- No tanto como el tuyo -dijo él-. Dedicándote todo el día a bañarte mientras yo me he partido el trasero arreglando una valla.
Kimberly asomó por detrás de la espalda de _____ para mirar a Martijn y se rió.
- No tienes el trasero roto, tío Marty.
Eso seguro, pensó _____ al recordar los magníficos músculos y la forma en que se tensaban cuando... Territorio peligroso, pensó. Acabaría sonrojándose y eso era algo que nunca hacía en presencia de Martijn. Se puso a la fila del mostrador detrás de Cindy y Joe, y Martijn se acercó detrás de ella, su presencia tan evidente como si la estuviera tocando.
Kimberly miró a Martijn por detrás de _____.
- Cuando sea mayor, voy a casarme contigo.
- Eso me convierte en un hombre afortunado.
_____ se estremeció al imaginarse aquellas palabras en otro contexto diferente al de una niña pequeña.
- Eso si no me caso con Buddy, de mi escuela del domingo -añadió la niña con solemnidad- Siempre está intentando besarme.
_____ se rió y bromeó con seriedad.
- ¡Eh, pequeña rompecorazones! No puedes declararte a un chico y al minuto siguiente anunciarle que vas a casarte con otro. Tienes que tomar una decisión.
- Entonces prefiero al tío Marty.
- Gracias, Kimmy. ¿Puedo darte un beso?
- Claro. Tú no babeas como Buddy.
- Eso intento -Martijn se inclinó hacia adelante y la besó-. Ya está, ya es oficial.
Estaban de broma, se dijo _____, así que no tenía sentido aquella opresión que sentía en el pecho ante la idea de que, algún día, Martijn se prometería de verdad. Y sin duda, la invitaría a la boda, porque después de todo, eran amigos íntimos.
_____ posó a Kimberly en el suelo y le pasó su helado de chocolate antes de agarrar el suyo.
- Gracias, Evie.
Cuando la niña se fue a la mesa donde estaban todos los demás, _____ se dio la vuelta hacia Martijn, que estaba más tentador que cualquier helado de chocolate. Sus cuñadas estaban muy ocupadas en charlar y evitar que los niños cometieran algún desastre, así que no les prestarían ninguna atención.
_____ sintió unas repentinas ganas de hacer una diablura y le dirigió una mirada lánguida a Martijn.
- Aunque me encantaría aprovecharme de ti, éste es mi favorito.
Entonces pasó la lengua por el borde del cucurucho.
Martijn la miró con sorpresa.
- Así, si lames la parte de arriba, puedes sorber todo el helado -dijo, demostrando su técnica sin dejar de mirar a Martin.
Él siguió mirándola, agarrado al mostrador con tanta fuerza, que los nudillos se le pusieron blancos.
- ¿Señor Garritsen? ¿Sabe ya lo que va a tomar?
Martijn no apartó la mirada de _____.
- Ah, sí. Lo mismo que ella.
- Ya va.
- No puedo creer que estés haciendo esto -susurró.
- ¿Comer un helado? -sonrió con inocencia-. Eso es lo que hace todo el mundo en el Creamy Cone.
- Pero no de esa manera.
- Exactamente de esta manera. He comido millones de helados así.
- Pero no justo después de...
