«Perfecto», pensó Martijn. Él nunca había estado con nadie con quien se hubiera sentido tan cercano como con _____ en aquel momento. Le pareció que todas sus vidas habían estado encaminadas a aquel momento. Unidos de espíritu desde que eran niños, por fin habían creado la última unión y sintió que siempre habían estado destinados a ello.
Pensando en ella, se movió con cuidado, pero sintiendo la perfección que encarnaban juntos.
- ¿Estás bien? -murmuró
- Muy... muy bien.
Los ojos le brillaron
Martijn se retiró y avanzó de nuevo. Sí. Y otra vez más.
- Oh. _____!
- Martijn... Martijn.
El asombro en sus ojos y la riqueza con que pronunció su nombre era todo lo que necesitaba saber. _____ estaba con él. Martijn deslizó una mano tras sus nalgas y la mantuvo firme mientras transmitía un ritmo más apremiante. Ella lo siguió con rapidez, acompasándose a sus embestidas. Su trasero era suave y al notar la flexión de sus músculos bajo su palma supo que ella había empezado a participar para volverlo loco.
Muy loco. Pronto. Martijn cambió el ángulo para rozarle los senos con su torso y apretar el botón sensible entre sus muslos para que llegara con él.
La respiración de ella se hizo jadeante y supo que había encontrado el punto y que debía aguantar todavía un poco. Esa primera vez quería darle el regalo de saber lo bueno que podía ser, las alturas que podría escalar con él dentro de ella.
Los ojos de ella se abrieron y la respiración se desbocó. Aquella respuesta aceleró la de Martijn. Nunca hubiera creído que hacer el amor podría ser así. El cuerpo de _____ se arqueó para recibir sus embates apretándose alrededor de él. Cuando en los ojos de ella vio que se acercaba el momento, Martijn lanzó una carcajada exultante.
- ¡Sí! -gritó.
- ¡Oh, Martin! -se arqueó contra él-, Estoy......
- Sí -bramó él con voz ronca de deseo-. Ahora eres una mujer.
«Mi mujer», pensó.
Con una embestida final consiguió que el paraíso lloviera sobre ellos.
_____ permaneció tendida en las almohadas al lado de Martijn con la bandeja sobre un cojín mientras picaban los aperitivos que había preparado. Martijn estaba comiendo con apetito, pero ella había perdido interés por la comida.
Miró a Martijn por centésima vez con una sonrisa.
- Lo hemos hecho muy bien, ¿verdad?
Él se quedó con el melocotón a medio camino de la boca y la miró.
- Sí. Tú también pareces muy contenta contigo misma.
- Lo estoy -agarró un racimo de uvas negras y se metió una en la boca-. Estoy orgullosa de nosotros. Creo que hemos sido fantásticos. Mucho mejor de lo que hubiera esperado.
Después de tragar un trozo de melocotón, Martijn hizo un gesto a su alrededor.
- No lo sé. Mirando todo esto, yo diría que esperabas mucho.
- Los libros dicen que el hombre es un animal visual y yo intentaba asegurarme que te excitaras a conciencia. Quizá si me hubieras visto con unos pantalones conos y una camiseta no lo hubiera conseguido.
Martijn lanzó una carcajada tan fuerte que casi se atragantó.
- _____, ya tenía una erección de camino aquí sólo con pensar en lo que íbamos a hacer.
- ¿Sí? -ella sonrió-. ¿Así que lo del teléfono funcionó?
- ¡Sabía que lo habías hecho a propósito!
- Por supuesto. Igual que hiciste tú lo de los guantes.
- Y tú me dejaste aquel mensaje insinuante en el contestador. Casi se me caen las maletas cuando oí lo del hielo delante de mi madre.
- Bueno, no quería que perdieras el interés.
- No creo que hubiera podido.
- En serio, Martijn. Según lo que he leído, las mujeres mantienen con más facilidad los sentimientos de pasión en la distancia mientras que los hombres son más de: "ojos que no ven, corazón que no siente". No quería que perdieras el interés.
