siquiera había tenido tiempo de asimilarlo.
Cuando abrió la puerta de su cuarto, el olor a vainilla y caramelo le llegó arrastrando todas las malas sensaciones que tenía.
—Así que esto es lo que quieres de mí —añadió Daniel con tono solemne—. Iluso de mí que pensé que podría dormir solo.
A medida que la idea de lo que estaba sugiriendo entraba en la mente de Eva, sus mejillas empezaron a sonrojarse.
—¡No, no! —añadió moviendo sus manos frenéticamente—. Te equivocas, es solo que aún es muy temprano y mi tío podría sospechar algo si nos vamos a la cama sin hablar.
—¿Segura? —preguntó con una sonrisa mordaz.
—¿Te estás burlando de mí? —preguntó incrédula.
Daniel se mordió el labio con picardía intentando no estallar en carcajadas.
—¿Y qué si lo estoy haciendo?
—¡Serás...!
Incluso empujándole con las dos manos, apenas si le movió unos centímetros. Cuando Daniel empezó a reír, fue un sonido tan extraño en él que la descolocó por completo.
—No me dirás que te has enfadado —la preguntó intrigado al ver cómo le estaba mirando—. Era una broma.
—No, no es eso. Es solo...
—Solo ¿qué? —preguntó impaciente.
—Se me hace raro verte reír.
El esplendor de su sonrisa bajó en intensidad al oírla. Mientras miraba al suelo, intentó hacer memoria de cuándo fue la última vez que se había reído de verdad. No era capaz de recordarlo.
—No suelo tener muchos motivos para hacerlo.
—Tienes una vida curiosa. Lo reconozco —confesó Eva con una mirada traviesa—. Pero eres una buena persona.
—¿Y cómo estás tan segura?
—Te bajaste del coche —Eva se sentó en la cama visiblemente cómoda—. Pocos lo habrían hecho.
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El secreto de Daniel
RomanceEva Lighstorm, tiene una vida de ensueño. La belleza la ha bendecido, la inteligencia le ha tocado y el dinero mana como si nunca fuese a parar. Todo en su mundo es perfecto hasta que se tropieza con Daniel, un misterioso y atractivo muchacho que pr...
