Capítulo 23. Jayden

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— ¿Me estás diciendo que he estado bebiendo café descafeinado todo este tiempo? —le pregunto a princesa mientras guío el carrito del supermercado por el pasillo de cereales y galletas.

Se vuelve a reír de mi desgracia y yo solo me muestro indignado, digo, ¿Qué clase de persona malvada hace eso?

— Fue mi venganza por llevar yogurt natural en lugar del de fresa—me responde encogiéndose de hombros.

— ¿Te das cuenta de lo malvada que es tu mamá? —hablo con Kian que está sujeto en mi pecho con algo que parece una mochila, creo que princesa le llamó canguro para bebés, pero como eso no suena para nada varonil yo diré que es una pequeña mochila donde Kian se acomoda plácidamente en mi pecho, descubrimos hace poco que se tranquiliza más fácil si lo cargamos de esta forma y como no quiero que princesa se canse casi siempre la uso yo.

— No es maldad y mi bambino lo sabe a la perfección—se acerca a nosotros, yo el agarro de sorpresa para acercarla y que Kian quede en medio de los dos.

— ¿Te das cuenta que ya va durmiendo menos? —ahora sueno fascinado por todos los cambios que he estado notando en Kian, ella se enternece y acerca su mano para acariciar mi rostro, ese simple gesto me encanta, así como cuando estamos sentados viendo películas y se acerca para jugar con mi cabello, su cercanía me hace sentir bien.

— Todavía lamento haberle contando a Emily sin consultártelo antes—esa es otra cosa, cuando me dijo que su amiga ya sabía la verdad, me exalté un poco, ahora corríamos el riesgo de que se le fuera la lengua y mis padres supieran de Kian.

— Sí confías en ella intentaré hacer lo mismo, solo recuérdale el riesgo que corremos aquí si llega a decir algo a cualquier persona—asiente en acuerdo con lo dije.

— También quería darte las gracias por todo esto, he estado trabajando duro para ayudarte con los gastos del departamento—eso me rompe un poco el encanto, porque hemos tenido esta conversación muchas veces— Jayden, yo sé que no lo necesitas, pero míralo de esta forma somos como compañeros de cuarto y es extraño solo vivir sin aportar nada.

— Princesa, tu departamento no estará habilitado por mucho tiempo, parece que van a preferir derribar el edificio quiero que sepan que mi lugar es tuyo—agarro la caja del cereal de muchos colores que sé que le gustan a ella y como por contradecirme ella agarra el cereal de chocolate y malvaviscos que sabe me gusta a mí.

— Pues cuando tenía mi departamento yo aportaba para los gastos—eso me hace frenar el carrito y suspirar.

— Está bien princesa, eres jodidamente terca ¿En qué te gustaría ayudar?

— ¡No digas esas palabras frente al bambino!

— Pero si no entiende lo que estoy diciendo—me justifico levantando las manos, mi señal de paz no le bastó porque se cruzó de brazos, sabía lo que quería y maldíganme si no se lo daría así que lo hice.

— Bueno princesa, eres muy obstinada ¿En que se te ocurre que puedes ayudarme para sustentar nuestra vivienda? —mi corrección la hace reír y avanzar de nuevo.

— Tal vez mientras esté ahí puedo pagar la mitad del alquiler.

— Ya pagué el contrato completo por seis años.

— ¿pagaste seis años de renta al inicio del contrato? —parece sorprendida de la información que le acabo de dar.

— Sí, te lo dije, siempre supe ahorrar mi dinero, además mis padres podían darme cantidades innecesarias de efectivo con solo desaparecer de sus eventos sociales para no avergonzarlos—recordar eso es un agridulce. Así que verifico la lista y veo que nos falta el pan integral— ¿Podemos llevar dos paquetes esta vez? —le pregunto con ambos paquetes de pan, princesa asiente y echa un bote de mantequilla de maní.

Todo por élHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora