Capítulo 14.

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KURT.

  Sus palabras me cerraron la boca unos cinco segundos. Le suelto el codo.

 —Creo que ahora mismo lo tuyo es ligeramente más importante que lo mío—opino.

 —¿De veras? —pregunta—. ¿Que quieras ir por ahí solo en un autobús sin saber adónde coño vas y arriesgando tu vida no te parece que pueda ser tan importante? Parece enfadado. Sé que lo está,pero tiene mucho que ver, si no todo,con que su padre se esté muriendo arriba y no sepa cómo dejarlo marchar. Lo siento por él, siento que lo hayan educado en la creencia de que no se pueden mostrar las emociones necesarias en una situación así, pues eso hará que sea menos hombre.Yo tampoco puedo exteriorizar emociones, pero a mí no me educaron así, a mí me vino impuesto.

 —¿Tú lloras? —quiero saber—.¿Por otras cosas? ¿Has llorado alguna vez?

 Él se burla.—Claro. Todo el mundo llora alguna vez, hasta los tiarrones como yo.

 —Vale, cuéntame una. No tienes que pensarlo mucho. 

—Una... película me hizo llorar una vez.Pero de pronto parece cortado, es posible que se arrepienta de haber dado esa respuesta. 

—¿Qué película?

 No puede mirarme a la cara. Noto que el humor se distiende, a pesar de lo que ha creado la tensión.

 —¿Importa algo? —pregunta.Sonrío y me acerco a él.

 —Bah, venga, tú dímelo... ¿Qué?,¿acaso crees que me voy a reír de ti y llamarte nenaza?- Sonríe un tanto a pesar de que está rojo de la vergüenza.

 —El diario de Noa —responde, tan bajo que casi ni lo oigo. 

—¿Has dicho El diario de Noa?

 —¡Sí! Lloré con El diario de Noa, ¿vale?Me da la espalda y procuro con todas mis fuerzas no reírme. 

No creo que tenga gracia que llorara viendo El diario de Noa; lo gracioso es su reacción, de humillación, al admitirlo.Finalmente me río. No puedo evitarlo, se me escapa sin más. Blaine se vuelve sobre sus talones con los ojos abiertos a más no poder y durante un segundo me lanza una mirada asesina. Chillo cuando me agarra, lo hace como si fuera un saco de patatas y sale por la puerta del hospital.Me río de tal modo que se me saltan las lágrimas. Lágrimas de risa, no las que dejé de derramar después de que Seb muriera. 

—¡Bájame! —le aporreo la espalda con los puños.

 —Dijiste que no te reirías.— El hecho de que lo diga hace que me ría aún con más ganas. A carcajada limpia, dejando escapar unos ruiditos extraños que no sabía que podía hacer.

 —Por favor, Blaine, bájame. —Le clavo los dedos en la espalda a través de la camiseta.Finalmente noto que mis pies tocan el hormigón. Lo miro y dejo de reírme porque quiero que me hable. No puedo permitir que deje a su padre.Pero él habla primero: 

—Lo que pasa es que no puedo llorar con él ni por él, como ya te he dicho.

 Le toco el brazo con suavidad.—Pues no llores, pero al menos quédate. 

—No voy a quedarme, Kurt. 

Me mira profundamente a los ojos, y sólo por su forma de mirarme sé que no podré hacerlo cambiar de opinión. 

Nadie como tú.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora