—Usted es Frank Menéndez —afirmó Eva reconociéndole de la entrevista en televisión—. El marido de Catty.
El hombre arrugó la nariz. En su mirada pudo sentir que el desprecio hacia ella era mucho mayor ahora que le había reconocido. Con ademán descuidado, se subió los guantes como si quisiera asegurarse de que estaban bien puestos mientras valoraba ese pequeño inconveniente.
—No tengo nada contra ti —añadió en un tono demasiado condescendiente—. Solo estás en un mal sitio en el peor de los momentos. Si no vuelves a abrir la boca, a lo mejor sales de esta con vida ¿Te ha quedado claro?
—Sí —respondió Eva.
La mueca que puso Frank en su cara era de triunfo.
—¿No te dije que para salir con vida no tenías que abrir la boca? —Acercó su pistola hasta su cabeza y le retiró un mechón de la cara—. Siempre me pareció que las rubias no sois demasiado inteligentes.
—Déjala en paz —le ordenó Daniel con tono arisco.
Como si hasta ese momento no se hubiese dado cuenta de su presencia, el hombre desvió su atención hacia él.
—Así que el mocoso, aparte de para follarse a mi mujer, tiene pelotas para hablar. —El desprecio apenas si disimulaba la ira que sentía—. ¿Sabes lo difícil que es dar contigo? Por si fuese poco, encima tienes varios pisos con distintos alias. ¿Es así como despistas a la mayoría de los maridos? —Notó como el muchacho apretaba la mandíbula sin dejarse amilanar por su sarcasmo—. Aunque viendo como vives, no puedo culparte de aspirar a más tirándote a la puta de mi esposa. Dime ¿es en esta cama donde se la metías?
Apuntó el arma a la cara a Daniel que ni siquiera pestañeó. El odio con el que le seguía manteniendo la mirada a aquel hombre, desafiaba la lógica y la razón.
—La chica no tiene nada que ver. Deja que se vaya y haré lo que me pidas —pidió con voz segura.
Eva le miró como si no pudiese creerse aquel gesto. Se veía que aquel hombre le quería matar y tan solo se estaba preocupando por ella. Quiso pedir clemencia, decir algo que apaciguase los ánimos a ese asesino, pero estaba segura de que si abría la boca solo empeoraría la situación.
El señor Menéndez le miró como si de verdad se estuviese planteando durante un segundo aquella propuesta. Mirándola de soslayo, empezó a pasear por el cuarto examinando todo al detalle.
—¿En serio has sido capaz de traer a mi mujer a un sitio así? —Hablaba para sí mismo sin esperar respuesta. Con la pistola, cogió una toalla del suelo y la levantó antes de dejarla caer de nuevo—. Y pensar que a mí me discutía cuando no podía alquilar la suite presidencial en algún hotel. Vivir para ver ¿no crees?
—Eso dicen —respondió Daniel.
—De todas formas, no me extraña que me haya costado tanto encontrarte. Yo también escondería mi existencia si este fuera mi pisito de soltero. —Mientras hablaba, empezó a abrir un cajón tras otro—. Y que conste que te doy un aplauso por tu esfuerzo. Realmente conseguir lo que hiciste tiene su mérito. ¿Puedo preguntarte cómo lo hiciste?
Daniel sacó una sonrisa sádica antes de responder.
—Le ofrecí lo que un hombre le haría si tuviese lo que hay que tener. No como el marido ese con el que se casó.
Frank dejó de rebuscar para quedársele mirando. Se acercó blandiendo el arma de manera peligrosa mientras Eva aguantaba la respiración. Cuando levantó la pistola y la bajó con fuerza sobre la cara de Daniel, le hizo perder el equilibrio.
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El secreto de Daniel
RomanceEva Lighstorm, tiene una vida de ensueño. La belleza la ha bendecido, la inteligencia le ha tocado y el dinero mana como si nunca fuese a parar. Todo en su mundo es perfecto hasta que se tropieza con Daniel, un misterioso y atractivo muchacho que pr...
