En el coche podía notar la incomodidad que ambos teníamos ante nuestra situación. Aroa no paraba de mirar por la ventana, ni siquiera tarareaba algunas de las canciones que salían por la radio. Yo, en cambio, ni siquiera tocaba su mano o su muslo como estaba acostumbrado a hacer mientras conducía. El camino se me hizo más largo debido a esta situación, no escuchar su voz contándome sus anécdotas me entristecía bastante, o su voz al cantar. Echaba de menos nuestra típica conversación matutina o como nos preguntábamos uno al otro preguntas para el examen escuchando como el otro respondía. Llegamos después de diez largos minutos al parking de la universidad. Aparqué y nos bajamos del coche con rapidez. El frío se coló por mis huesos. Ambos nos colgamos las mochilas sobre los hombros.
—¿Tienes frío? —Le pregunté y ella asintió un poco al llegar a mi lado. Cerré el coche y abrí los brazos para que Aroa se refugiara en ellos. Caminó hasta mí y apoyó su cabeza en mi pecho y la rodeé con mis brazos.
—Gracias —susurró y me dedicó una pequeña sonrisa. Era el primer contacto corporal que habíamos tenido desde ayer por la tarde y ya me estaba sintiendo abandonado, éramos muy dependientes uno del otro.
—¿Ahora mejor? —Ella asintió un poco mientras caminábamos hasta la puerta. Ella cerró mi chaqueta para resguardarme del frío y sonreí ante su contacto.
Llegamos y una vez dentro sentimos la fuerte calefacción del edificio. Ella se separó de mí en cuanto dejé de rodearle los brazos. Caminamos uno al lado del otro por los pasillos, habíamos llegado unos diez minutos antes de la hora, por lo que no teníamos prisa por nada. Caminábamos en silencio hasta llegar a unos bancos cerca de las clases donde solíamos sentarnos y nunca solía pasar nadie.
—¿Aún tienes frío? —Pregunté preocupado y ella negó con la cabeza. Dejó la mochila a su lado y puso su mano sobre mi muslo.
—¿Esta tarde entrenas? —Preguntó con curiosidad mirándome a los ojos. Quité mi cara de sorpresa al ver su mano cariñosamente sobre mi muslo y la miré a los ojos. Moví la cabeza afirmando su pregunta.
—¿Por qué lo preguntas? —Ella encogió sus hombros y temía que actuara a la defensiva como en el desayuno.
—Quería saber cuándo volverías a casa —admitió medio en susurro. Apartó la mirada y volvió al rato a contactar con mis ojos de nuevo—. ¿Estás enfadado? —Preguntó preocupada y negué con la cabeza.
—A pesar de lo que dijiste ayer no me siento enfadado —no quería llenar más su mochila cargada de preocupaciones con mis enfados quería que fuera feliz.
—Deberías, me pasé un poco —añadió y bajé mi mano para colocarla sobre la suya. Tenía la mano un poco fría. Miró nuestras manos juntas y luego volvió a mirarme a los ojos.
—En realidad tienes razón con lo que dijiste ayer —admití mientras cerraba los ojos algo cansado. Abrí los ojos y tomé ambas de sus manos con las mías para proporcionarles calor—. Pero ya luego lo hablamos pequeña, no te preocupes —le dediqué una sonrisa de lado.
—¿Cómo puedes sonreír cuando te he tratado tan mal estos días? —Preguntó al borde de la locura. Los exámenes la sobrepasaban.
—Porque tú no eres de la forma que te has comportado estos días, por eso puedo sonreír aún —admití y ella abrió los ojos ante mi respuesta. Agachó la cabeza y pude ver como cerraba sus ojos. Solté sus manos suaves y algo calientes por mi culpa. Llevé mis manos a sus mejillas algo rosadas por el frío obligándola a mirarme a los ojos—. Luego lo hablamos, ¿te parece? Aún te queda un examen hoy y otro mañana, céntrate en eso —escuchó mis palabras y vi como sus ojos brillaban.
—¿Cuándo lo hablamos? —Preguntó con interés. Sonreí un poco para mostrarle algo de confianza.
—Cuando llegue del entrenamiento —zanjé y ella me miró atenta—. Ahora quiero que saques la mejor nota, te mando toda mi energía —susurré para que fuera como más íntimo, ella sonrió y el corazón me latió algo rápido al
verla de nuevo sonreír.
—Te lo agradezco mi bebé —dijo y sonreí al oír que me trataba cariñosamente. De alguna manera, con las pocas palabras que habíamos soltado, ella estaba algo más tranquila—. Dame un beso, ¿a qué esperas? —Bromeó y reí, ella rió un poco conmigo.
Me acerqué un poco a ella y junté nuestros labios en un pequeño beso poco duradero pero suficiente para despedirnos antes de ir a clase. Echaba de menos sus labios después de unos días tan raros entre nosotros, sentía que debíamos hablar profundamente para que las cosas cambiaran a bien en estos momentos de tensión. Sus labios seguían siendo dulces y perfectos. Después del beso, Aroa volvió a juntar nuestros labios en un pequeño beso y me abrazó por el cuello. Olía a esa colonia de vainilla que solía ponerse, mezclado con el olor a fresa de su champú. Tenía la sensación de que no era el único que había echado de menos el contacto de nuestros cuerpos.
—Es hora de ir a clase —indiqué mientras miraba la hora en mi reloj. Ambos nos levantamos del banco y nos colgamos nuestras mochilas sobre nuestros hombros. Volvimos a los pasillos hablando de vez en cuando hasta llegar a donde nuestros caminos tenían que separarse.
—Luego te veo, suerte en clase Yuu —me deseó y me dio un abrazo rápido. Toqué su pelo mientras me abrazaba.
—Suerte en el examen, recuerda que te lo sabes perfectamente —le animé y ella sonrió un poco mientras se separaba de mí.
Una vez nos despedimos, cada uno puso rumbo a su clase.
—¡Nishinoya! —Exclamó Hiro Hiroko, un compañero de mi clase con el que tenía bastante confianza. Se acercó hasta mí y paré en seco al verle—. Al parecer el profesor acaba de avisar por la web que no va a llegar a la clase, que está en un atasco ya que por donde vive está nevando —me informó y le escuché atento—. ¿Te apetece hacer algo hasta la próxima hora? —Preguntó con interés.
En cuanto fui a responderle mi móvil comenzó a vibrar en mi bolsillo.
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Volando || Nishinoya Yuu
FanfictionDiferentes épocas, nuevos cambios, momentos viejos de la vida, ¿vamos a quedarnos siempre juntos? ¿Vas a quedarte siempre junto a mí? ➳Secuela de Aprendiendo a volar. ‣Historia completamente escrita por mí, toda adaptación y copia...
