Me despierto después de que haya oscurecido, cuando Blaine reduce la velocidad al pasar por un peaje. No sé cuánto he dormido, pero la sensación es de haberlo hecho toda la noche, a pesar de estar aovillado en el rincón del asiento con la cabeza contra la puerta.Debería intentar masajearme un par de músculos tensos, como cuando iba en el autobús, pero me siento bien.
—¿Dónde estamos? —pregunto mientras me tapo la boca con la manopara ocultar el bostezo.
—En Wellington, Kansas, en mitad de ninguna parte —responde—. Has Dormido un buen rato.
Me desperezo del todo y dejo que los ojos y el cuerpo terminen de despertar. Blaine se mete por otra carretera.—Supongo que sí, mejor de lo quedormí en el bus desde Carolina del Norte hasta Wyoming.Miro las resplandecientes letras azules del equipo de música del coche:las 22.14. Suena una canción, el volumen bajo. Me recuerda a cuando lo conocí en el autobús. Sonrío para mis adentros, me da que se aseguró de bajar el volumen en el coche mientras yo dormía.
—¿Y tú? —me intereso volviéndome para mirarlo; la oscuridad le sume parte de la cara en la sombra—.Me siento raro diciéndotelo, porque es el coche de tu padre, pero si quieres puedo conducir yo.
—Pues no te sientas raro —repone—, sólo es un coche. Una joya antigua por la que mi padre sería capaz de colgarte de un ventilador si se enterara de que la has conducido, pero yo no tendría ningún problema en que lo hicieras.Hasta en la sombra veo que la parte derecha de su boca dibuja una sonrisa traviesa.
—Bueno, ya no estoy muy seguro de querer hacerlo.
—Se muere, ¿te acuerdas? ¿Qué iba a hacer?
—No tiene gracia, Blaine.
Él lo sabe. Soy plenamente consciente del juego al que está jugando consigo mismo, siempre buscando algo que lo ayude a lidiar con lo que está pasando, pero sin conseguirlo. Me pregunto cuánto más podrá seguir así.Las bromas desafortunadas se acabara agotando, y no sabrá qué hacer.
—Pararemos en el próximo motel —informa mientras entra en otra carretera—. Dormiré un poco.Me mira de reojo.—En habitaciones distintas, por supuesto.
Me alegro de que haya liquidado esa parte tan de prisa. Puede que esté cruzando Estados Unidos a solas con él y no sea la mejor idea, pero no creo que además pueda compartir habitación con el.—Muy bien —apruebo, y estiro los brazos delante con los dedos entrelazados—. Necesito darme una ducha y cepillarme los dientes durante una hora seguida.
—Ahí sí que no tengo nada que objetar —bromea.
—Oye, que a ti tampoco es que te huela el aliento a rosas.
—Lo sé —reconoce, se lleva una mano ante la boca y echa el aliento—.Es como si me hubiera comido el guiso de mierda que prepara mi tía todos los años por Acción de Gracias.
Suelto una risotada.—Mala elección de palabras —apunto—. ¿Guiso de mierda? ¿En serio?—Lo pienso un instante y noto una arcada. Blaine también se ríe.
—Pues podría serlo perfectamente.Quiero a mi tía Deana, pero desde luego lo suyo no es la cocina.
—Me recuerda a mi madre.
—Debe de ser una mierda —comenta mirándome de reojo—. Criarte a base de fideos y comida de microondas.Sacudo la cabeza.
—No, aprendí a cocinar. No como comida basura, ¿recuerdas?
La tenue luz gris de las farolas de la calle ilumina el rostro risueño de Blaine.—Ya, es verdad —contesta—, nada de hamburguesas sangrientas ni patatas fritas grasosas para Miss Tortitas de Arroz.
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Nadie como tú.
RomanceKurt tiene veinte años. Ahora que ha acabado sus estudios, está a punto de entrar en una nueva etapa de su vida. Le espera un trabajo, la ciudad y compartir piso con su mejor amiga Rachel. A veces duda de que esto sea lo que realmente quiere hacer...
