Por fin, Joan alzó la mano para pedir silencio.
- Bájala por favor, Martijn. Sarah y yo vamos a ir hasta ese árbol a tener una pequeña conversación acerca de salir corriendo en los aparcamientos.
- Yo no corro -anunció Joe.
- Yo tampoco -coreó Jason
- Ni yo -gritó Kimberly desde los brazos de _____.
- Y eso es lo que tienen que seguir haciendo -dijo Martijn mirándolos con cariño.
El adolescente se acercó a Joan.
- Lo siento, señora Lambert. No debería haber venido conduciendo tan aprisa. Me han regalado el coche hoy y quería enseñárselo a mis amigos. No sé lo que habría hecho si le hubiera pasado algo a la niña.
Joan agarró a su hija de la mano.
- Por suerte no ha pasado nada. Te llamas Eddie, ¿verdad?
- Sí, señora. Eddie Dunnett.
- Bueno, has tenido suerte, Eddie. Por suerte, todos hemos aprendido algo sin haber sufrido una tragedia. Sarah no debería haber salido corriendo sin mirar y tú deberías recordar lo peligrosos que pueden ser los aparcamientos, sobre todo éste en verano.
- Sí señora -Eddie miró a Martijn-. Gracias, señor Garritsen. Muchas gracias.
- Me alegro de que todavía me queden algunos reflejos. Bueno, ¿estamos todos listos para tomar un helado? Yo invito.
- En ese caso me tomaré el de banana split gigante -dijo Deena con una sonrisa-. Iba a pedir el pequeño, pero si invita el caballero...
- De acuerdo, pero pienso contarle a Liam que te has aprovechado de mí.
Deena lanzó una carcajada.
- Has tenido suerte de que no esté aquí él, porque hubiera pedido el Terremoto.
- Si hubiera estado él, no habría invitado.
- Sarah y yo iremos enseguida -dijo Joan-. Joe, vete tú con los demás para poder hablar con Sarah en privado.
- Vamos, Joe -dijo Cindy estirando la mano.
A _____ siempre le había gustado la forma en que los miembros de su familia aceptaban la responsabilidad de todos los niños, no sólo de los propios. Un nieto de los Lambert tenía una buena cantidad de modelos adultos, y todos bastante buenos.
- Vamos, pequeña -dijo _____ ajustándose a Kimberly contra la cadera-. Me apetece uno de vainilla con gotas de chocolate.
- Ése es mi favorito -dijo Martijn acercándose a su lado para inclinarse y revolverle los rizos dorados a la niña-. ¿Cómo está Kimmy hoy?
- ¡Tío Martijn! Me estás despeinando.
- Pero si ya tienes el pelo despeinado de la piscina.
La niña se rió.
- Sí.
_____ se preguntó si Martin habría notado que le había rozado un seno al tocar a la niña y, de repente, le dio vergüenza llevar el pelo despeinado y los pantalones arrugados. Hasta unos días atrás, nunca se había preocupado de su aspecto delante de Martijn. Ahora hubiera deseado al menos haberse peinado.
- Todos estamos un poco despeinados hoy.
- Está bien -dijo Martijn acercándose a pellizcar a Kimmy en la nariz-. Me gusta que mis chicas estén despeinadas.
Esa vez, sí estuvo segura de que él también había notado que la había rozado. Martijn mantuvo abierta la puerta abierta para ella y su aroma masculino se le subió a la cabeza. Martin llevaba puesta una camiseta y vaqueros y estaba más sexy de lo que cualquier hombre tenía derecho a estar. _____ hizo un esfuerzo por que sus cuñadas no notaran su reacción a él.
- ¿O sea que te has tomado un descanso y te has escabullido del rancho para tomar un helado? ¡Vaya trabajo serio debes tener, Garritsen!
